Vela

«El equipo olímpico de vela se ha ido de Santander»

«El equipo olímpico de vela se ha ido de Santander»
Javier Cotera

Tras su incómoda salida de la Federación Española, Jan Abascal, exseleccionador de Vela, considera que el CEAR y la escuela de vela han ido «a peor»

Aser Falagán
ASER FALAGÁNSantander

A Alejandro Abascal (Santander, 1952) todo el mundo le conoce como Jan. O Jane, en un círculo más particular e íntimo. Campeón olímpico en flying dutchman en Moscú 80 (aunque las pruebas de vela se disputaron en Tallin) cuando un español en el podio era una entelequia. Después impulsó el CEAR de Santander y dirigió el equipo olímpico español durante dos décadas en su etapa de más éxitos, hasta su reciente salida.

-¿Qué tal la vida de jubilado?

-Pues soy un jubilado muy activo. Ahora puedo hacer cosas que antes no hacía y estoy disfrutando de muchas cosas bonitas que tenía olvidadas. Canto en un coro, que me encanta, voy mucho a la montaña, estoy federado, he desempolvado la guitarra, que la tenía olvidada, navego en barcos clásicos, que me divierte muchísimo... Y bueno, me apunto a todo lo que puedo y me gusta. Veo teatro, escucho música y disfruto de las cosas que no podía disfrutar antes.

-También navega con Juan Carlos I. ¿Con la edad del rey emérito, no temen un problema a bordo?

-No, hombre, es un barco bastante seguro, aunque en condiciones duras siempre tiene sus riesgos, pero es un barco que se adapta perfectamente a su movilidad y le permite ser el patrón, llevar el barco y llegar a ganar hasta el Campeonato del Mundo, como hemos hecho el año pasado.

-¿Y por Santander sale a navegar?

-También. Tengo un pequeño barco de nueve metros y me gusta disfrutarlo con la familia y los amigos, porque no he perdido el gusto por navegar. Es muy gratificante.

-¿Qué piensa al pasar por delante del CEAR?

-Bueno, por una parte me dan pena muchas cosas, porque creo que ha ido a peor, pero no soy muy nostálgico. Ya lo tengo superado, creo que mi tiempo en el CEAR que ha sido largo ya pasó y se hizo un gran trabajó. Ahí están todos los datos. Ahora lo que da pena es que un modelo que funcionaba bien, que creo que dio muchas satisfacciones a la vela española y sobre todo a regatistas cántabros se haya cambiado. Ha ido a peor. Todos los éxitos de estos años van a tardar en repetirse. No creo que vuelvan a salir dos olímpicos seguidos de nuestra escuela de vela.

-¿Y el equipo olímpico? ¿Se ha perdido? Porque la Federación Española dice que en absoluto...

-El equipo olímpico se ha ido de Santander. Hace años y así además constaba en los estatutos de la Federación, ponía que la sede de entrenamiento del equipo era el CEAR de Santander. Y punto. Y aquí vinieron todos los deportistas a residir y entrenar diariamente y tenían su vida en Santander. Hoy esto ha cambiado. La primera asamblea general de la Federación después de llegar Julia Casanueva a la presidencia modificó los estatutos y donde está escrito que la base de entrenamiento era el CEAR se añadió: 'Sin menoscabo de que lo pueda ser también cualquier otro centro de la geografía nacional'. Ahora lo que estamos es siendo un centro más. Tenemos láser radial y standar en Canarias. 470 masculino y femenino y finn en Barcelona, las tablas masculina y femenina en Palma y aquí lo que tenemos son las categorías en las que navegan los regatistas de Santander. Diego Botín con el 49er y Fernando Echávarri con el nacra. Dos de diez clases. Por lo tanto, ¿que hay equipo olímpico entrenando en Santander? Sí ¿Está el equipo olímpico? No.

«La vela le debe muchoa Santander yCantabriay creo que no hemos sabido corresponderles»

-Curiosamente con una cántabra, Julia Casanueva, como presidenta de la Federación.

-Es un poco triste, pero es la realidad. Quizá a veces hay que pagar ciertos peajes para llegar a ciertos sitios. Y quizá sean los peajes que ha tenido que pagar ella para llegar a la presidencia. Casualmente son las territoriales de sus vicepresidentes los que se han llevado la otra parte del equipo.

-¿Por qué cree que se cambiado el modelo? ¿Se están haciendo ahora mal las cosas o se hicieron mal antes?

-No. Las cosas no se habían hecho mal. En su momento hubo un debate para elegir el modelo de entrenamiento del equipo olímpico y el primero fue si había una base única o diversas bases. Se vio que una sola era mucho mejor porque era mucho más barato y porque se comparten muchos medios, material y personal. Pero sobre todo hay otra cosa muy importante: compartir conocimiento. Con todo el equipo en la misma base las conversaciones y comentarios van siempre en torno a nuestro deporte, las dudas que nos surgen a los entrenadores durante la planificación o si surgen problemas, se comparten con otros entrenadores y al final todos salimos enriquecidos y hacemos las cosas mejor. Bajo el punto de vista deportivo tiene también un aliciente enorme, que es la motivación. Cuando ves a tus compañeros entrenar te motiva a ti hacerlo. O si les ves entrenando en el gimnasio media hora más que tú, te motiva a imitarles. Así que tanto en el aspecto económico como en el deportivo se vio que una base única es mejor.

«El CEAR ha sido siempreuna instalación sostenible»

–Una de las críticas alCEAR era que tenía un resultado deficitario.

