"Oponerse a la globalización es irracional, es como estar en contra de la ley de gravedad"

Ignacio Marco Gardoqui.
Ignacio Marco Gardoqui. / F. Gómez
  • Decididamente contra corriente, Ignacio Marco Gardoqui (Empresario y columnista económico) intenta convencer en vez de emocionar y cree que "antes de exigir derechos hay que merecerlos"

  • Este martes (9.30 horas) ofrece una conferencia en el Foro Económico de El Diario

Ignacio Marco Gardoqui (Bilbao, 1947) tiene una trayectoria diversa, por decirlo de un modo descriptivo. Ha sido profesor de la Universidad de Deusto, alto funcionario europeo y vasco, empresario y dirigente empresarial, miembro de importantes consejos de administración (Iberdrola, Tubacex y Viscofán, entre otros)... y directivo de Morgan Stanley y La Caixa. Además de eso, articulista económico en El Diario y los periódicos de Vocento y firmemente empeñado, a través de sus escritos, de convencer aplicando la lógica a la realidad económica. De eso hablará este martes (9.30 horas) en una conferencia en el Foro Económico de El Diario que llevará por título ‘Nuestros queridos errores’.

–Usted tiene un empeño en ser didáctico en sus columnas, pero ahora la gente parece que busca más verdades absolutas y doctrina para reafirmarse en sus convicciones...

–Lo que está de moda es emocionar y no convencer, pero yo no renuncio a tratar de convencer. A los economistas nos pasa como a los sociólogos, que nos las vemos y deseamos para intentar explicar el pasado y para el futuro somos un auténtico desastre. Y lo somos porque a los sociólogos la gente no les dice lo que de verdad piensa y a los economistas nunca nos dicen lo que van a hacer.

–Difíciles pronósticos por tanto...

–Bueno, la única forma que yo veo de entrever el futuro y adelantarte un poco a él es aplicando la lógica, lo que no es ninguna garantía de éxito, pero es el único método que se me ocurre. Pero a mí lo que me preocupa mucho es la incongruencia de lo que queremos con lo que hacemos. Lo que queremos está muy claro, pero lo que no estamos es dispuestos a hacer es lo que hay que hacer para conseguirlo. Eso es lo que produce la frustración social.

–¿En este momento?

–Claro, todos queremos un salario estable, un trabajo seguro y bien remunerado, unas pensiones dignas, una vivienda confortable... El capítulo de derechos está muy claro y yo no tengo nada que objetar a ello –yo también lo quiero– pero no te puedes quedar ahí. Los derechos no basta con desearlos, hay que merecerlos y merecerlos consiste en hacer lo que hay que hacer para obtenerlos. Y ese es un mensaje condenado absolutamente al fracaso. Lo que pasa es que yo no me presento a ninguna elección y me doy el gustazo de decirlo.

–¿Es este uno de sus ‘queridos errores’?

–Yo como soy muy mayor y he cometido tantos errores en mi vida no tengo más remedio que ser comprensivo. No obstante, lo que me resulta más difícil de explicar es que si el paro es la mayor preocupación social como muestran todas las encuestas, la gente no saque conclusiones de ello, se quede en esta consideración. Ante el paro es evidente que la única solución es el empleo. ¿Y como se consigue empleo? Una gran mayoría de los buenos empleos los crean el sector privado y los empresarios. Entonces habrá que generar empresarios para que creen empleo.

–Una solución a largo plazo...

–Es un problema muy complejo que exige cambios en la orientación de la educación, en la apreciación social de la función empresarial, comprensión con el fracaso y animar al éxito. Y todo esto no lo hacemos. Nuestra reflexión es que hay mucho paro y esto es intolerable y quiero empleo.

–Es que ya no están de moda las explicaciones complejas de los problemas, lo queremos todo ahora y todo ya...

–Eso provoca más contradicciones. ¿Por qué a la gente le parece normal que Ronaldo gane 100 veces más que el delantero centro del Racing cuando se esfuerzan lo mismo, entrenan lo mismo y corren lo mismo? ¿Por qué eso nos parece normal y nos parece un escándalo que Amancio Ortega sea tan rico? El debate sobre la desigualdad es muy interesante. Solo se habla de la desigualdad en el resultado, nadie habla de que se ha hecho para conseguir ese resultado. Volviendo al ejemplo de Ortega, un tío que ha tenido ideas brillantes. ¿Alguien ha hecho algo parecido, ha creado decenas de miles de empleos en todo el mundo, ha revolucionado las redes de distribución del sector textil, ha conseguido una marca mundial? Nadie se queja de la desigualdad en el esfuerzo y en la formación; solo se habla de que queremos ser todos iguales. Y ese error lleva a que si tu igualas a la gente por el resultado, la gente se iguala por el esfuerzo. Mínimo.

