Fútbol | Segunda B

Un protagonista inesperado

Palencia Caballero ordena a Gonzalo que se vaya tras mostrarle una cartulina amarilla. /Daniel Pedriza
Palencia Caballero ordena a Gonzalo que se vaya tras mostrarle una cartulina amarilla. / Daniel Pedriza

Las decisiones del árbitro vasco condicionaron el partido entre dos de los favoritos al título | El colegiado Palencia Caballero enfadó a la parroquia racinguista

Sergio Herrero
SERGIO HERREROSantander

Por desgracia para el Racing, el protagonista en el partido de ayer no fue Dani Aquino. El genio que tantas tardes ha decorado de alegría los Campos de Sport de El Sardinero. Ni siquiera fue Héber, con sus internadas por la banda izquierda. O Iván Crespo con paradas decisivas. El centro de todas las miradas en el choque de ayer fue el colegiado, Daniel Palencia Caballero.

Dicen que para un árbitro pasar desapercibido siempre es una buena noticia. Señal de acierto en la siempre complicadísima tarea de impartir justicia en un deporte tan visceral como el fútbol. El juez vasco ayer no tuvo esa fortuna, ya que la parroquia racinguista acabó lanzando sus iras sobre él.

La primera mitad transcurrió sin demasiados sobresaltos. Alguna leve protesta por tarjetas mostradas o tras alguna entrada fuerte. Los problemas llegaron tras el descanso. En el minuto 46, mientras los futbolistas aguardaban un saque de esquina, Palencia Caballero hizo un inciso para llamar la atención a Córcoles y Cervero, durante su forcejeo dentro del área. Un minuto después, en el siguiente saque de esquina, no tuvo tantas concesiones. Gonzalo recibió un empujón y agarró a su par en la caída. La rutina de las acciones a balón parado. La jugada continuó con un centro al segundo palo. Ni siquiera los jugadores del Mirandés pidieron penalti. Pero el colegiado sí estimó el derribo como pena máxima.

Antes del penalti, ya había advertido a Córcoles y Cervero en un saque de esquina

A partir de ahí, al Racing y al colegiado el partido se les puso cuesta arriba. Al primero, por el marcador en contra. Al segundo, por la tensión acumulada. Algo que se acrecentó aún más en el tiempo añadido. Antonio Tomás no se explicaba su expulsión por la supuesta agresión a Limones, cómo no, antes de otro córner. Los futbolistas ya estaban desquiciados; los técnicos no paraban de protestar; el público silbaba y el presidente, Manolo Higuera, en el palco, se llevaba las manos a la cabeza mientras miraba la repetición en la pantalla. Tanto el penalti como la expulsión, pueden tener un mínimo espacio para la discusión. Sin embargo, la falta sufrida por Héber -fuera del área- en el minuto 94 fue muy clara. El colegiado y su asistente estimaron que el gallego se había lanzado a la piscina. Quizá el naronés ya es demasiado sospechoso después de tanto penalti forzado gracias a su capacidad para ser derribado -o al menos parecerlo- dentro del área. De todas formas, la actuación arbitral no esconde las carencias racinguistas a estas alturas.

El abandono de la final de la Copa vasca

Palencia Caballero fue noticia a nivel nacional hace apenas unas semanas. La final de la Copa vasca –la Euskal Herriko Txapelketa–, terminó en esperpento. El colegiado suspendió el encuentro entre el Athletic y el Alavés a dos minutos del final, cuando quedaba un suspiro, por una trifulca entre los jugadores en la banda. Ya había amagado el colegiado guipuzcoano, que el pasado curso enseñó 65 amarillas y cinco rojas en 12 partidos, con tomar esa decisión en el minuto 72: expulsó a Alexis y el central le agarró la cara. Llamó a sus auxiliares y pensó en dejar el césped, pero los jugadores le convencieron para que continuase un partido que era algo más que un ‘bolo’ veraniego. Eso sí, advirtió de que no quería más problemas. Siguió el amistoso, un tanto subido de tono en algunos momentos, hasta que Romero le entró fuerte a Saborit en la banda. El catalán se revolvió, se produjo una tangana... Y el árbitro se marchó del terreno de juego de Lasesarre para sorpresa de todos.

Corrió Aduriz a decirle que se quedara, mientras le señalaba la portería de Pacheco. También otros jugadores trataron de persuadirle, pero nada. Enfiló el camino del vestuario y los futbolistas se quedaron en el césped sorprendidos. Se saludaron, se abrazaron, charlaron anonadados con lo sucedido. La primera edición de ese torneo que iba a decidir el mejor equipo vasco de la temporada 2016-17 se quedaba sin ganador. El choque fue suspendido y se quedó sin desenlace.

Ayer, en los Campos de Sport de El Sardinero, el colegiado vasco también tuvo una tarde complicada, aunque, en este caso, sólo enfadó a la parroquia local. En aquel Athletic-Alavés, las malas caras fueron para ambos contendientes.

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