GOF firma el acuerdo sobre su deuda con la terminal alimentaria saturada

Los almacenes de la terminal agroalimentaria están llenos. / Andrés Fernández
Cantabria

La compañía está alquilando almacenes en Cantabria y Castilla y León para gestionar la masiva llegada de cereal de importación

M. A. PÉREZ JORRÍN SANTANDER.

El grupo GOF y las entidades financieras firmaron el pasado 26 de septiembre todos los documentos relativos al acuerdo de refinanciación de la terminal de graneles agroalimentarios de Santander (TASA), alcanzado el pasado 24 después de superar cuatro meses de negociaciones del preconcurso de acreedores. Con este compromiso, la empresa cántabra ha logrado evitar la liquidación y solventar la crisis que la había puesto a las puertas de una subasta de las instalaciones.

La operación culmina en el que probablemente es el mejor momento de la terminal, que desde hace varios meses está prácticamente saturada por la llegada de masivas importaciones de cereal provocadas por la sequía y ha tenido que alquilar almacenes de respaldo.

El acuerdo establece que el grupo cántabro siga explotando la terminal, tal y como lo ha venido haciendo desde que empezó a operar, en junio de 2012. Las entidades financieras, por su parte, han capitalizado parte de la deuda. El nuevo reparto sitúa a Abanca como principal accionista, con el 31,56%. GOF conserva el 29,4%, mientras que Liberbank obtiene el 19,44% y Ahorro Corporación se queda con el 19,6% restante. Los dos bancos tendrán ahora el 51% de las acciones de la titular de la terminal. Las instalaciones requirieron una inversión de 40 millones de euros. Liberbank y Abanca aportaron el 75% del capital, unos 30 millones de euros. El director general del Grupo GOF, Andrés Gómez Bueno, ha valorado muy positivamente el respaldo de las entidades al proyecto y ha señalado que la terminal afronta esta nueva etapa con «optimismo e ilusión». «La estabilidad financiera nos permitirá centrar todos nuestros esfuerzos en incrementar la cuota de mercado».

Medidas medioambientales y ferrocarril

Andrés Gómez Bueno subraya que la viabilidad futura de la instalación depende en buena parte de dos factores: que la Autoridad Portuaria de Santander exija a todos los operadores las mismas garantías medioambientales que se establecieron para la construcción de la terminal y que aumente la capacidad de transporte por ferrocarril para evitar la congestión de tráfico durante picos de actividad.

La construcción de la terminal dotó a Cantabria dotó así de una instalación puntera, diseñada para preservar la calidad ambiental de los vecinos de Santander y asegurar las condiciones higiénico-sanitarias en la manipulación de mercancías. Gómez Bueno confía en que la APS apueste de nuevo por “»situar al Puerto de Santander a la vanguardia de la conciencia ambiental y sanitaria».

Mientras tanto, más allá de la solución de la deuda, lo que ahora preocupa a los gestores es acoger y almacenar las decenas de miles de toneladas que llegan y que desbordan la capacidad de almacenamiento de la terminal, establecida en 42.000 toneladas de cereales y 66.200 toneladas de harina. En este momento se están descargando 17.000 toneladas de guisantes y hay 70.000 toneladas de harina de soja y trigo a bordo de barcos con destino Santander. La terminal ha acogido ya más de 300.000 toneladas mientras que en todo el año pasado almacenó únicamente 228.000. «Probablemente a este ritmo llegaremos al millón de toneladas en el conjunto del puerto», estima Gómez Bueno.

Otros dos operadores, Bergé y Noatum, trabajan también en el puerto de Santander con graneles alimentarios con sus propios medios y fuera de la terminal. Hasta medidos de septiembre llevaban descargadas del orden de las 210.000 toneladas, de las que casi 200.000 corresponden a Bergé.

Tratar estas ingentes cantidades de cereal, que además llegan con una cadencia casi constante, se ha vuelto muy complicado: todos los operadores se enfrentan a un recorte de medios externos notable en cuanto a transporte por carretera y ferrocarril.

La crisis 'sacó' fuera del negocio en los últimos años a cientos de camioneros y, ahora, literalmente no hay vehículos en Cantabria para afrontar la demanda que se está haciendo. Y tampoco trenes: «Renfe no atiende adecuadamente las peticiones y nos dice que hasta diciembre no tendrá más disponibilidad», asegura Gómez Bueno, que cree que hay una falta da maquinistas en la operadora.

Otra circunstancia también dificulta la operación, según Gómez Bueno. «Hay una cierta especulación en el mercado de cereal. Muchos operadores fletan barcos sin la mercancía vendida y necesitan, por tanto, un margen de almacenamiento para culminar el negocio, justamente lo que ahora no se les puede ofrecer».

Para intentar paliar esta falta de espacio, el grupo está alquilando almacenes en Cantabria y en Castilla y León al mismo tiempo que activa todas las posibilidades de descarga en el puerto. «Estamos obligados a operar coordinando las labores de desalojo de la terminal con la entrada de nuevas cargas: si no hay salida de cereal no puede entrar nada nuevo», confirma el gerente de TASA. Otras fuentes del puerto han ratificado que varios barcos se han desviado a Bilbao ante la dificultad para descargar en Santander.

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