Fútbol | Racing

El fracaso más absoluto

El fracaso más absoluto
Miguel de las Cuevas

El Racing cae con una deplorable imagen y necesita un milagro para entrar en la fase de ascenso

ASER FALAGÁNSantander

El día en que lo iban a matar, el peor Racing de la historia se había levantado a las ocho de la mañana para coger el autobús que le mandaba a Zubieta. Había soñado que por fin ganaba un partido fuera, y por un instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de fracaso. El Racing perdió ayer otra vez: 3-0 en Zubieta tras ofrecer una pésima imagen y sin ofrecer siquiera la más mínima sensación de ser capaz de reaccionar. Las jóvenes promesas realistas hicieron lo mismo que ya habían hecho los del Athletic: golearlo. Y por idéntico resultado. Con la única excepción de Anduva, donde ganó 0-1, cada vez que el Racing se ha enfrentado a un adversario directo ha perdido o, en el mejor de los casos empatado. Y dando una pésima imagen. Ayer no fue la excepción.

Por no haber, no hubo ni explicaciones. El presidente no quiso hablar. Cuando se le preguntó por su dimisión el jefe de prensa interceptó la pregunta al vuelo. Tampoco el vicepresidente. Ni los capitanes. Los elegidos para hablar ante la prensa fueron el veterano pero recién llegado Gonzalo de la Fuente y un joven canterano como Miguel Gándara. Ningún capitán dio la cara. Entre la directiva, solo el presidente honorario, Tuto Sañudo, que no tiene funciones ejecutivas, y la consejera del área social, Miriam Peña. La única que hizo pública autocrítica, aunque Higuera ya había tenido su sesión en el vestuario.

Los verdiblancos volvieron a quedarse inéditos fuera de los Campos de Sport y a esto del fútbol es imposible ganar sin marcar goles. Y sin ganar es imposible sumar puntos, al menos de tres en tres. Y el silogismo termina con el Racing condenado a esperar un milagro para no jugar otra temporada más –y serán ya cuatro– en Segunda B. Un milagro con forma de carambola, porque necesita ganar en la última jornada al Real Unión (sábado a las 18.00 en los Campos de Sport) y que el Athletic B pierda ante un Tudelano al que ya no le va nada en el envite.

El último asalto

Mirandés (73)
Goal average con el Racing: Empatado | Goal average general: 52/33 | Último partido: Mirandés-Gernika
Sporting B (72)
Goal average con el Racing: Ganado | Goal average general: 58/34 | Último partido: Sporting B-Arenas
Real Sociedad B (71)
Goal average con el Racing: Ganado | Goal average general: 46/23 | Último partido: Peña Sport-Real B
Atlethic B (70)
Goal average con el Racing: Ganado | Goal average general: 65/27 | Último partido: Athletic B-Tudelano
Racing (68)
Goal average particular: - | Goal average general: 44/31 | Último partido: Racing-Real Unión

Si los cántabros cayeron -otra vez– fulminados ante –otra vez– un filial es sencillamente porque el Racing está muerto. Tenía muchos achaques, muchos males cada vez más extendidos, y a las seis de la tarde sufrió un fallo multiorgánico en Zubieta. Dos puntillas realistas —y de realismo– le provocaron una parada cardiorrespiratoria, que al final es de lo que se muere uno. Solo queda una maniobra de resucitación con muy pocas probabilidades de éxito.

Suelo histórico

Los verdiblancos ya no pueden ser campeones, segundo ni terceros. Solo cuartos. Y tienen muy pocas probabilidades, incluso matemáticas. Y dejan la sensación de una constante pendiente descendente; de haber llegado muerto al final de temporada. Y sin ideas. Si el fútbol se apiada de él y el sábado se produce el prodigio harán falta otros tres: los necesarios para que los cántabros superen las tres eliminatorias que tendrían que afrontar los de Pouso.

La temporada 2017-2018 es ya oficialmente la peor de la centenaria historia del Racing. De su siglo y un lustro de vida y de las 87 temporadas que se han disputado desde que en febrero de 1929 arrancó la Liga. Nunca el Racing lo había hecho peor. Las pocas veces que había jugado en la tercera categoría, se llamara como se llamara (Tercera o Segunda B), siempre había terminado como campeón o subcampeón. Y casi siempre había ascendido. Pero hoy, a falta de una jornada para que termine la Liga, es quinto tras ofrecer una deplorable imagen en Zubieta y ni siquiera está en puesto de fase de ascenso.

Mientras espera el milagro, el Racing ha entrado ya en una triste convulsión, entre el desánimo, la impotencia y la indignación, según el estamento y el entorno. Manolo Higuera se encerró en el vestuario nada más concluir el desastre de Zubieta mientras los aficionados, los que no se habían marchado antes de terminar el partido, exigían responsabilidades. Carlos Pouso no negó el fracaso en rueda de prensa, pero se sintió acorralado. Se oyeron las palabras «mercenarios» y «dimisión» y todo en el Racing es ahora incertidumbre.

Todo menos su debilidad; su endeblez deportiva. La sensación de ser incapaz de ganar –e incluso de marcar– a domicilio y de que cualquier equipo con una mínima entidad es capaz de noquear a los cántabros en pocos minutos deja además una mínima confianza aun en el improbable caso de que los cachorros acusaran el mal de altura en Lezama y le dieran una nueva oportunidad a un Racing condenado que solo espera ya el indulto.

Y es que el entorno e incluso el propio equipo comprobaron ayer una vez más que con lo que ha ofrecido hasta ahora el equipo no es suficiente. Así lo dijo en su momento el presidente cuando tomó la difícil decisión de cambiar de entrenador. Así lo admitió después Carlos Pouso y así lo corroboró el lunes Julen Castañeda cuando señaló que «entrenando como hoy –por aquel día– la Real nos va a pasar por encima». Julen Castañeda demostró que es un profeta. Además de uno de los futbolistas del que desde el punto de vista matemático ya es el peor Racing que alguna vez hubo. Incluso de clasificarse para el play off lo haría como cuarto, un puesto inaudito para el Racing incluso después de la Era Okupa. Incluso cuando el 30 de enero, en plena liberación, el club parecía –lo estaba– al borde de la quiebra. La directiva evitó la disolución, pero en lo deportivo el equipo ha protagonizado una tendencia descendente de tres años que le ha llevado al borde de la inanición.

Tampoco la dirección deportiva supo fichar. Ni el cuerpo técnico apoyarla ni gestionar bien la plantilla. Ángel Viadero tenía malas sensaciones desde la sexta jornada y Carlos Pouso, lejos de mejorar la situación, la ha empeorado, con constantes cambios en la alineación y la táctica probando una y otra vez como quien trata de acertar a una piñata con los ojos vendados. Pero sin acertarla.

Responsabilidad clara

Hasta 27 futbolistas ha utilizado el Racing. Y esos 27 futbolistas han protagonizado la peor temporada de la historia de su equipo. Un quinto puesto provisional a falta de una jornada cuando el objetivo era ser campeón. Y la afición y el entorno, que ya pidieron la dimisión del presidente, de su directiva, del director deportivo y del entrenador, comienza a mirar al nuevo técnico, que ya lleva trece partidos y en medio de un naufragio histórico no hizo cambios en todo el primer tiempo, y en los futbolistas. Ya habían recibido varios toques de atención y ahora ya se les ve como lo que son: absolutos responsables de la situación. Los Campos de Sport dictarán el sábado sentencia antes de lo que todo apunta que sean unas prematuras vacaciones.

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