"El problema de la política energética en España es el de la inseguridad jurídica"

González Payno, en la oficinas de Aldro en Torrelavega.
González Payno, en la oficinas de Aldro en Torrelavega. / Luis Palomeque
  • José Francisco González Payno es el director general de Aldro Energía y Soluciones, la comercializadora de electricidad de Torrelavega, que cumple su tercer año con 60.000 clientes y a punto de extender su actividad a Portugal

"Nuestro límite está en el infinito", asegura optimista José Francisco González Payno (Torrelavega, 1966), el ingeniero de minas que dirige, tras su paso por Agromán y Sniace, la comercializadora eléctrica Aldro, del Grupo Pitma. En pleno crecimiento en su tercer aniversario, y comenzando la aventura portuguesa, González Payno lamenta la inseguridad jurídica del mercado, "que nos afecta a los pequeños", se muestra poco optimista con la posibilidad de que se construyan parques eólicos en la región y es capaz de demostrar con pruebas que la electricidad no es más cara que en Europa, "aunque luego están los impuestos", aclara.

-¿La de Aldro es una historia de crecimiento desde su fundación, hace ya tres años?

–Desde el inicio. Nuestra primera compra de electricidad fue en mayo del 2014. Queríamos hacer 200 clientes ese año y terminamos con 2.000. Ahora tenemos 70 oficinas y delegaciones en España y Portugal, 100 empleados y 65.000 clientes, de los que 8.000 son pymes. Estamos por facturación entre las 20 empresas mayores de la región.

-¿Cómo venden su servicio?

–Tenemos una red comercial con ocho coordinadores que se reparten España y Portugal (donde abrimos ahora con electricidad y gas) y una red de ventas. Estamos en todas las áreas. La parte doméstica de luz y gas lo hacemos a través de televenta con los call-centers del Grupo Pitma, y con ajenos al grupo. Y luego está nuestro principal campo de batalla, que son las pymes. Ahí vamos con vendedores especializados y después tenemos un departamento de grandes cuentas, industrias, administraciones, etc. Las pymes son nuestro objetivo estratégico de crecimiento. En este momento somos la séptima comercializadora que más crece en gas y la décima en electricidad de las 50 que hay en España.

–Son el penúltimo eslabón de una cadena, que acaba en el cliente...

–Yo diría que estamos en el centro. Primero están los generadores de electricidad, que producen, pero no pueden vender. Después nosotros, los comercializadores, que podemos vender, pero no producir. Y, entre los comercializadores y los clientes, las líneas eléctricas, que gestionan las compañías distribuidoras. La energía se adjudica en una bolsa, el pull eléctrico, en la que los generadores venden y los comercializadores compran. Cuando sobra electricidad –un invierno con temporales y una alta producción eólica e hidráulica– el precio baja. Y sube cuando pasa lo de ahora, sin viento, con la mayor sequía de los últimos 20 años y con una central nuclear parada por mantenimiento. En esta circunstancia entran a generar el gas natural y el carbón, las tecnologías más caras.

–Pero la percepción del usuario, no sé si equivocada, es que los precios de la electricidad siempre suben...

–No es correcta. La tendencia del precio de la electricidad en el mercado mayorista no sube. Pero es preciso distinguir. Una parte es el precio de la electricidad pura, lo que da calambre para entendernos. A eso hay que sumar el coste de transporte a través de la red (los peajes), lo que se paga a Endesa, Iberdrola o Viesgo, y el resto, los impuestos. El 36% más o menos de la factura es lo que da calambre, un 16-20% el peaje y el resto impuestos y tasas, cosas que se le suman al recibo y que hay que pagar. Y que yo no digo que no haya que pagar, que quede claro.

–¿Son excesivos los impuestos que se aplican?

–Bueno, o están en el recibo o estarían vía IRPF. A mí no me importa pagar 20 euros más al año para que haya más energías renovables en España. ¿Porqué? Ahora se está diciendo en algunos documentos e informes que el desarrollo de las energías renovables tiene que ir a los Presupuestos Generales del Estado. Bueno, no tengo ninguna pega. Podemos repartírnoslo entre todos, pero yo prefiero gastarme 1.300 millones en desarrollo eólico, minihidráulico o de biomasa que en pagar el yacimiento subterráneo de Castor, que no vamos a usar. Lo que tenemos que hacer es decir las cosas claras. ¿Para qué recaudo el dinero? ¿Para las energías renovables? Estoy de acuerdo con la tasa. Ahora bien, ¿emplear el dinero de la factura eléctrica para una autovía? Ya no estoy tan seguro. Deberíamos sacarlo de otro lado o al menos explicarlo bien. Tiene que haber una transparencia total.

