Un equipo para la historia

Las alevines del Racing ganan una Liga en la que son el único conjunto femenino | Además de los rivales, las niñas tienen que lidiar con descalificaciones puntuales que sobre todo proceden de la grada

Las alevines del Racing, que entrenan tres días a la semana, jugarán la próxima temporada en la categoría infantil. En la práctica, la última frontera en la que competir con equipos masculinos. A los 15 años, serán jugadoras sénior. / María Gil Lastra
Marco García Vidart
MARCO GARCÍA VIDARTSantander

La tarde cae poco a poco en el campo que la Federación Cántabra tiene en Parayas. Al aproximarse, gente jugando al fútbol. En una parte del 'prao', nueve personas hacen dominios con el balón, pases, controles con la cabeza. Sus nueve uniformes refulgentes del Racing revelan que la tarde es algo especial para ellas. Y no por el hecho de que esas personas que demuestran buenas maneras con el balón sean niñas. Por suerte, desde hace algunos años ya no es tanta noticia que una niña juegue al fútbol. Pero sí lo es que un equipo femenino gane una Liga en la que los demás equipos son de chicos. El conjunto alevín del Racing, que milita en el grupo E de Tercera de fútbol 7, ha conseguido lo impensable. Lo que hasta ahora nadie ha hecho en Cantabria. Son el primer equipo de niñas que se lleva una Liga en la que sus otros 14 rivales son conjuntos masculinos. Sus cifras no dejan lugar a dudas. Con un partido aún por delante –el de este próximo fin de semana– 25 partidos ganados, un empate y una sola derrota. Sólo el Calasanz (4-2) consiguió doblegar a las verdiblancas. Son el mejor ataque (240 goles) y la mejor defensa (41) de todo el campeonato. Y una de sus jugadoras, Naiara Ordax, ha anotado la friolera de 88 goles en 24 partidos.

Las niñas, con edades entre los 10 y los 11 años, se lo pasan en grande para la sesión de fotos y vídeo. Su entrenadora, Silvia Martínez (Santander, 1985) las mira con un orgullo indisimulado. «Es la primera vez que esto ocurre en Cantabria. Y en España, creo que sólo ha pasado cuatro o cinco veces». A sus 32 años, Silvia es la capitana del Racing de Segunda Femenina. Y reconoce que a principio de curso era algo impensable hacerse con el campeonato. «Nuestro objetivo es el de formar a las niñas como personas y como jugadoras. Pero a medida que pasaba la temporada... En enero ya vimos que teníamos un colchón de puntos importante y que podía ser». En la jornada 27 llegó la confirmación con el triunfo ante el Guarnizo B. Eran campeonas de Liga.

El secreto para un logro histórico es de lo más simple. «Que somos una piña. La unidad del equipo». Andrea Fernández, Ana Barrio, Julia Ceballos, Ángela Blázquez, Naiara Ordax, Lucía Iglesias, Ángela García, Paola Terán y Claudia González responden como si fuesen una sola. Tan solo Valentina Lucumi no ha podido estar en esta sesión de entrenamiento junto a sus nueve compañeras. «Somos un equipo de amigas. Y a la gente que ha venido nueva se la ha acogido como si llevara tiempo». Ese grupo de amigas sólo ha perdido un partido. «Es que el campo del Calasanz es muy pequeño. La mitad que el nuestro, el de las Instalaciones Nando Yosu».

El equipo en bloque pasará la temporada que viene a la categoría infantil. En la práctica, la última frontera para un hito como el que han logrado. «Hasta infantiles sería viable. Pero ya en cadetes, los chicos están muy desarrollados. Si ya en infantil de segundo año ya se nota, imagínate en cadete. Infantil es la frontera», comenta la entrenadora. Hasta los 15 años, una niña puede competir en un equipo femenino o en uno mixto. A partir de esa edad, se la considera una jugadora de categoría sénior. «En el Racing de Segunda División hay niñas con esos 15 años. Y yo tengo 32».

