VERDADES Y MENTIRAS DE LA BRECHA SALARIAL

En España las mujeres ganan menos que los hombres, pero no por el mismo trabajo. Las féminas tienen menos antigüedad, eligen carreras peor pagadas y reducen su jornada para atender a sus hijos. La segregación y el 'techo de cristal' hacen el resto para limitar su ascenso laboral

Las españolas ganan un 15% menos a la hora. Y en casa trabajan cada día 2 horas más./
Las españolas ganan un 15% menos a la hora. Y en casa trabajan cada día 2 horas más.
INÉS GALLASTEGUI

El jueves 22 de febrero se celebra el Día Internacional de la Igualdad Salarial y en las jornadas previas los medios de comunicación lanzarán titulares alarmantes, como «las empresas pagan más a los hombres por hacer la misma tarea», «las mujeres trabajarán gratis desde el 8 de noviembre hasta fin de año» o «a las trabajadoras nos roban en el salario y en la jubilación». Una vieja máxima pone en entredicho las verdades matemáticas: si tú tienes un pollo y yo ninguno, la estadística dice que nos toca a medio pollo por cabeza. Con la brecha salarial ocurre algo parecido: a las mujeres, en conjunto, les toca menos pollo. En concreto, un 23% menos. Uno puede quedarse con el trazo grueso y llevarse las manos a la cabeza ante lo que parece una flagrante injusticia. O puede hacerse algunas preguntas. Hilar más fino. ¿Realmente hacen hombres y mujeres lo mismo pero reciben por ello salarios distintos? Si tenemos en cuenta que las españolas llevan menos tiempo en el mercado laboral, se ocupan en labores y sectores peor pagados, ascienden con más dificultad y se acogen a más contratos a tiempo parcial, reducciones de jornada y excedencias para cuidar de niños y mayores, la respuesta es no. «Si las empresas pudieran pagar una cuarta parte menos a sus trabajadores por el simple hecho de ser mujeres, solo las contratarían a ellas. No existiría el paro femenino», ironiza el analista económico Diego Sánchez de la Cruz.

En realidad, pagar distinto por el mismo trabajo es una práctica ilegal en España desde que en 1980 se aprobó el Estatuto de los Trabajadores. La ley 11/1994 fue más allá al establecer el pago de igual salario para trabajos de igual valor, lo que introduce un matiz importante. Porque casi todos los actores que miran con cierta seriedad el problema coinciden en que la discriminación salarial no es generalizada y que, cuando existe, no es burda –mismo trabajo, distinto salario–, sino sutil. Es decir, dos trabajadores de las mismas características con la misma categoría en la misma empresa no pueden cobrar cantidades distintas a fin de mes. El problema surge, por ejemplo, cuando están adscritos a categorías distintas, aunque equiparables, y cada una de ellas es mayoritariamente femenina o masculina. Por ejemplo, el plus de peligrosidad suele pagarse a operarios que manejan maquinaria –casi siempre, varones–, pero en cambio no se reconoce a trabajadores expuestos a productos químicos, como los del sector textil o la limpieza, mayoritariamente femeninos. Los hombres también cobran más complementos de nocturnidad, penosidad, peligrosidad, turnicidad o por trabajo en fin de semana.

Sin embargo, el factor más importante en la desigualdad salarial entre hombres y mujeres se encuentra en el hecho de que estas últimas ocupan en mucha mayor proporción puestos a tiempo parcial o se acogen a reducciones de jornada, nada menos que un 24% del total (casi dos millones de mujeres), frente a solo un 8% de los hombres. Este único dato distorsiona cualquier intento de comparar dos conjuntos –la masa salarial femenina y la masculina– que no se parecen en nada: si se compara solo a los trabajadores a tiempo completo, la diferencia se reduce al 11,57%, según reconoce la propia UGT en un informe de 2015.

