Fútbol-Racing

La revolución termina en tragedia

Julen, Crespo y Juanjo, cariacontecidos./Daniel Pedriza
Julen, Crespo y Juanjo, cariacontecidos. / Daniel Pedriza

Ángel Viadero cambió radicalmente el equipo, pero su órdago no evitó la destitución

Marcos Menocal
MARCOS MENOCALSantander

¡Viva la revolución! Hay ocasiones en las que el cielo se toma por asalto. No es que Viadero de el perfil de romántico revolucionario, pero algo así debió pensar cuando ante el Sporting B comprobó que con los mismas herramientas de siempre se conseguían los mismos resultados de siempre. Lo de ayer fue tan sorprendente que más de un aficionado se tropezó al subir las escaleras ensimismado mirando la alineación del día. Granero, Óscar Fernández, César Díaz... al banco. Por otro lado, Gurdiel, nada más llegar; Acosta y Javi Cobo, de desaparecido a titular. Los equipos de fútbol hay veces que funcionan como los juguetes de los niños;se aprieta aquella tuerca, se coloca la luz y nada. En cambio se le da un castañazo y aquel cochecito echa a andar y no hay quién lo pare. Viadero se la jugó. Se traicionó a si mismo y le dio vuelta a su planteamiento. Puso el cuaderno al revés y no miró más. Si no funciona una cosa funcionará otra.... Pues nada. Ni con esas. Dejó a algunos de los pesos pesados sentados junto a él en el banquillo, pero tras el empate, el damnificado será él.

El equipo en los primeros minutos de partido fue como un refresco. Abrió la lata y salió a borbotones, pero al rato se le fue todo el gas y comenzó a pecar como siempre. Duró poco el factor sorpresa. No obstante, Gurdiel demostró profundidad y personalidad; Javi Cobo prisa por adaptarse a su ya olvidada condición de titular y Acosta, con una indolencia propia de los veinte años, maneras de delantero sudamericano, de esos que dosifica hasta el último esfuerzo y que cuando la toca, se ve que se le da bien pero hasta ahí. Poca cosa.

Las revoluciones siempre se producen por algo. Normalmente porque el orden establecido ya no da más de sí y al Racing de esta temporada le hacen falta más de una. Con la de ayer no basta. Al menos hasta que encuentre realmente una en la que creer a pies juntillas porque en la de ayer tan solo se tuvo fe el primer cuarto de hora. A Viadero se le puede echar en cara varias cosas, pero hay algunas en las que no es más que un damnificado. Sus jugadores le dejaron en la estacada. Ante el Sporting Bles dijo a los suyos que no dejasen correr al rival y en trece minutos se habían hartado de perseguir a los asturianos y ayer, les dio la oportunidad a los nuevos de ganarse el cielo y se atrincheraron. La primera parte sirvió de mucho menos de lo que apuntaba al principio. De más a poco. Eso sí, dos balones al larguero y otro al poste –más de lo mismo–, pero también dos paradones de Crespo que volvieron a tapar las vergüenzas de un equipo de dibujos animados que parece que hace, pero no hace. El Sardinero fue paciente mientras pudo, porque eso de que el Leioa le metiese en su área al Racing no le gustó.

Granero: «Somos los culpables y asumimos la responsabilidad»

«Asumimos nuestra responsabilidad. Los jugadores somos los culpables. Al equipo no le queda otra que seguir. Es cierto que no sé qué nos ocurre, que no vamos, cuando fallamos ocasiones nos recuerda a partidos anteriores y no vamos. A la afición le digo que seguiremos, aunque ahora es difícil decir algo positivo. Quiero que se vea que estamos aquí y que no vamos a bajar los brazos», señalaba este domingo el capitán Granero

Viadero vivió con intensidad el partido desde su zona, junto al banquillo. :
Viadero vivió con intensidad el partido desde su zona, junto al banquillo. : / Daniel Pedriza

Equipo plano

Toda revolución conlleva un riesgo y lo más normal es que produzca bajas. Los que participan se la juegan y los que no suelen quedar apartados para siempre, aunque en el fútbol no hay nada para siempre. Granero, Óscar y César pasaron a la reserva y de haber triunfado la revolución su regreso estaría en el alero. Por contra, Acosta, Javi Cobo y Álex García se convirtieron en la avanzadilla de un golpe en la mesa. Humo. Todo acabó en humo. Ni los que fueron elegidos para llevar el estandarte del cambio aprovecharon su oportunidad ni los que quedaron apartados dejaron de aparecer. Nada de nada.

No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca sucedió –como decía el cantante–, lo mismo que no hay nada que deje más frío que un amago de revolución. El Racing se marchó al descanso sin saber a qué jugar; perdido, incapaz e inofensivo. Sin asustar a nadie. Todo lo que no debería faltarle a un aspirante a todo. El Racing tiene un problema que va más allá de no meter goles –que es el único que debería preocuparle porque es el que soluciona todos los demás– y es que no tiene claro nada de lo que hace. En la segunda parte indultaron a dos de las tres vacas sagradas:Granero y César. Viadero se decantó por poner a Héber Pena en busca de cambiar lo que veía, pero nada de nada. El intento de revolución se iba apagando por inacción, no porque las fuerzas enemigas fueran superiores. El partido de ayer fue el calco de otros diez o quince del Racing en las últimas temporadas y así es difícil que pase algo.

Lo que quedó más que de sobra evidente es que sin un ‘Ché’ en el que creer está más próximo la entrega de armas y la rendición que el triunfo revolucionario. La vida le da a este Racing que en la grada de El Sardinero estaba Borja Lázaro. El madrileño es la última bala de un sistema, un discurso y un proyecto que se acabó. La otra, la de Viadero, se acabó ayer. Victoria o cese. Triunfó la segunda opción.

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