–Pero el usuario normal, habitualmente lo que ve es el precio final...

–Es que esto no es sencillo. Pondré un ejemplo: un día un cliente ve en el telediario que en enero la electricidad ha subido, pero también ve que su recibo no se mueve. Tiene, como muchos otros, la electricidad a precio fijo. ¿Qué ocurre? Que en enero su factura pasa de 50 a 75 euros. ¿Por qué? Porque tiene un mayor consumo, pero el precio de la electricidad no ha variado.

–¿A cómo está el megavatio?

–Para mañana (el jueves, día 15) está a 54 euros. Y viene una ola de calor y subirá: no hay hidráulica, ni viento. Ahora la punta de consumo es en verano, por los aires acondicionados; antes era el invierno.

–¿Y un cierre total de las nucleares como ha anunciado Alemania?

–Imposible. No se pueden cerrar. Hay que ver lo que ha pasado en Francia: ha tenido un problema con sus nucleares, vino en enero la ola de frío y el megavatio se puso a 120 euros. Hoy está a 51 y sigue siendo un precio alto. Y nosotros importamos de Francia anualmente el equivalente de la producción de dos centrales nucleares y media. Si de todo este entramado se caen las centrales nucleares... Estoy convencido de que no vamos a depender únicamente de una forma de generar energía; hay que usar todas: la nuclear, la biomasa, la eólica, la solar, el carbón, el gas. Y también hay que tener en cuenta que en España hay el doble de potencia generadora de energía que la que consumimos. Tenemos 100.000 megavatios instalados y consumimos al año 47.000. Y por cada megavatio eólico tiene que haber un respaldo de uno convencional. Pero cerrar las nucleares...

–Podrían entrar en servicio todos los ciclos combinados, que están casi parados...

–Pero entonces subirá el precio de la electricidad. Además, vivimos una época de calentamiento global. El año pasado fue el único, en la serie histórica de Enagas, en la que no hubo ola de frío. Con los combustibles fósiles el problema es de hoy y con los combustibles nucleares es dentro de 100 años. Igual me tengo que preocupar por lo que va a pasar el lunes y no dentro de cien años. Por eso hay que mirar a las energías renovables, a la nuclear y, también, al carbón. Ya hay técnicas disponibles para descarbonizar las centrales térmicas de carbón.

–¿Hay que bonificar el precio a los consumidores industriales?

–Ya lo hacemos, es la interrumpibilidad. El sistema beneficia así a las grandes industrias consumidoras. Nos cuesta a dos euros el megavatio, que pagamos entre todos los consumidores. No obtienen el beneficio a través de los Presupuestos Generales del Estado; se les baja el recibo de la luz y nos lo repartimos entre todos. Yo lo veo bien. Prefiero que un gran fabricante de acero esté en España que en China. Y hay que ser claro con las cifras:a cada consumidor esto nos cuesta dos euros/megavatio, pero al año una familia normal consume tres megavatios y medio. Estamos hablando de siete euros en la factura anual. Yo me quedo muy tranquilo pagando esto.

–¿Ustedes qué aconsejan, precio fijo o variable en la tarifa?

–Yo aconsejo lo que tengo en mi casa, precio variable. Es mejor que el fijo, lo mismo que las hipotecas. El precio fijo tiene una prima de riesgo que asumen las comercializadoras y por eso es más caro. En el caso del precio variable, el riesgo está en el cliente. En enero de este año, el precio por kilovatio del pull estuvo en 70 euros, por las especiales circunstancias francesas del parón de varias nucleares. Pero el año pasado estuvo en 25 euros. No se oía hablar de lo barata que estaba la electricidad, pero las industrias si lo notaron y cerraron entonces contratos.

