La industria se reivindica como motor del PIB y pide una formación acorde a sus necesidades

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Empresarios asistentes al séptimo debate en la sede de la CEOE. / Roberto Ruiz

  • Los empresarios evalúan cómo tomar las riendas y establecer una «hoja de ruta» que atienda a sus exigencias

El sector industrial emplea en Cantabria a casi 37.000 personas, sus retribuciones están por encima de la media regional, se trata de un empleo relativamente estable. Con este planteamiento, y aferrándose al hecho de que la industria aporta un 18% al PIB regional -cifra que, sin embargo, ha caído dos puntos en los últimos cinco años-, el sector, y en concreto el subsector del metal, quieren reivindicarse como motor económico de la región, hacer valer su posición frente a otros nichos de actividad con una proyección social más evidente, señalaron, como el turismo, y reclamar por ello visibilidad y acciones estratégicas y coordinadas que marquen objetivosy les ayuden a afianzar su posicionamiento en un contexto de competencia globalizada. Como expuso Roberto Aristi, director general de Edscha y uno de los ponentes, hay que reinvidincar el «atractivo de la industria» como fuente de empleo e innovación.

Esa es una de las peticiones, quizá un deseo, planteada en el 'VII Debate El Diario-CEOE', celebrado el pasado miércoles en la sede de la patronal y dedicado a analizar medidas de apoyo para el sector del metal en Cantabria. La cita, conducida por el redactor jefe de Economía de 'El Diario Montañés', Miguel Ángel Pérez Jorrín, reunió a directivos de empresas del metal o la automoción y a representantes de Editorial Cantabria.

El debate giró en torno al examen de la coyuntura, la queja y la llamada a la acción. Más allá de las diferencias en el análisis de las debilidades y de la situación que atraviesa el sector, lastrado por los efectos macro y micro de la última crisis, empresarios y empresarias coincidieron en defender con más con más energía el peso socioeconómico de su actividad. La industria debería de ser el motor de Cantabria «y no es así», lamentó Lorenzo Vidal de la Peña. El presidente de CEOE-Cepyme, parafraseando la principal conclusión de un informe oficial, lamentó que «en Cantabria no hay, ni ha habido nunca un plan, ni políticas industriales» concretas.

¿Necesita el sector un plan estratégico? Vidal de la Peña, al igual que otros directivos, defendió que se establezca una «hoja de ruta», que se reiteren las necesidades del sector, y que las riendas de cualquier estrategia las tomen los empresarios. «A partir de esto [la falta, a su juicio, de políticas específicas], lo que se haga lo haremos nosotros mismos, unidos. Hay que dar un golpe en la mesa y decir: Esto es Cantabria». Otras intervenciones coincidieron en la falta de interés del Gobierno por conocer qué necesita la industria; se comparó esta indiferencia con el apoyo, más visible, más evidente, al sector del turismo. «Y Cantabria es más que anchoas y Liébana».

Pedro Burgada, de Talleres Oran, intervino para defender la acción directa: «las iniciativas tienen que partir de las propias empresas», haya plan o no lo haya, quedando el Gobierno en un segundo plano. «Seamos nosotros los que hagamos hacer al Gobierno un plan», opinó Luis Pérez del Castillo (Fundinorte).

En el debate también se trató de identificar las debilidades del sector. ¿Cuáles son? Fernando Garay, director gerente de Vitrinor, y otro de los ponentes, esbozó algunas. La comunidad autónoma es pequeña y su 'masa crítica empresarial' también lo es. No cuenta, añadió, con grandes grupos «tractores» de la industria, «y este es un sector que demanda globalidad». A esto habría que sumar la competencia de países y zonas 'de bajo coste', la deslocalización empresarial, y el alza de los precios de las materias primas.

Escorias y Pymetal

Otros directivos coincidieron en la falta de masa empresarial. Mar Gómez Casuso, consejera de Industrias del Grupo Hergom, incidió en las «trabas» administrativas, que se traducen en «retrasos que dañan a la sociedad», exceso normativo (y distinto según la comunidad) o demasidas tasas.

Otro punto, con opiniones desiguales, fue la posibilidad de establecer alianzas con comunidades como el País Vasco -con un modelo industrial referente, según apuntaron algunos empresarios-, e, incluso, de servirse de las infraestructuras vecinas sin complejos.

También se debatieron problemáticas más concretas. En primer lugar, la falta de regulación para dar salida a las escorias metalúrgicas. «No hemos revisado el uso de ese residuo en la actualidad», indicó Martín Silván (Asociación de Productores de Energía de Cantabria). Aludía de este modo a la falta de revisión del decreto de 2012. En segundo lugar, algo que escuece a los empresarios: el papel que juega otra patronal del sector, Pymetal, en representación del mismo, sobre todo a la hora de firmar convenios colectivos que han dañado sus intereses. Hay una demanda en curso para clarificar este aspecto.

Formación, fuga de talento

La formación y la 'fuga' de talento fueron asuntos transversales. Fernando Garay, además de apostar por las fórmulas del clúster, de la especialización de la actividad y de los centros tecnológicos para sortear los problemas derivados del tamaño de la comunidad y de la globalización, esbozó también la idea de ajustar la formación al presente empresarial. Aristi abanderó este planteamiento: adaptar la formación a las necesidades del sector, algo que permitiría retener el talento regional, también atraerlo. En este sentido, reclamó la acción directa de la administración, que media entre los entes formativos y las empresas. Le reclamó, entre otras cosas, que no varíen las reglas del juego de forma constante.

No hubo acuerdo a la hora de valorar el grado y calidad formativos de los recién titulados o graduados. Hubo valoraciones contrapuestas: están al día en herramientas tecnológicas, pero «no hablan un segundo idioma». Se debatió sobre la posibilidad de recuperar la figura del aprendiz, de impulsar la FP dual -ciclos que combinan la formación en el centro educativo y el de trabajo-, e incluso de la formación universitaria dual. Y circuló la necesidad de atraer a los profesionales que han emigrado. «Hay una generación malgastada», expuso Rafael González de la Mora (Acevent). Luis Pérez opinó: «A cualquier persona que esté fuera y que se le ofrezca la oportunidad de hacer lo mismo aquí querría venir».

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