Viadero se pone a mil

Intenso y participativo. Ángel Viadero se mostró ayer especialmente implicado y motivado durante el entrenamiento. No paró de hacer gestos y de hablar. /Celedonio Martínez
Intenso y participativo. Ángel Viadero se mostró ayer especialmente implicado y motivado durante el entrenamiento. No paró de hacer gestos y de hablar. / Celedonio Martínez

El entrenador se tomó la sesión con mucha intensidad y participó continuamente durante el partidillo

Marcos Menocal
MARCOS MENOCALSantander

Los jugadores tardaron ayer un poco más de la cuenta en salir. Probablemente el chaparrón con granizo incluido que descargó en Santander mientras se cambiaban hizo que más de uno se lo pensara un par de veces. Al poco salió la tropa; el camino hacia el campo fue el único rato en que reinó la calma en un entrenamiento intenso, con ritmo y con muchas alternativas. Que se lo digan a Viadero, que llegó con marcha a La Albericia y la lluvia hizo el resto. La sesión, además de por el agua que anegó los campos número 1 y 2 y obligó a desplazar a la plantilla al 3 a pesar de la hierba artificial, se caracterizó por la especial intensidad con la que el entrenador se la tomó. Dinámico, gesticulero, vivaz y eminentemente participativo, Viadero sudó la gota gorda e hizo que la sudaran sus jugadores aunque los cinco grados de temperatura lo pusieran difícil.

La primera de las medidas de urgencia que se tomó fue la de entrenar sobre hierba artificial. No es un cosa que le guste mucho al cuerpo técnico, de hecho siempre se lo han tomado como un contratiempo cuando las circunstancias lo han obligado y los últimos precedentes no han sido nada buenos. Precisamente la última vez que se jugó sobre esa superficie se lesionó Córcoles y Granero acabó cojo. Sin embargo no había otra posibilidad si no se quería 'levantar' el verde de los campos habituales; se encontraban completamente inundados y allí iba a ser imposible ejercitarse. Los técnicos tomaron la decisión en la caseta, minutos antes de saltar al campo con los aperos de trabajo.

A partir de ahí Viadero entró en acción: «El lateral dobla y el extremo se mete para dentro». «El delantero cae y el otro va al espacio creado». Para y arranca. Y otra vez sonaba el silbato y detenía el juego para explicar la situación; ahora un grito y ahora gestos con las manos. «Tu y tu aquí. Hay que sorprender», repetía. Los jugadores motivados por la excitación del míster protagonizaron un entrenamiento muy intenso. El abundante agua que planeaba por el césped del campo número 3 de La Albericia complicaba que el balón rodase con normalidad y cada jugada dividida era un duelo. Viadero paró el entrenamiento tantas veces como creyó oportuno; en una ocasión dialogó con Dani Aquino. Ambos alzaron el tono, probablemente porque el chapoteo les impedía escucharse con cierta nitidez. Las ganas en La Albericia se palpaban y eso que los aficionados habituales en las sesiones matinales -como era lógico- prefirieron tomarse el día libre o seguir la sesión desde la cafetería a cien metros de los jugadores y con diez grados más de temperatura.

Contratiempos

Viadero ya vino con marcha y para sacudirse la lluvia y el frío optó por no parar de un lado para otro. Por si fuera poco, Héber Pena tuvo que retirarse del entrenamiento por las molestias en su dichosa rodilla. Más motivos para 'calentarse'. El gallego pasa por un momento de forma excepcional, pese a que desde hace semanas arrastra un problema; no tiene nada grave en su rodilla, las pruebas lo han descartado, pero una leve inflamación le está llevando por el camino de la amargura. Pena es un futbolista que soporta el dolor con bastante normalidad, sin embargo ayer no pudo. Se retiró y aunque no parece que ofrezca dudas su participación el próximo domingo en Logroño, a Viadero la baja del gallego todavía le 'enfadó' un poco más. El otro de los futbolistas que tuvo trabajo específico fue Borja Granero, que realizó carrera continua junto al recuperador y no se sumó al grupo. Lo del capitán más que nada fue por precaución; el pasado domingo se perdió los primeros cinco minutos de la Liga, excepción hecha del primer partido que no pudo estar al arrastrar una sanción de la pasada temporada. Es un fijo en el esquema y su presencia es para Viadero un tema mayor.

Las pruebas de ayer no desvelaron las posibles dudas que existen. El entrenador formó la defensa con Regalón y Gonzalo, como centrales, y Julen y Sergio Ruiz, como laterales. Hizo ensayos, mezcló a los jugadores y aprovechó para testar. En el centro del campo se vio a Antonio Tomás con Javi Cobo; el canterano regresó al trabajo después de que unas molestias musculares y un proceso gripal le hicieran el lunes irse para casa.

También se vio a Quique Rivero, al que una lesión le sacó del equipo hace un mes, probando en el medular. Precisamente todas las miradas apuntaban a él cuando el lunes Javi Cobo sembró la dudas, pero ayer ya no estaba tan claro. No faltaron las alternativas en ataque y más esta semana en la que Aquino ya no dará opción. Durante la ausencia del murciano Pau Miguélez y Juanjo han sido los encargados de comandar al equipo, pero no es menos cierto que ninguno de los dos ha logrado marcar. Ambos entrenaron ayer junto al goleador y formando pareja entre ellos, pero no está claro ni tan siquiera que sea titular alguno de ellos.

El otro de los que disputa el puesto libre en el ataque, César Díaz, también estuvo activo. Viadero los cambió en varias ocasiones a unos y a otros y hoy en El Sardinero probará su once inicial. Al final del día, no le pareció suficiente al entrenador y se quedó un rato más con Sergio Ruiz y Óscar Fernández, junto a sus compañeros del cuerpo técnic, Oriol y Javier Pinillos. Un par de apreciaciones particulares a los hombres de la banda derecha y a la ducha. El camino de vuelta hasta la caseta, en cambio, fue un paseo para Viadero. Volvió relajado y tranquilo e, incluso, saludó a un par de valientes que aguardaban en la valla para esperar a los jugadores. Algunos de ellos terminaron la jornada en el gimnasio, con una rutina a la que nunca faltan; el entrenador, por su parte, se fue a la ducha. Un día duro en la oficina

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