EL MERCADO DE LA ESPERANZA

«Con las nuevas incorporaciones los dirigentes dicen que la plantilla ha quedado equilibrada. Lo que yo traduzco como que entonces ya no nos caemos. Equivocado una vez más»

Los jugadores del Racing en el último encuentro frente al Leioa./Celedonio Martínez
Los jugadores del Racing en el último encuentro frente al Leioa. / Celedonio Martínez
Santiago Gutiérrez Calle
SANTIAGO GUTIÉRREZ CALLE

Se llevaba desde hace unos meses anunciando a pito y tamboril la necesidad por parte de los dirigentes racinguistas de subsanar el bajo rendimiento que se ha producido de agosto hasta estos días de jugadores en los que se habían depositado muchas expectativas de éxito. Pero a la complejidad de esta Segunda B –de nuestros pecados– se le une la dificultad para traer jugadores que no quieren entrar en ella, y el ofrecimiento por parte del Racing de glorias pasadas, instalaciones y estructuras merecedoras de batallas con más épica y un proyecto claro en el fin, pero embarullado en la realización. La configuración de la plantilla dejaba un margen mínimo –dadas las preferencias de los administradores–, por los jugadores mayores de veintitrés años, que parece claro que de esa edad, da a los dirigentes un margen de más confianza para conseguir el objetivo. El recurso de rescindir o buscar salida se encontró con la contradicción de denegar la salida a los que se querían ir, aunque no jugasen. Y quedarse con los que querían que se fuesen, porque había pocos euros para rescindirlos.

Cerrado el mercado futbolístico de invierno, se acabaron las especulaciones. El Racing una vez más ha tenido que recurrir al mercado de la esperanza, o, a ese que tanto gusta que hace oscurecer a lo ya conocido. El de la novedad. Ese que nos hace fijarnos en todos los mecanismos de los nuevos para que las ensoñaciones de la totalidad tomen forma real. Con las nuevas incorporaciones los dirigentes dicen que la plantilla ha quedado equilibrada. Lo que yo traduzco como que entonces ya no nos caemos. Equivocado una vez más. Porque aunque a Córcoles se le ha rescindido, Javi Cobo, que andaba desaparecido, aparece en un sitio extraño. Y lo fundamental. Otros jugadores todavía siguen sin comparecer. Nos ha llevado a la situación –después de lo que se iba fraguando–- y visto y oído el domingo en los Campos de Sport ante el Leioa a recurrir a un clásico del fútbol –esto no lo cambia ninguna modernidad– a volver abrir el mercado de invierno, esta vez para reemplazar a Ángel Viadero Odriozola –aquel niño de Canalejas que llevó a la práctica, a base de muchos sacrificios y trabajo, la realización de su sueño de entrenar al equipo de su ciudad, al de su vida– ya que la ley del futbol en estos casos, en el que no acababa de plasmar lo que él quería, es implacable.

Los dirigentes, con la esperanza de cambiar –haciendo un nuevo extraordinario en el mercado– la dinámica en la que el equipo se está metiendo han consumado este nuevo capítulo en la historia del Racing. Sera Carlos Pouso el que consiga el ascenso, que, como dice Pepe Barros en estas situaciones: «El Racing está por encima de las personas». Pero quisiera equivocarme, porque tengo la sensación de que esto viene mal elaborado desde la confección de la plantilla, donde muchos componentes no aportan más que entusiasmo, por momentos, que no es suficiente para componer un equipo fiable con tal fin.

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