El partido de la gripe española

En 1918, el Racing participó en un festival benéfico contra la epidemia en Cantabria

Raúl Gómez Samperio
RAÚL GÓMEZ SAMPERIO

Camino de Guernica, el pensamiento se me enfría a pesar de los calores de agosto. Porque la Segunda B puede ser una gripe, o al menos una especie de dolencia integral que debilita a todo el organismo deportivo y le hace vulnerable frente a los patógenos que le asedian. Quizás no haya tos, ni fiebre, ni dolores de cabeza o de garganta, pero una permanencia elevada en este estado puede ser demasiado peligrosa para la salud, por muy resistente y sólida que sea la moral al abrigo de las bufandas racinguistas.

En 1918, cuando la Gran Guerra estaba dando los últimos coletazos en Europa tras dejar aproximadamente diez millones de víctimas, se estaba gestando otro gran conflicto bélico contra un virus que mataría entre 50 y 100 millones de personas en todo el mundo. Fue una pandemia que, sin saber demasiado el motivo, se llamó ‘gripe española’, aunque no se originó en nuestro país (el primer afectado se localizó en Estados Unidos durante la primavera). En España morirían unas 100.000 personas por esa causa.

El maldito virus llegaría a Cantabria a finales de agosto, aunque la epidemia se confirmaría en septiembre. Fue un joven seminarista de Burgos quien la trajo al Seminario Pontificio de Comillas, localidad donde se registraron los primeros 46 casos. Para evitar la propagación, las autoridades sanitarias decretaron el cierre de cines y teatros, establecieron estaciones sanitarias para reconocer a los viajeros que llegaban a la provincia y se aisló a los enfermos, trasladando a los más graves a los centros hospitalarios.

Equipo racinguista que sufrió la gripe española en 1918; de izquierda a derecha, Daniel, Prieto, Rivadeo, Madrazo, Ortir, Torre, Álvarez, José Agüero, Tomás Agüero, Lavín, Pacomio y Campuzano.
Equipo racinguista que sufrió la gripe española en 1918; de izquierda a derecha, Daniel, Prieto, Rivadeo, Madrazo, Ortir, Torre, Álvarez, José Agüero, Tomás Agüero, Lavín, Pacomio y Campuzano. / DM

Uno de los afectados sería el jugador racinguista Fernando Torre, circunstancia que inquietaría a toda la familia del conjunto santanderino que seguiría con mucha preocupación el desarrollo de su estado de salud. Afortunadamente, Torre se repondría del contagio, pero la sensibilidad del club por ese grave problema le llevó a colaborar en la organización de un festival benéfico contra la epidemia que se celebró el 27 de octubre de 1918 en los Campos de Sport. El festival incluyó en primer lugar un partido denominado de la concordia, porque a partir de las 14.30 horas enfrentaba al campeón de la Serie B de la Federación Regional Norte, el Club Siempre Adelante, el equipo del Club de los Exploradores, contra el Esperanza F. C., otro conjunto santanderino que mantenía una intensa rivalidad con su oponente, a veces incluso fuera de los terrenos de juego. Posteriormente, se celebró el partido entre el Racing y una selección de jugadores procedentes del Club Deportivo Cantabria y el Barreda Sport. Con la colaboración de las señoritas Lucrecia Agüero (hermana de los jugadores racinguistas José y Tomás) y de Teresa Breñosa, se pudieron agotar las entradas de la tribuna al precio de 2 pesetas cada una, además de las sillas (2 pesetas), la general (0,75 pesetas) y medias entradas (0,30 pesetas), logrando un verdadero éxito en la recaudación que estuvo apoyada por donativos de conocidas familias de la ciudad y por los propios socios del Racing. Aquel éxito económico no se correspondió con el espectáculo deportivo, porque hubo demasiada dureza en el partido entre el Racing y sus rivales que terminaría con el triunfo de los organizadores del festival por cinco a tres. La gripe continuaría atacando la salud de los cántabros, aunque no se mostraría tan agresiva como en otras provincias españolas. Las medidas adoptadas y las murallas naturales que dicen que formaron la Cordillera Cantábrica y el mar atenuaron el balance de víctimas, aunque en los primeros días de noviembre, la Federación Regional Norte, a petición del Racing, acordó aplazar la celebración de los partidos de campeonato en atención a que la epidemia había causado varias bajas entre sus futbolistas.

Camino de Guernica, el pensamiento se me enfría a pesar de los calores de agosto. Sé muy bien que la Segunda B nunca será una gripe, ni causará tantos estragos como aquella maldición de 1918, pero debilita al club y le hace vulnerable frente a los patógenos que le asedian, que sigue habiéndolos aunque estén de vacaciones. Sólo las victorias son capaces de inmunizarnos ante cualquier contagio, como vacunas que hacen más resistente y sólida nuestra salud deportiva, al abrigo de las bufandas racinguistas, camino de Guernica.

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