Juanjo y César firman tablas en su duelo

Antonio Tomás, Granero, Juanjo, Gonzalo y Pau Miguélez forman barrera delante de la portería racinguista en una falta lanzada por Kike Barja. /Javier Cotera
Antonio Tomás, Granero, Juanjo, Gonzalo y Pau Miguélez forman barrera delante de la portería racinguista en una falta lanzada por Kike Barja. / Javier Cotera

El deseo de dominar el juego aéreo fue la razón de su elección. La otra alternativa, César, entró en la segunda parte y fue decisivo de cara al gol Viadero apostó por el cántabro para cubrir la baja del lesionado Aquino , pero después el albaceteño marcó

Marcos Menocal
MARCOS MENOCALPamplona

Y entre tanto, Juanjo. Al cántabro le tocó en Tajonar la difícil misión de hacer olvidar al mejor, Aquino. Después de tres semanas de suplente, tras perder la titularidad y una vez que había empezado a digerir la necesidad de hacer más para mantenerse, regresó al 'prao'. Juanjo fue el primer sustituto del murciano -habrá más casi seguro- durante el tiempo que dure su retiro por lesión. Por galones y lógica era el señalado durante la semana, pero hasta que no se le vio en el campo nadie se atrevió a apostar. Juanjo es un futbolista al que sólo le indulta el gol; un delantero de esos que todos los entrenadores hablan bien de él, de los que enumeran varias virtudes de las que no se ven, sin embargo, ¡hay que ver lo que le cuesta brillar! Sólo destaca si marca y últimamente no tiene puntería. El partido en Pamplona fue un ejemplo más; se dejó caer entre líneas, jugó de espaldas con bastante solvencia y se fajó en el cuerpo a cuerpo con los centrales, pero eso a él no le viste. A ojos de los demás necesita el gol. Y eso que a Viadero le encantó. No es que el resto de delanteros sean capaces de mantenerse en el puesto sin ver portería, pero el de Ontaneda necesita anotar para poner el contador a cero.

Viadero apostó por él ante los rojillos, probablemente porque sabía que necesitaba presencia en las alturas. «La defensa del Osasuna Promesas va muy bien por alto», aseguró el entrenador racinguista. Blanco y en botella. La otra opción era César, todo lo contrario. Al manchego le caracteriza su velocidad y cambio de ritmo, pero decae en los duelos aéreos. César tan solo le había ganado una vez la partida con anterioridad, pero a pesar de ello nadie tenía claro quién sería el sustituto de Dani Aquino hasta que llegó el momento.

El partido

Juanjo aportó lo de siempre. No sorprendió a nadie; trabajó, peleó, discutió la posesión y siempre compitió en cada una de las disputas. Fijó a la defensa rival y no la dejó salir más de la cuenta. La sensación de peligro no fue muy alta, pero... Ser delantero en un Racing como el de ayer no deja de ser un trabajo repleto de obligaciones y más cuando el equipo se puso por detrás en el marcador. En un conjunto obligado a ganar siempre, ver cómo pasan los minutos sin tener una mísera ocasión puede sacar del partido a cualquiera, por muchos atributos que uno tenga. El efecto que Viadero quiso buscar con Juanjo nunca llegó, pero tampoco lo que esperaba que ofreciese Pau Miguélez. El ataque del equipo fue inofensivo y no importó la cantidad de centros que puso Óscar por la banda derecha. Agua.

Apuesta total

El Racing demostró lo que todo el mundo sabe y los primeros sus rivales: El equipo es otro sin Aquino. Es inferior, predecible y mucho más corto. Sin el murciano impone la mitad y eso se notó en Pamplona, donde el filial osasunista no se sintió intimidado en ningún momento por los delanteros del Racing. Óscar fue el futbolista que cogió el timón ofensivo, pero en solitario. Poco bagaje.`

Fue entonces cuando Viadero decidió cambiar un poco el guión que tenía preparado desde el jueves y dio entrada a César Díaz. El manchego pasó de ser la alternativa, el plan B a la puesta en escena inicial, a convertirse en el antídoto contra un muro al que apenas habían probado hasta entonces. El entrenador decidió apostar -como para no- y puso defensa de tres hombres con César como ariete. Bingo. La primera que tuvo, un balón muerto después de un rechace, lo agarró y lo mandó a la red. Fue el primer disparo a puerta en setenta minutos del Racing. Desde luego en puntería, el manchego se llevó todos los premios. A partir de entonces el equipo racinguista se atrevió; Juanjo se quedó de referencia y a sus costados se dejaron ver Miguélez y César. No contento el técnico con lo que veía decidió quemar las naves y dio entrada a Musy, el juvenil para el que a pesar de malo el partido de ayer será inolvidable por su debut. Lo emparejó con Juanjo, los dos más altos de Tajonar en punta para recibir. El mandato fue de primero de básica: Mandar balones arriba. Bingo. Una falta al borde del área, una pelota colgada suavecita y un remate con astucia de Antonio Tomás en el minuto noventa y gol. Nadie se lo creía en Pamplona. Dos goles de media ocasión.

Lo que se vio en el campo merece una reflexión por partes. La primera, Juanjo tiene una serie de argumentos que nunca se pueden comparar con los de Aquino. La segunda, a Viadero no se le da mal arriesgar. Debería hacerlo con más continuidad. La tercera, ayer probó todo lo que tenía de golpe: Badiola, Musy, Miguélez, César, Juanjo... Y la cuarta y quizás la más preocupante: No siempre que se va al bingo se canta dos veces.

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