Fútbol | Racing

La tarde de los más fieles

La Gradona no dejó de animar a los verdiblancos. /Daniel Pedriza
La Gradona no dejó de animar a los verdiblancos. / Daniel Pedriza

En Semana Santa y con la visita del colista, más de 6.000 aficionados acudieron a los Campos de Sport a ver el partido

MARCO G. VIDART SANTANDER.

Seguro que más de uno cruzaba los dedos. Domingo de Resurrección, con un montón de gente de vacaciones, la visita del colista del grupo II de la Segunda División B, un día medio bueno en lo climatológico... La concatenación de factores en contra para ir a ver el Racing-Caudal era grande. Y además, está esa irregular trayectoria de los verdiblancos en este curso. A nadie le hubiese extrañado un descalabro mayúsculo en las gradas y la peor asistencia de la temporada. Y tampoco se le hubiese podido reprochar a una afición a la que habría que hacerle un monumento más grande que el faro de Cabo Mayor. Pero, según datos del club, 6.211 fieles de corazón verdiblanco acudieron a ver a su equipo. Bastantes más que los 5.174 asistentes del último partido en casa, ante el Amorebieta.

El partido

Aunque la tarde amanecía con lo que los meteorólogos denominan nubes altas, la temperatura era de lo más agradable. 16 grados y 62% de humedad, avisaban esos videomarcadores ultramodernos que tiene desde hace poco el estadio racinguista. Eso abría la opción de irse por ahí a tomar algo o dar un paseo. Los aficionados remoloneaban más de la cuenta y casi a las cuatro y media, se podían hasta contar uno a uno los que iban ocupando sus asientos.

La Gradona calentaba poco a poco las gargantas y La Fuente de Cacho, el himno oficioso del Racing, sonó a pleno grito a la vez que los videomarcadores marcaban el compás de la letra cuando los jugadores formaban y saludaban al público. La primera reacción del respetable fue una mezcla de pitos y aplausos. Pitos porque el Caudal pidió campo y obligó al Racing a atacar en la primera parte en la mitad en la que siempre quiere hacerlo en la segunda. Hacia esa portería se dirigió Óscar Santiago. El cántabro, un ex de la casa verdiblanca, ocupa ahora la portería del Caudal. Para él fue la primera ovación de la tarde en El Sardinero.

A esa le siguieron pronto otras. Lo que tardó el Racing en dar los primeros zarpazos en forma de ocasiones. Pero las ovaciones se fueron espaciando. Entre medias, el primer 'Víctor Alonso, dimisión', en alusión al director general del Racing. Y en medio de un partido de lo más lento, empezó a sonar la música de viento. A los 6.211 valientes de la grada no les gustaba lo que veían. Pitos.

La mejor recompensa

El ya largo penar por la Segunda División B ha hecho que esa afición verdiblanca que desafía a días festivos, rivales impropios e inseguridades de su equipo, se conforme con poco. Con muy poco. Bastó el primer gol racinguista para convertir en un oasis de alegría dominguera los Campos de Sport. Y el tanto en propia meta de los asturianos selló definitivamente el jolgorio. Aunque La Gradona sacudió un segundo rejonazo al director general del Racing y Franco Acosta, cuando sustituyó a Borja Lázaro, también se llevó algún silbido.

Tras el pitido final, la ovación. Y los jugadores, lentamente, se dirigieron hacia la Preferencia Norte que ocupa La Gradona. En la frontal del área, aplausos de los jugadores hacia los seguidores más animosos. Un 'sí se puede' resonaba desde esa zona del campo para insuflar ánimos a un equipo que, aunque irregular, sigue con opciones a todo en el grupo. «Hay que ganar el domingo», les espetó a los jugadores un aficionado cuando se retiraban al túnel de vestuarios. Mantener la fe de los valientes tiene ese precio.

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