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Jerín: «Me quité la espina de El Sardinero»

Jerín se mostró satisfecho con su partido en Villaviciosa, el primero de titular con el Racing./Antonio 'Sane'
Jerín se mostró satisfecho con su partido en Villaviciosa, el primero de titular con el Racing. / Antonio 'Sane'

Jerín fue la sorpresa de Pouso en la alineación del partido en Villaviciosa | El madrileño logró resarcirse del mal encuentro que cuajó en su debut ante la afición en noviembre y admite que estaría «encantado de jugar en el play off»

Marcos Menocal
MARCOS MENOCALSantander

«Con el siete, Jerín». De pronto se le iluminó la cara; un hormigueo irrefrenable recorrió su cuerpo desde los dedos del pie hasta la coronilla. Sentado en aquellos modestos bancos del vestuario de Les Caleyes, Jerín Ramón (Madrid, 1996) escuchó su nombre de boca de Carlos Pouso. Fue en ese preciso momento cuando se enteró de que sería titular por primera vez con el primer equipo del Racing. «Me esperaba jugar unos minutos, pero de inicio no», confesaba el futbolista este lunes en La Albericia después de completar el entrenamiento de recuperación que hacen los lunes los que han jugado el día anterior. Fue una sorpresa para todos, menos para el técnico que argumentó su apuesta: «El campo estaba pesado, difícil y pensé que era el jugador idóneo».

Sin Antonio Tomás (sancionado) ni Borja Granero (lesionado), en Villaviciosa le llegó el turno a un chaval de 22 años con ganas de sacarse una espina que le hacía daño; le atormentaba desde el pasado 12 de noviembre. Ese día los Campos de Sport le empequeñecieron; le redujo y le robó la chispa: «Me puse nervioso y acabé descontento. El estadio me imponía y no jugué bien», admite. Fue su primer partido «en un campo con tanta gente» y recibió más críticas que halagos. Sus primeras dos intervenciones salieron mal y el murmullo de El Sardinero se le clavó para siempre. Desde entonces imploraba una oportunidad para desquitarse y le llegó el domingo en Villaviciosa, ante 1.500 de los suyos. «Fue muy distinto. Salí nervioso, pero no como aquella vez».

Con el partido ante el Lealtad ya son cuatro los que lleva con el primer equipo del Racing; debutó en el Estella, frente al Izarra, y los dos choques ante el Lealtad. Primero con Ángel Viadero y este último de la mano de Carlos Pouso. A los dos les agradece «la oportunidad y la confianza». Con el primero tenía «una relación ni buena ni mala, normal» y del segundo asegura que «nunca había tenido un entrenador tan cercano, que hable tanto con los jugadores y que corrija y dé consejos». El vasco se acercó en Les Caleyes a Jerín mientras calentaba y fue al grano: «Sal y juega como en los entrenamientos. Haz lo mismo que en el Racing B, ¿vale?». Después del partido no le dijo nada. El trabajo bien hecho hay ocasiones que es lo suficientemente explícito que no requiere más. Sobran las palabras.

«Me sorprendió escuchar mi nombre en la alineación. Esperaba jugar unos minutos, pero de inicio no»

Jerín fue este lunes en La Albericia el más buscado. Los aficionados que ya están en nómina -los que no fallan una mañana- le buscaban con la mirada. Los corros en la cafetería de las Instalaciones y los que acodados en la valla presenciaban la sesión, cuchicheaban sobre el partido del chaval: «Tenían que ponerle más». «Si es que les dio fuerza, no se arrugó»...

Aprobó con nota el examen y desde el domingo es uno más para sumar. Para Jerín, que la próxima semana con Granero y Antonio Tomás disponibles sería una sorpresa aún más mayúscula que repitiera premio, su titularidad del domingo es un pasito más en una azarosa vida poblada de cambios, vaivenes y sacrificios.

«Si tengo que volver a jugar con el Racing B el próximo fin de semana no será un fracaso. Es mi equipo»

«Siempre he querido ser futbolista y al principio a mi madre no le hizo mucha gracia que me fuera de casa tan pronto», reconoce. Y es que a sus 22 años no se ha estado quieto. Nació en Madrid y a los dos años su familia se fue a Cabo Verde, país natal de su padre. Regresó cuando tenía doce y puso el contador a cero antes de hacer una maleta que desde entonces no ha hecho más que rodar, abrir y cerrar. En infantiles jugó en Madrid y en juveniles fichó por el Elche y más tarde por el Murcia para terminar en el Málaga. «Allí cambiaron al entrenador y me vine para aquí; fui cedido al Rayo Cantabria», explica. Llegó para unos meses y acabó renovando y mas tarde firmando con el Racing. Por el camino hizo las pruebas en el Olot. «Pero no me llamaron», acota. Cuatro ciudades distintas para un adolescente con ganas de ser futbolista. «Al principio sí es cierto que cuesta un poco salir de casa». El invitado sorpresa de la última victoria del Racing a domicilio vive de pensión en una habitación de La Albericia. «Te acostumbras. Tenemos nuestros horarios para salir y ver a la novia, a los amigos y luego vuelves. Estoy bien con los compañeros. A gusto. Es verdad que a veces se hacer largo no ver a tu familia, pero siempre hay tiempo», señala. Este año se le ve más centrado; lo de entrenar con el primer equipo «es una motivación muy grande; todos los días aprendes algo, estás rodeado de grandes futbolistas y consigues un ritmo muy alto. Luego cuando vuelves al Racing B lo notas».

