Una final con puntos suspensivos

La plantilla al completo, con Carlos Pouso al frente, se conjuró ayer en el último entrenamiento en La Albericia./Javier Cotera
La plantilla al completo, con Carlos Pouso al frente, se conjuró ayer en el último entrenamiento en La Albericia. / Javier Cotera

Un triunfo mantiene las aspiraciones de meterse en el play off con una jornada por delante. La derrota y el empate le dejan casi fuera

Marcos Menocal
MARCOS MENOCALSantander

«Lo malo es cuando al punto final de los finales no le siguen dos puntos suspensivos». El cantautor de nariz afilada -tanto como su poesía- bombín cómico y alas en los pies no pudo explicarlo mejor. Joaquín Sabina le dedicó estos versos a la pasión, pero le van que ni pintados al devenir del Racing esta tarde en San Sebastián. La de hoy es una final en toda regla a pesar de que no sea el último partido. Lo de la Real Sociedad B y el Racing (Zubieta, 18.00 horas) es si cabe mucho más caprichoso porque no tiene solución de continuidad para el que la pierda y, sin embargo, tampoco toca el cielo el que la gane. Se trata de seguir vivo -que no es poco- y prolongar las obligaciones una jornada más o morder el polvo. En román paladino, que la final de hoy no sea un final sino un principio de algo que debe acabar bien.

Prohibido perder; ni el Racing ni la Real -almas gemelas- pueden permitirse caer si quieren mantener intactas las aspiraciones de clasificarse para el play off la semana que viene en la última jornada. Al que le tiemblen las piernas que baile claqué en casa. Un empate le daría ventaja a los vascos y una derrota racinguista les dejaría a las puertas del infierno. A Pouso se le emborronó la libreta esta semana; bien por el sudor del trabajo bien por las lágrimas de no tener resuelta la papeleta a dos jornadas para el final o bien por las lesiones: Sergio Ruiz (rotura de fibras) y Borja Lázaro (fiebre). Dos de sus preferidos fuera de combate que se sumaron a la ausencia de Antonio Tomás, su otro ojito derecho. Lejos de lamentarse y de expresar una excusa a destiempo, el entrenador del Racing optará hoy por hacerse aún más fuerte. Para ello se blindará tras una defensa compuesta por Gándara, Juan Gutiérrez, Gonzalo y Julen Castañeda, que a su vez se parapetarán bajo una línea de tres hombres formada por Jerín, Quique Rivero y Borja Granero. Siete hombres con una misma misión: no encajar un gol.

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Ahora bien, al Racing -mal estudiante- no le da con no perder, necesita ganar y para ello debe marcarle a un equipo que ha recibido un solo gol en su estadio en toda la segunda vuelta. Uno, ni más ni menos. Para esa comprometida obligación, Pouso ha reclutado a Óscar, Aquino y Héber Pena. Este es el esquema que tiene en la cabeza, pero no es el único y el vasco es capaz de cambiarle en el túnel de vestuarios. Las urgencias y las sorpresas han obligado al técnico a improvisar sobre la marcha, un síntoma que arroja incertidumbre ante un partido sin recambio. Que si dos pivotes, que si tres, que si un punta, que si dos...

Sea como fuere, Pouso ha buscado una vez más el pragmatismo más absoluto; su equipo ha ganado tres partidos fuera de El Sardinero en toda la Liga y está obligado a ganar el último ante un equipo que tiene siempre el balón y no recibe goles. Pues bien, ha preparado un equipo con músculo, mucho orden y paciencia y que sean los errores de la Real los que condenen a los donostiarras. Órdago a la necesidad. El Racing saltará hoy al césped de Zubieta convencido de que a igualdad de obligaciones, su rival pecará antes. «No le intentaremos discutir la posesión, pero tampoco le daremos el balón y nos echaremos a esperar», sentenció el director de orquesta racinguista. ¿Estrategia arriesgada? A sus pocas ganas de jugar con dos delanteros le vino a apoyar la fiebre de Lázaro. El madrileño ha marcado ocho goles en doce partidos y aún así hoy su papel estaba predestinado al de un actor secundario. Sin embargo, se le echará de menos en los títulos de crédito. Su presencia era la mejor intimidación para un rival que sólo mira hacia delante.

Y si la mala suerte se encargó de borrar de la lista al pichichi, el azar le ha devuelto la sonrisa a Granero del que Pouso echará mano por exigencias del guión de esta película sin segundas partes. Puestos a buscarle porqués a Gándara lo quiere para que tape la banda mejor que Gurdiel; a Óscar y a Héber Pena para que ayuden a Dani Aquino, a quien se le pide que sea el futbolista determinante del que todo el mundo habla. Se lo piden los 400 aficionados que hoy llenarán buena parte del estadio guipuzcoano, los incontables racinguistas que se comerán las uñas en casa colgados de internet y las entrañas de un club que sangra con sólo pensar en que al filo de las 20.00 horas ya no haya puntos suspensivos en los que soñar.

No es tiempo ahora de buscar culpables a esta agonía que el Athletic de Bilbao B se encargó ayer de aumentar al sumar su esperado triunfo ante el Osasuna B (0-3) y colocar al Racing quinto en una clasificación de lo más apretada tras el empate a uno del Mirandés en casa del Arenas. Para eso, ya habrá tiempo. Ahora se trata de que el bloque defensivo cuya columna vertebral se sustenta en un Crespo inmaculado; Gonzalo mejor que nunca; Jerín madurando de golpe y Aquino de protagonista -en su salsa- sea suficiente para vencer a un filial con el que nadie contaba. Un equipo de chavales al que todo le sabe a poco y en el que no hay nadie que destaque. No tiene un goleador porque el gol se reparte y de ahí que Muguruza, Calvillo, Capilla y Merquelanz lleven todos cinco goles. Es de los cinco aspirantes a play off el conjunto que menos goles marca, pero también el que menos encaja. Juega en casa y no le intimida el Racing, porque el conjunto cántabro se ha dejado arrebatar la vitola de favorito con tanta irregularidad. El aficionado racinguista se ha vuelto pobre hasta para pedir y por eso le sirve con seguir siendo cuarto al término de la jornada. Por ser el peor de los buenos. Qué más da si eso le mantiene vivo después de más de un lustro con la alegría hipotecada.

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