Solos ante el peligro

Solos ante el peligro

Racing y Caudal se miden hoy en Mieres con dos iconos del racinguismo ahora cuestionados en los banquillos

ASER FALAGÁN SANTANDER.

El fútbol es para pistoleros. Los banquillos, un hábitat en el que rige el 'mejor tú que yo', aunque nada sea nunca personal. Porque los entrenadores son como los futbolistas -salvo un puñado de excepciones lo han sido- con la lucidez que dan los años, algún que otro despido y la soledad. Saben que su fecha de caducidad es siempre efímera, casi fugaz, y que además puede adelantarse. Y viven en una prórroga constante, rebañando renovaciones anuales si es que toca renovación, que esa es otra.

Paco Fernández y Ángel Viadero no son pistoleros. O lo son solo en esa cuota imprescindible que exige el oficio. Ambos se saben cuestionados, ambos ven injusta la situación de su rival y ambos confían en su equipo y en sus posibilidades, pero ambos se la juegan. El uno contra el otro. Racing contra Caudal (Estadio Hermanos Antuña, Mieres, 17.00 horas). Un técnico muy querido pero desgastado en Santander y otro al que el plante frente a los okupas en enero de 2014 encumbró a la categoría de mito.

Hoy sentirán la soledad del banquillo. Porque sus figuras se asemejan más a las del viejo shérif a quien una ciudad cobarde abandona ante una banda de cuatreros que al forajido que desde el primer minuto de metraje se adivina premuerto, pero capaz de meter entretanto mucho miedo. Dos recorridos retóricos paralelos se convertirán así durante hora y media en antagónicos, como le ocurría al shérif Will Kane en 'Solo ante el peligro'. Igual de solos estarán ellos en los banquillos del estadio Hermanos Antuña de Mieres, donde se dirime un duelo que no será al sol sobre el césped sintético asturiano, ese que siempre deja tantos heridos en el Racing.

Ya están acostumbrados a esos duelos. Viadero, sin ir más lejos, ganó uno hace solo una semana a su Frank Miller particular, una banda formada justo al norte del Arlanzón que lleva por nombre Burgos Club de Fútbol. Los castellanos llegaban para vengarse del de Canalejas, que hace año y medio les abandonó para convertirse en shérif de los Campos de Sport. Tras la derrota ante el Amorebieta se había quedado solo y nadie se atrevía a ayudarle. El miedo y esa ley del fútbol que obliga a echar al entrenador cada vez que la cosa se tuerce paralizó incluso a su directiva, que lo máximo que pudo hacer fue aguantar el tirón y esperar a que el duelo contra el Burgos dictara sentencia.

Como a Gary Cooper, le costó encontrar aliados durante esa semana, y como Gary Cooper tuvo que sufrir durante hora y media para salvar su vida. Así fue como su rostro transmutó del de 'Solo ante el peligro' al de John Wayne en 'El hombre tranquilo', suponiendo que John Wayne supiera o intentara siquiera esbozar cualquier otro gesto.

A Paco Fernández le pasa algo parecido, pero a la inversa. Si Viadero dice que los números no son tan malos pero sí las sensaciones, Paco Fernández ve moderadamente bien a un Caudal diseñado para la permanencia, pero los números no le salen. En las cuencas no mola demasiado ver al equipo penúltimo y el Racing le hizo un escaso favor cayendo en Amorebieta en un partido que permitió al modestísimo equipo vizcaíno, también en descenso, adelantar a los asturianos.

Paco Fernández, más conocido como Paco, sabe que su presidente ya empieza a sentir la presión, pero, como Viadero, confía en que este no sea el partido de la sentencia para nadie, independientemente del resultado. Al menos eso dicta la lógica. El santanderino evitó el despido el domingo pasado contra el Burgos y exigir a Paco que gane al Racing, que por muy renqueante que se le vea sigue siendo uno de los mandamases del grupo, parece pedirle demasiado. Tiene un comprometido grupo de ayudantes -entre ellos el joven Alberto, que no tenía sitio en la oficina del shérif de El Sardinero-, pero no tan curtidos como los que Viadero conserva en su oficina, que, malas sensaciones aparte, sacaron adelante el duelo de Burgos.

De momento ya ha perdido a Regalón, Gonzalo, Álex y Córcoles, y tampoco está muy claro que pueda contar con César Díaz y Quique Rivero. Salvo que vuelva a apostar a sus hombres en extraños refugios para intentar emboscar al rival como en ese 3-5-2 de Amorebieta que nació muerto, lo normal es que Granero tenga que tapar de nuevo los huecos en la defensa y Sergio baje de nuevo al lateral como dos refuerzos de urgencia para una zaga que se le desangra. No será excusa suficiente para los ciudadanos verdiblancos, hastiados después de tres temporadas en Segunda B y algo reticentes con un alguacil que no consiguió devolverles al fútbol profesional en su primera intentona.

Pese a tener sus huestes mermadas, el Racing sigue como favorito, aunque también lo era ante el Amorebieta y ya ha demostrado que no se siente nada cómodo lejos de su jurisdicción. Aun así parece pronto para matar a nadie después de que Viadero ganara una vida -solo una- contra el Burgos. Pero el fútbol es para pistoleros y no para filósofos, al menos desde que Menotti, Cruyff y Valdano dejaron los banquillos, así que todo puede ocurrir, por mucho que la lógica y hasta la dialéctica insinúen lo contrario. Lo que sí está claro es que quien salga derrotado volverá a quedar en una situación comprometida; expuesto a las balas del enemigo en medio de una calle polvorienta. Incluso puede que una le fulmine, aunque vaya tan poco metraje de película.

Por eso el estadio Hermanos Antuña tendrá hoy a partir de las cinco de la tarde algo del OK Corral con varios cientos de aficionados cántabros atrincherados en sus gradas. El Caudal envió 500 entradas a Santander y, aunque no se han vendido todas, la cercanía del desplazamiento y la buena hora invitan incluso a viajar sin entrada para comprarla justo antes en las taquillas.

Al final, en las películas de vaqueros siempre gana el bueno. Incluso en esos westerns crepusculares que revisan el género y revisitan la figura del héroe cuestionando su infinita puntería e inmortalidad para explorar su vulnerabilidad. Son todo patrañas. Al final gana el bueno; el shérif crepuscular que se repone con todo perdido. O de pronto un 'deus ex machina' aparece para ayudarle. Pero el fútbol, como los pistoleros, tampoco cree en dioses, ni siquiera en los que fabrica. Así que a Paco y a Viadero solo les queda encomendarse a sus futbolistas en un partido vital para ambos. Y para sus equipos, por mucho que, como bien dicen ambos, todavía sea muy pronto. Los dos son Gary Cooper y no hay ningún Ian MacDonald, así que puede ocurrir de todo.

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