El equipo imprescindible del 'Mapfre'

Toño Piris trabaja en una de las velas del ‘Mapfre’. /María Muiña
Toño Piris trabaja en una de las velas del ‘Mapfre’. / María Muiña

El cántabro Toño Piris lidera un grupo de seis personas que se encarga de reparar y poner a punto el barco español tras las etapas de la Volvo Ocean Race

MARCO G. VIDART

El 'Mapfre' ya anda 'calentando' en aguas de Ciudad del Cabo. Y no porque allá en Sudáfrica -que también- esté a punto de entrar el verano. Tras dos semanas de merecido descanso, el domingo comienza la tercera etapa de la Volvo Ocean Race. Ciudad del Cabo-Melbourne, de 6.500 millas de recorrido que se prevén de aúpa por condiciones de lo más duro. Aparte del buen ánimo del equipo por la victoria en la segunda etapa y el liderato en la general, ese 'calentamiento' de estos días a base de regatas viene tras la primera parada en boxes.

Durante estas dos semanas, el llamado equipo de tierra, ese que se encarga del trabajo que no sale en los medios de comunicación, ha puesto a punto a este Fórmula 1 de los mares. Al frente de ellos, Antonio Piris (Santander, 1963). Al que todos conocen como Toño o le llaman 'Talpi', su apodo en esto de la vela. Esta vez, su trabajo y el de los otros cinco componentes del equipo de tierra -en él hay otro cántabro, Gonzalo Fernández de Velasco, al que apodan 'Nervio'- ha sido relativamente sencillo. «El barco aguantó muy bien la etapa entre Lisboa y Ciudad del Cabo y llegó en muy buen estado».

La labor de Toño Piris y su equipo empieza antes de que el 'Mapfre' llegue a la meta de turno. «Desde el barco ya nos dicen si se ha roto algo o necesitan algo específico para la siguiente etapa». Así, cuando arriba el barco, ya ha llegado todo lo necesario y así «aprovechamos el 100% del tiempo». Velas, poleas, componentes hidráulicos... No suelen fallar en la lista de tareas que se encarga desde el 'Mapfre'.

Pero además de esa lista, los integrantes del equipo de tierra revisan cada centímetro del barco en busca de lo que los ojos de sus compañeros de a bordo no pueden ver. Apoyados por miembros de la organización, utilizan equipos de ultrasonidos para detectar lo que ellos llaman 'puntos de fatiga', un mínimo desperfecto en el interior de una estructura y que en el transcurso de una etapa pueda hacer que esa pieza se rompa. «Los ojos y esos equipos van a todos los sitios del barco», reconoce Piris. Pero ponen especial atención en el mástil. «Sin el palo, estás muerto. Hemos de ser muy conservadores con esa parte del barco y antes de que empiece a fatigarse alguna pieza, cambiarla». Aunque un barco de vela como el 'Mapfre' es «un conjunto equilibrado», el mástil «tiene muchas papeletas para que falle». Y de eso no hay repuesto a bordo. «Si por ejemplo se rompe una vela, hay más de una». En caso de que se rompa algo, el promedio de reparación en tierra ronda «los cuatro días».

María Muiña

Un casco robusto

En lo que han ganado en tranquilidad todos -regatistas y equipo de tierra- es en la resistencia del casco. El VO65, que ya se usó en la anterior edición, «es un monotipo fuerte», añade Piris. La organización proporciona los barcos y tiene como único fin que nadie se quede 'tirado' en alta mar por mil averías. Atrás quedaron los tiempos en los que cada equipo diseñaba y construía su barco. «Antes todo eran piezas exclusivas». Todo se sobredimensionaba, «con equipos de tierra hasta cuatro veces más grandes que ahora». Ahora la Volvo Ocean Race se ha abaratado bastante. «Cuesta ahora una cuarta parte de lo que solía ser». Aunque materiales de última generación y la tecnología más novedosa a bordo siguen haciendo de la vuelta al mundo «un juego caro».

Estas dos semanas en Ciudad del Cabo han sido ajetreadas, pero sin grandes agobios. El bólido rojo con velas que entró primero en Ciudad del Cabo llegó en muy buen estado desde Lisboa. «El barco navegó bastante relajado con los vientos medios que hubo en la etapa. Apenas tenía nada. Un golpe en la quilla, quizá con un tablón... Cosas fáciles de reparar», añade Toño Piris. Pero para lo que viene a partir del domingo el santanderino aguanta la respiración. De Ciudad del Cabo a Melbourne supone navegar por el Índico sur y bordear el Océano Glacial Antártico, quizá la zona más temida del mundo por los navegantes. «Nos vamos a encontrar quizá las condiciones más duras de toda esta Volvo Ocean Race en gran parte de los 18 días que puede durar la etapa», comenta el jefe de tierra del 'Mapfre'. Vientos fuertes y olas grandes que van a poner a prueba a regatistas y barcos.

El descanso de los integrantes del equipo de tierra viene determinado por la duración de las etapas de la Volvo. Si son cortas, «no merece la pena volver a casa», destaca Piris. Pero con esa casi veintena de días por delante en la tercera etapa, el santanderino sí regresará a la capital de Cantabria. «Estaré en Santander unos diez días», apunta, antes de emprender viaje a Melbourne un Toño Piris que se estrena en estas labores de jefe de equipo de tierra. Aunque la vuelta al mundo no le es ajena. «Participé en dos ediciones en la década de los 90». Y en otra competición también alrededor del globo, fue tercero junto a otro cántabro, Pachi Rivero. «Pero es muy distinto estar en tierra que dentro del barco», apunta. Su confianza es máxima en un equipo de tierra compuesto de «gente muy experta, que ha hecho este trabajo en varias ocasiones». El equipo que no sale en las fotos, los vídeos ni se pelea contra el mar y otros barcos, pero cuyo trabajo es igual de importante que el de los regatistas para que el 'Mapfre' mande en esta Volvo Ocean Race.

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