El 'pousismo' no es lo que era

Carlos Pouso, en tres momentos del partido./Javier Cotera
Carlos Pouso, en tres momentos del partido. / Javier Cotera

Ya sin Ángel Viadero en el banquillo, el Racing apuesta por su versión más conservadora ante la modesta Peña Sport y acaba empatando en Tafalla

Aser Falagán
ASER FALAGÁNTafalla

Un espectro recorre Cantabria. El espectro del 'sufringuismo'. Todas las fuerzas del viejo racinguismo se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: Higuera y Pachín, Viadero y Pouso, los hinchas de la Gradona y los puretas de tribuna. Pero nada. El 'pousismo' aspiraba a rescatar el orgullo verdiblanco, pero un hombre solo no puede nada si no tiene la compañía adecuada. Para hacer la revolución, la evolución o lo que sea. Y ya no cabe mirar al banquillo en busca de culpables.

El 'pousismo', esa voz aún no recogida por la RAE, no funciona igual a una y otra orilla del Ebro, pero el leiotarra es el mismo tipo que logró que en Logroño acuñaran bufandas con su doctrina, de modo que el problema se atisba mayor. Defenestrado Viadero, un tipo de la casa que lo intentó todo y con el que el fútbol no fue nada justo, a un racinguismo ansioso de alegrías, de filias y, sobre todo, de un ascenso que no termina de llegar, le viene bien echar mano de nuevos cuños; cambiar conceptos y denominaciones. El esquema de Viadero no era tan diferente del 'pousismo'; del de un Carlos Pouso que ha puesto de moda la revolución tranquila y pacífica -una evolución-, pero bajo otra ecuación (la del 4-4-2 por el 4-1-4-1). El leiotarra había anunciado que no haría cambios traumáticos y así fue.

Con Gonzalo -otra vez- lesionado y Paco Regalón sancionado, tocaba componer de nuevo una defensa de circunstancias -el Racing tiene seis delanteros y tres centrales en su «equilibrada» plantilla-, con Gándara y un de nuevo reconvertido Granero en el centro de la cobertura. Gurdiel y Julen en los laterales completaban una zaga en la que no hay más alternativas, limitada como está a siete efectivos en toda la temporada. Los mismos que delanteros en un equipo que va a jugar con una o dos puntas.

César Díaz y Álex García fueron titulares, pero el equipo terminó con los interiores habituales de Viadero: Óscar y Héber

La transfiguración del 4-4-2- en 4-1-4-1 ( que si lo jugara Nando Yosu llamaríamos 5-4-1 con libre) la encarnó Antonio Tomás, eje por delante de la defensa y coche escoba de una línea formada por César Díaz, Sergio Ruiz, Javi Cobo y Álex García, con Dani Aquino a la caza de ese gol que, como el cariño del racinguismo, le resulta últimamente algo esquivo.

Al fresco de Tafalla, Carlos Pouso seguía el partido con las manos en los bolsillos sin alternativas posibles -más que salir él mismo al campo- mientras era testigo de cómo su evolución se transformaba en algunos momentos en involución. Otro sistema y algún nombre cambiado, pero los mismos problemas y taras; el mismo entregar el primer tiempo a un rival en descenso, en este caso la Peña Sport. Y por si fuera poco, a los 19 minutos Dani Aquino debía dejar el campo lesionado para ser sustituido por Juanjo Expósito. El descartado y defenestrado. Al que los Campos de Sport silbaron el día de su debut. El de un solo tanto -ahora dos- desde que volvió a Santander. Al que le ficharon en invierno otros dos futbolistas para su puesto... Y el de los cerca de 300 partidos entre Primera y Segunda.

Ni con uno ni con el otro. Un Racing con tres pivotes no conseguía la superioridad en el ecuador del campo; ni con los cuatro defensas que disponía con posesión ni con los cinco de facto cuando defendía y ponía el balón en juego, con Antonio Tomás incrustado entre los laterales para recibir de cara en la recuperación.

En definitiva, otro entrenador, otro dibujo y otra esperanza, pero los mismos futbolistas y los mismos dejes. Y Carlos Pouso, apócrifo e involuntario padre del 'pousismo', siguiéndolo agitando las manos hasta que el gélido ambiente, casi una metáfora, le obligaba a devolverlas a los bolsillos, al contrario de lo que pedía a sus auxiliares. Era lo que sugería la gélida meteorología navarra, acorde con un campo de San Francisco al que los aficionados de la Peña Sport van como van a Bonifaz a ver 'El joven Karl Marx'. Porque toca, pero sin entusiasmo, como dio la imagen de jugar el Racing en Tafalla, de nuevo con esa incómoda sensación de no mostrar consistencia suficiente como para ganar grandes duelos.

Ya no está Ángel Viadero para echarle la culpa. Ni puede ser de Carlos Pouso. No le ha dado tiempo. La del de Canalejas era una estrategia -parecía- defensiva. La 'pousista', numantina. Al menos ayer en Tafalla. Pero las etapas de la historia, y también los ascensos, se escriben a base de revoluciones, no de evoluciones, sobre todo si se mantienen los mismos agentes de la reacción. Y si una plantilla con seis delanteros -siete, con el canterano Badiola- juega con un solo punta, es que algo falla.

Más vale que el 'pousismo' -y si hay alguien incocente en esta historia es un entrenador que lleva cinco días en Santander- sea más que eso, porque en caso contrario al Racing le queda mucha Segunda B. 'Pousismo' es de momento sinónimo de utopía. El 'sufringuismo', ese concepto que acuñó Javier Menéndez Llamazares en la versión deportiva de sus columnas, no es lo que era. El Racing tampoco. O sí, que es peor.

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