Más centrado

Durante los dos años que vistió camiseta del Rayo Cantabria derrochó energía dentro y fuera del campo. Le gustaba disfrutar de Santander cuando el sol se iba: «Era más joven, todo era distinto, pero ahora tengo las cosas mucho más claras», admite apresurado. Ahora prefiere madrugar a que la noche le sorprenda y los frutos están llegando. Buena parte de la culpa de su cambio y su progreso la tiene su llegada al Racing y la apuesta decidida de José Moratón, técnico del filial racinguista, por él: «Le debo todo. Confió en mí y me convenció para que mejorara y me esfozara. Estoy jugando mucho con él». No escatima elogios para la persona que le hizo un hueco en la estructura de un club con el que soñaba en su época de mozo: «Cuando estaba en Murcia, una vez nos dijeron que en la grada estaban un par de ojeadores del Racing. Salimos nerviosos. El Racing era un equipo de Primera y era la leche», admite ruborizado. Quién le iba a decir que años más tarde debutaría con su camiseta en la Segunda B.

«Siempre quise ser futbolista. Al principio mi madre no estaba contenta por irme de casa tan pronto, pero lo tuve claro»

Aunque para el chaval «lo del domingo será inolvidable», no deja de repetir que conoce perfectamente su rol. «Si el domingo tengo que volver con el Racing B no hay ningún problema, ni mucho menos, es mi equipo. No sería un fracaso». Su discurso es sensato pese a la nube en la que se encuentra después de quitarse esa espina que no le dejaba estar tranquilo desde noviembre.

En el club quieren llevarle con precaución; le queda mucho por progresar y no quieren que la situación le supere. «Si me han dado esta oportunidad es que estoy haciendo las cosas bien en el Racing B, así que eso es lo que debo seguir haciendo. Ganándome la confianza», añade. Por el momento parece que se ha hecho ya un hueco los miércoles y jueves. Tampoco es extraño verle los viernes trabajando con el primer equipo. «Para mí es un premio». Sonríe al tiempo que su cara expresa una mezcla de resignación y realidad. Antonio Tomás, Borja Granero, Quique Rivero, Sergio Ruiz... A Jerín le toca lidiar en un campo complicado. Su puesto, el de medio centro, es sin lugar a dudas el mejor cubierto y el que más competidores tiene. «Es que hay jugadores muy buenos, con mucha experiencia y de los que puedo aprender. Lo tienen todo. Si el míster quiere contar conmigo , aquí estoy, pero sé que es muy difícil». Cierto. En la zona ancha del campo hay tortas para entrar. Aún así, una lesión inoportuna o una sanción inesperada le abre las puertas a cualquiera. No le asusta la presión, «aunque sé que en este equipo se aspira a lo máximo». Tampoco le da miedo lo que viene a partir de ahora; la exigencia del play off le motiva: «Estaría encantado de poder jugar esos partidos». Quién no.

Es joven, pero ya conoce los vestuarios del Elche, Murcia, Málaga, y ahora, el del Racing. «Les he visto a los jugadores muy seguros, nada nerviosos. Saben lo que se juegan y son veteranos. Se nota al verlos», añade. A Jerín le basta con dos o tres días a la semana para recibir un máster de fútbol semanal. «Aprendo mucho. Notó que mejoro y eso es bueno. Luego cuando juego con mi equipo (Racing B) notó que tengo más ritmo y me encuentro más cómodo». Con 22 años ese debe ser su rol y su pensamiento.

«Me puse muy contento por él. Hay que ir con precaución y siempre estoy satisfecho de que un chaval de la cantera salga. Hizo un buen partido. Hay que ser cauto y darle cera, que no se lo crea y no alabarle en exceso, pues le queda mucho, pero está en la línea buena». De esta manera zanjó el tema Dani Aquino. El murciano, que sabe de buena tinta -con 18 años debutó en Primera- lo que es ser un futbolista precoz, mandaba este mensaje este lunes en La Albericia cuando le preguntaban por el hombre del fin de semana. El delantero murciano debutó con la élite, marcó goles y fue pretendido por grandes equipos -alternó los entrenamientos en el Atlético de Madrid con el filial y el primer equipo-, pero también vivió la cara oculta del éxito incontrolado. Su experiencia y consejos le servirán de mucho al mediocentro madrileño.

Esta martes volverá a entrenar a las órdenes de Carlos Pouso, pero hasta el viernes no sabrá si le toca jugar en los Campos de Sport o en La Maruca ante el Velarde. Pouso sabe que tiene uno más para la causa y el camino que resta está plagado de posibles oportunidades.

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