–Pero esas oportunidades no las tiene el pequeño consumidor o la pequeña empresa. No todo el mundo puede ser un experto en este tipo de mercado...

–Esa es nuestra diferencia. Nosotros tomamos productos destinados a la gran empresa, puros y duros precios de mayorista, y los trasladamos a la pyme: contratos fijos, contratos variables con techos de subida... Soluciones para grandes consumidores abiertas a todo el mundo. Como los adelantos de la Fórmula 1 que luego pasan a los coches de carretera.

–Una forma distinta de vender...

–Pertenecemos al Grupo Pitma y si algo sabemos es vender. Está en nuestro ADN. Siempre hemos tenido esto en cuenta y por eso nos hemos roto mucho la cabeza antes de salir mal mercado. Y también el asesoramiento.

–Las facturas de la luz se han vuelto un poco más legibles últimamente...

–A mi me duele mucho oír a un jefe de compras decir eso de que "es que los recibos de electricidad"... Y yo les digo que no saben los misterios de la fijación del precio del langostino, cuando el mayor criadero del mundo está en el desierto de Arabia Saudí. Comprar electricidad en España no es difícil, pero hay que tratar con un comercializador que sepa explicarlo desde el punto de vista industrial. Y que no cobre por ello. Contratar un asesor para que te explique una factura eléctrica supone el fracaso de una comercializadora.

–¿Y generalmente se sabe?

–Hay mucho que explicar. Por ejemplo, la potencia. Hay pymes que tienen contratada claramente una potencia por encima de la que necesitan; es como si tiraran todos los meses el dinero a la basura El dueño tiene ahora máquinas que consumen la mitad de lo que gastaban hace 20 años; la iluminación led un 70% menos...

–Desde su punto de vista, ¿el sistema eléctrico español está bien diseñado? ¿Garantiza competencia entre operadores y el mejor precio posible para los usuarios?

–Los precios del kilovatio (y vuelvo a la imagen del calambre) son similares a los de países europeos con los que competimos. Pero el precio final, con peajes e impuestos, sí que está en la zona media alta de los precios de Europa. En cuanto al sistema, está bien diseñado y funciona. Es muy complejo y los sistemas, cuanto más ajustados están, más complejos se vuelven. Yo creo en el sistema eléctrico español es puntero en el mundo en muchas cosas y asegura un suministro de calidad. Red Eléctrica Española, el operador global, es puntera. Lo mismo que las infraestructuras de gas de Enagas. Claro que tiene que mejorar y que tiene puntos complicados... Por ejemplo, la regulación del autoconsumo. Hay que echar abajo el decreto de autoconsumo y hay que poner en marcha una regulación clara para que las pequeñitas como nosotros podamos competir bien.

–Y algunas cosas más...

–Es problema que yo veo en la política energética es que no se planifica a largo plazo. Y luego está la inseguridad jurídica. Tenemos un problema: cuando llegas a la meta te la mueven de repente. Por ejemplo, la cogeneración industrial está muerta: decidieron matarla, bajaron primas, etc. Pero la industria ha planificado unas inversiones (una turbina cuesta 12 millones de euros) y no es admisible que se cambien reglas a mitad del partido. Hemos visto lo mismo en la generación eólica y en la solar con las consecuencias conocidas. La inestabilidad jurídica provoca es que se paren inversiones.

–Pero parece que si hay dinero para las subastas actuales de renovables. [La próxima se celebrará el 18 de julio].

–Vamos a ver. Hay un problema. En las últimas subastas las primas han sido cero. Pero hay tecnologías, como la fotovoltaica, que no pueden funcionar con primas cero por que no llega. Por eso no sale ninguna en estas subastas, que se adjudican al precio más bajo. Lo cierto es que antiguamente se hicieron burradas con las primas, pero ahora se hace lo contrario. No existe término medio.

–¿Y qué pasa en Cantabria con la energía eólica que no acaba de arrancar? ¿Problemas ambientales, dificultades burocráticas, pérdida de la oportunidad?

–Yo creo que se junta todo. Tenemos una geografía maravillosa en la que nos fastidia poner molinos; cuando pudimos ponerlos no lo hicimos y luego cambiaron la legislación, los precios y las retribuciones... Creo que llegamos un poco tarde a ese desarrollo.

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