–Con la elección de Trump, ha revivido el debate de la globalización o, mejor dicho, de algunas de sus indeseables consecuencias: paro, desregulación, merma de las condiciones laborales...

–Me parece absolutamente irracional oponerse a la globalización. Es como oponerse a la ley de la gravedad porque si te resbalas te caes. Es un proceso imparable y los más críticos no pueden despreciar el hecho obvio y estadístico de que hay cientos de millones de personas en los países subdesarrollados que han mejorado su renta gracias a ella. ¿Quién sale perjudicado? El que no se adapta, pero eso es biología, evolución.

–Hablemos de Trump.

–¿Qué pasa con Trump? Pues que si tú eres un trabajador de una línea de producción de General Motors en Detroit y tienes que elegir entre uno que te dice "hay gente en México que lo hace más barato, así que espabila, añade valor, fórmate más" y otro que te promete "yo voy a cerrar la frontera de México (que no lo va a poder hacer) para impedir que otros te quiten el empleo" está claro que la gente compra el segundo mensaje. Es mucho más cómodo, pero es completamente erróneo. Hay gente que piensa que siempre hay alguien, en algún lugar, que tiene la obligación de darme a mí un puesto de trabajo y, además, bien remunerado, estable y próximo a mi casa, y no hay nadie que tenga esa obligación. Yo siempre digo (y lo dije en una charla que ofrecí en Comisiones Obreras y no creo que me vuelvan a llamar) que en el espejo del baño de casa había que poner un letrero para verlo todas las mañanas que dijera: "Hay alguien esperando a hacer tu trabajo por la mitad de tu salario". Ahora bien, lo que tiene que hacer la sociedad es proteger a la gente que se queda descabalgada del proceso y, también, incentivar al que pueda volver a montarse en el tren. Para eso tiene que estar la solidaridad social, no para el que está cómodamente en casa. ¿Porqué California no tiene ese problema y no ha ganado Trump? Porque California tiene una economía que añade valor, que está liderando el mundo.

–Pero no me negará que la globalización ha provocado un enorme ‘dumping’ social en el que las economías occidentales compiten con países sin regulaciones ambientales, con sueldos de miseria, etc...

–En esto tiene toda la razón. Yo en esto soy igual de radical: libre competencia si, pero con reglas comunes. Entiendo la queja de las siderurgias que compiten con empresas chinas sin extracostes ambientales, con sueldos a la baja, sin respeto a las reglas de propiedad intelectual. Lo que hay que preocuparse es de que los chinos cumplan lo que cumplimos los demás, que una mano dentro del área sea penalti para todos. Y, en el caso contrario, barreras ‘antidumping’.

–El debate de las pensiones. ¿Hay solución para este nudo gordiano?

–Siempre hay solución. Es un problema de generar ingresos y elegir en qué te lo gastas. Toda la acción de Gobierno se resume en esto, pero aquí lo hacemos al revés: primero determinamos el gasto y luego pensamos como conseguir el dinero. Probablemente habría que hacerlo al revés, como en nuestras casas. ¿Como obtener los ingresos? Pues yo creo que mediante cotizaciones sociales no sería bueno, es más deben bajarlas porque son un elemento de competitividad tremenda con el exterior. Por tanto, habrá que ‘enchufarlas’ a los presupuestos. Será inevitable. Primero se empezará por las de viudedad y de orfandad y luego a las otras. Es un camino que no tiene vuelta.

Gastar menos

–Habrá que subir los impuestos...

–O gastar menos en otras cosas. A la administración pública hay que someterla a las mismas exigencias de control que tiene todo lo demás. El problema es que al sector público no le gusta que le midan. No se trata tanto de no gastar en sanidad o educación, sino de gastar mejor.

–¿Está de acuerdo con el mensaje de pesimismo que se extiende?

–A mi ese mensaje de que no funciona nada, de los recortes... Rajoy va a pasar a la historia como el Genghis Khan de los recortes y es el político español que más nos ha endeudado en valores absolutos... Es todo una mentira: nunca a lo largo de la historia se ha vivido tan bien como ahora. Hay que ser conscientes de esto y hay que ser conscientes de que eso es caro y, por tanto, hay que merecerlo, hay que hacer las cosas mejor y currárselo más. Hacer mejores productos, con más valor añadido que nos permitan cobrar más IRPF, más Impuestos de Sociedades para poder pagar las pensiones.

–Me parece una batalla perdida el intentar cambiar la percepción de Rajoy como Genghis Khan de los recortes que dice usted...

–Me parece desesperante. ¿En qué se basa si tenemos un billón de déficit? Además, se le critica por haber recortado y por tener mucho déficit. A la vez. Si se han hecho ajustes en el gasto social hay que entender que se ha pasado una tremenda crisis. Todos se han tenido que apretar el cinturón, empresas también, y ha habido mucha gente que ha perdido el empleo.