Gracias Manolo

Gracias Manolo
Javier Menéndez Llamazares
JAVIER MENÉNDEZ LLAMAZARES

La despedida de Manolo Higuera ha resultado dolorosa por doble motivo: por un lado, por el inapelable batacazo deportivo. La cuarta temporada en Segunda B es demasiado castigo para una afición que, aunque esté abonada al sufrimiento, siempre se sentirá de primera. Tal vez el fracaso le duela a él aún más que nadie, pero cuando uno mismo se fija objetivos ambiciosos luego es reo de sus propias palabras. Y la ley del fútbol es inexorable: o victoria, o muerte. Su renuncia, por cuestiones deportivas, resultaba inevitable.

Por otro lado, resulta aún más cruel porque Higuera era un hombre con una idea. Una idea fija: salvar al Racing. Y durante los últimos años ha consagrado su vida a ese empeño; incluso a tiempo completo en los tres precedentes.

Como gestor ha resultado íntegro y eficaz. Es de justicia reconocer que, si a fecha de hoy todavía existe el Racing, es buena medida se lo debemos a él y a su equipo, con Víctor Diego a la cabeza.

En este club, por desgracia, son incontables los casos de directivos que han entrado a llevarse lo que pudieran. Higuera, por el contrario, ha acabado poniendo. Dejándose la salud y su tiempo en el empeño. En este mundillo de vanidades, de engolamientos, de intereses, de comisiones y de bajezas morales, se agradece enormemente encontrar un presidente accesible para todos los aficionados, ajeno a vanidades, honesto con las cuentas y, sobre todo, profundamente racinguista.

Por eso duele tanto que los resultados deportivos hayan precipitado su salida: Higuera ha sido un buen presidente, al que sólo le ha faltado rematar su gran labor institucional con el regreso a las ligas profesionales. De haberlo logrado, estaríamos hablando de un presidente histórico, que figuraría por méritos propios junto a grandes figuras como Cossío o Valle.

Cuánto mejor hubiera sido un relevo pactado y no una dimisión, pero el fútbol y el Racing son así. Ojalá no le echemos de menos.

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