–Aquello no era cierto.El CEAR ha sido siempre una instalación muy sostenible.Sus ingresos provenían fundamentalmente de las actividades propias, sobre todo la escuela de vela, que ella sola llegó a recaudar 250.000 euros sobre un presupuesto que no llega a los 600.000, y subvenciones delCSD, que siempre ha sido generoso, elAyuntamiento de Santander, la Autoridad Portuaria y elGobierno de Cantabria. Se consiguió un gran equilibrio y las cuentas salían.Ya dijeron en una asamblea general que era deficitario y yo presenté un escrito a todos sus miembros indicando ingresos y datos.También se dijo que la escuela era deficitaria y tampoco era así.

–¿Cómo ve esa escuela?

–No es lo que era.Antes no teníamos barcos para todos los niños y ahora creo que ha caído hasta cerca de la mitad.Yo lo veo a distancia, pero creo que no se están haciendo bien las cosas. Hace unos cuantos años que no tenemos chicos ganando copas y campeonatos de España.Y llegamos a tener 19 podios en campeonatos europeos y mundiales cadetes y juveniles.No ha vuelto a haber ninguno. Pero una de las cosas de las que más orgulloso me siento es haber aficionado a tanta gente a la vela y de haber educado a los jóvenes en los valores del deporte para tener en el futuro una sociedad mejor.

-Se le ve muy convencido.

-Es que históricamente ha sido así en la vela española. Cuando empezó a tener éxito fue cuando todos nos reunimos en Palamós. Y nos tuvimos que ir a Palamós. Todos. Los canarios, los cántabros, los gallegos... Y se empezó a hacer equipo y llegaron las primeras medallas. Para Barcelona estuvimos allí, en Barcelona, y también se sacaron medallas. Para Sidney el equipo se dispersó, empezó a ocupar distintas bases y casualmente volvimos a perder. Se volvió a juntar y volvimos a tener medallas en Pekín y Londres. Hemos vuelto a dispersar el equipo y casualmente, otra vez no ha habido medallas en Río de Janeiro. Quizá no tenga una relación tan directa, pero esa es la realidad.

«Al final es trasladaralgún administrativo.No va a tenerrepercusión en la ciudad»

-¿Y por qué Santander? Porque apoyo institucional y regatistas de élite también hay en otras ciudades...

-Esta es la segunda parte. Una vez decides que lo mejor es tener a todo el equipo en el mismo sitio, hay que elegir dónde. ¿Y cuál es el mejor? No hay muchos. Sí los hay para practicar la vela de forma placentera y cómoda, pero no para entrenar a un equipo olímpico. Es necesario que permita trabajar tanto en las condiciones más fáciles como en las más adversas, para trabajar todos los escenarios posibles. Santander reúne todas las necesidades. Y hay más sitios, aunque no muchos, pero Santander es uno de ellos. Tenemos bahía con mar llana y mar abierto con olas del tamaño que queramos. Tenemos vientos fuertes y flojos y siempre podemos navegar, porque por muy fuerte que sea el viento la bahía nos da abrigo. El día de la ciclogénesis explosiva navegamos dentro de la bahía. Tenemos corrientes, días de sol y calor y otros de lluvia y frío. Y eso es lo que hace falta para preparar a conciencia un equipo. Además, cuando se eligió Santander teníamos ya lo que entonces se llamaba el CAR, la escuela municipal y unas instituciones que se volcaron, lo que permitió ampliar el centro y que el equipo trabajara en unas condiciones inmejorables. Santander no era ni una casualidad ni un capricho.

-Durante el Mundial de vela se anunció que el equipo olímpico se quedaría al menos otra década en Santander. Si como usted dice ha abandonado la ciudad, ¿qué ha ocurrido?

-Es cierto. Se firmó un convenio a mediados de agosto de 2014 entre FEV y Gobierno de Cantabria por el que se comprometía a dejar el equipo durante al menos diez años en Santander. Tampoco se ha cumplido esta parte. La vela le debe mucho a Santander y Cantabria y creo que no hemos sabido corresponderles.

«A veces hayque pagar ciertospeajes para llegara ciertos sitios»

-Al menos la sede de la Federación Española se ha trasladado a Santander. Eso sí es una buena noticia.

-Pero al final es trasladar algún administrativo. No va a tener repercusión en la ciudad.

-¿Volvería si le llamaran?

-No. Mi salida no fue bonita y creo que merecía otro reconocimiento, porque los resultados están ahí, pero mi época pasó y ahora les toca a otros.

-¿Ni a recoger el holandés errante?

-Ahí sigue y si la Federación lo cree oportuno ahí seguirá. El barco es mío, pero creo que es muy interesante que un barco que ha sido medalla de oro esté en esas instalaciones.

-Porque aquel flying dutchman con el que se proclamó campeón olímpico en Moscú 80 tiene mucha historia...

-Lo encontré por casualidad. Era de la Federación y cuando acabaron los Juegos lo vendieron. Pasaron más de quince años y me dijo un amigo que había visto un barco en un club cerca de Palamós y juraría que es el tuyo de Moscú. Subí a verlo, lo encontré tirado en el césped, muy abandonado con algunos agujeros en cubierta, lo recompré. En realidad me lo regalaron, porque no valía nada y lo llevé a un artesano de Bañolas y lo dejó impecable. Me hizo mucha ilusión recuperarlo. Atrás todavía queda el sello con el logo de Moscú.

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