Descalificaciones

En la temporada ha habido, en ocasiones puntuales, un rival que no debiera existir desde hace mucho tiempo. Porque sigue habiendo personas que se toman «bastante mal» que unas niñas ganen a unos niños jugando al fútbol. Las nueve racinguistas comienzan un relato que hiela la sangre. «A veces hay patadas a destiempo, insultos, empujones...». Eso en el campo. Pero lo peor está fuera. «Tenemos que aguantar los comentarios de los padres. Y sobre todo de las madres, que son las peores», apuntan todas a coro. «De lo último que nos han dicho: 'dejádlas, dejádlas, que se estarán cambiando la compresa'», afirma una. «A veces te dan ganas de contestar», añade otra jugadora. En esto, del grupo sale una voz serena que de nuevo habla por todas. «Pero no respondemos por respeto al niño que tenemos delante, por respeto a esa persona que nos insulta y por respeto a este escudo que llevamos en la camiseta. Hay que dar una buena imagen del club». Las campeonas en el fútbol son, sobre todo, unas señoritas con muchísima más educación y clase que algún energúmeno –y energúmena– que hay en la grada.

«Son situaciones esporádicas. Puntuales. Aunque ojalá no las hubiera». Silvia Martínez sabe muy bien de lo que hablan sus pequeñas. «Soy la primera mujer federada en fútbol de Cantabria», reconoce. En todos estos años ha tenido que aguantar «más de un comentario». Alguna de sus niñas a veces no puede más. «'Pin' –a veces me llaman así–, me están insultando', me dicen desde el campo. Y yo les contesto que ya saben lo que hay que hacer, ganarles en la jugada siguiente. Donde les mandamos callar es en el 'verde'. Y ellas lo demuestran. Como todas las futbolistas de España». A pesar de esas barbaridades que ocasionalmente tienen que oír, las niñas no son partidarias de que los partidos se jueguen a puerta cerrada. «Nuestros padres y madres también están en la grada. Y eso nos da confianza». Esos mismos progenitores que «se tomaron bien» cuando sus hijas les dijeron que querían jugar al fútbol. «Pero a aquellos que son problemáticos se les podría expulsar».

Esos comentarios no logran hacer mella en este equipo ya para la historia del fútbol cántabro. Por un lado, porque «tienen interiorizados esos valores de respeto. Y por otro, porque están viviendo un sueño», añade Silvia Martínez. «Su ilusión es jugar, divertirse y tener un balón en los pies». Esa ilusión es, a juicio de su entrenadora, la clave del éxito de este grupo. «No se puede cuantificar. Disfrutan con una sonrisa de cada entrenamiento, de cada partido. Saben que son pocas en la región y por eso se ilusionan más». Entrenarlas –hora y media por sesión, tres días a la semana– no puede ser más fácil. «Les pides cada vez más y nunca recibes un 'no' por respuesta. Te dan todo».

Silvia es, a la vez que entrenadora, un espejo en el que mirarse para las pequeñas. «A mí y a mis compañeras nos ven como un referente de lo que quieren ser». Por suerte, las opciones del fútbol femenino en la región van aumentando. Tres equipos en Segunda –la próxima temporada Racing, Monte y Oceja–, la Regional Preferente Femenina... Aunque por el momento sólo Racing y Monte tienen equipos femeninos de base, «para la próxima temporada ya hay más clubes que quieren formar conjuntos de niñas en estas categorías».

Iniesta, Sergio Ramos, Marco Asensio... Pero también «Amanda Sampedro, Patri Padilla, Silvia, Athenea...». Las pequeñas alevines del Racing reparten admiración por igual entre hombres y mujeres en esto del fútbol. Aún pasarán muchos años para que esos nombres de mujer sean igual de conocidos que los de los chicos en el planeta fútbol. Quizá alguno sea el de una integrante del Racing Féminas A. El equipo alevín que en la temporada 2017-2018 hizo historia en el fútbol cántabro. 

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