En cifras

Menos en el sector público
La desigualdad salarial es muy inferior en el sector público, menos del 11% de diferencia entre el conjunto de las mujeres y el de los hombres, frente al 28% en el sector privado
Grandes diferencias
Hay menos diferencias salariales en la construcción (5,7%), la educación (7,8%) y la administración pública (8,7%) y más en los servicios (34,1%) y el comercio (28,1%). El único sector en el que las mujeres ganan más (19%) es el de las industrias extractivas (minas, gas y petróleo)
1,5
millones de mujeres en España cobran el salario mínimo interprofesional, este año de 735 euros, frente a solo 739.000 hombres, según un informe de UGT. Hay más féminas en trabajos poco cualificados
Poca brecha entre jóvenes
Las diferencias salariales entre sexos son inversamente proporcionales a la edad –el 15% en la población de 25 a 34 años y el 27% en los mayores de 55– y al nivel de estudios, desde el 35% entre los trabajadores con educación primaria al 23% de los licenciados universitarios
Vascas mejor que canarios
La brecha geográfica es mayor que la de género. La media del salario femenino en el País Vasco (23.781 euros) es mayor a la media masculina en Canarias (20.641). La comunidad con más diferencias entre ellos y ellas es Navarra (29,65%) y la que menos, Canarias (11,82%)
Carreras peor pagadas
Las chicas son más en la Universidad (53%) pero eligen carreras peor pagadas. Solo el 24% de los alumnos de ingeniería, producción industrial o construcción y el 12% de tecnologías de la comunicación son féminas. Son mayoría en los estudios de sanidad y educación

Los sindicatos aseguran que hay un alto porcentaje de trabajo temporal involuntario, sobre todo en los empleos de menor cualificación.Pero sí son voluntarias las reducciones de jornada, en las que el beneficiario ve recortados su jornada laboral y su salario de forma proporcional –entre un octavo y la mitad–, generalmente a cambio de ‘bloquear’ su horario para hacerlo más compatible con el cuidado de un hijo menor de 12 años o discapacitado o un familiar dependiente. En España, la inmensa mayoría de los asalariados que solicitan esta medida son mujeres. Lo mismo ocurre con las excedencias.

En su informe ‘Brechas de género en el mercado laboral español’, realizado para la Fundación de Estudios para la Economía Aplicada (Fedea), los investigadores Juan Ignacio Conde-Ruiz e Ignacio Marra de Artíñano resaltan que el aumento de la participación laboral femenina en España ha sido el mayor de la Unión Europea en los últimos 15 años, desde el 35% en 1985 hasta el 68% en la actualidad, pero no ha ido acompañado de mejoras en la conciliación: las mujeres dedican 2 horas más al día de media a tareas domésticas y cuidado de hijos.

«Las mujeres se autodiscriminan. Los estereotipos siguen pesando» M. ÁNGELS VILADOT, PSICÓLOGA

Esto tiene importantes consecuencias económicas. Los varones en el mercado de trabajo, como media, son mayores y llevan más tiempo ocupados, lo que se traduce en más pluses por antigüedad y en mejores puestos, ya que, por lo general, uno mejora su estatus profesional y aumenta sus ingresos a medida que gana en experiencia. Trabajan más horas y raramente interrumpen su carrera, dejan un trabajo o piden una excedencia para cuidar de sus hijos, por lo que, de nuevo, acumulan más antigüedad y progresan más.

¿Por qué solo concilian las mujeres, si los hijos son también de sus padres? ¿Por qué ellas toman decisiones que perjudican su carrera profesional, reducen sus ingresos por trabajo y empeorarán sus pensiones futuras? La respuesta es compleja. Para Gerardo Meil, catedrático de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid, la responsabilidad de que sean las mujeres las que soporten el mayor peso del cuidado de los hijos está repartida: hay madres que se acogen a jornadas reducidas porque quieren pasar más tiempo cerca de sus hijos, una experiencia vital que no desean perderse ni transferir a su pareja, y otras que deciden disfrutar de ese derecho –con sus consecuencias negativas en lo económico y lo profesional– porque ganan menos o tienen un empleo más seguro que sus maridos (el 58% de los asalariados del sector público son féminas).

Camareros: 500 euros más que las camareras

El Tribunal Superior de Justicia de Canarias reconoció en 2017 a las camareras de piso de un hotel de Tenerife su derecho al mismo plus de productividad que percibían los camareros de sala. Según la sentencia, a pesar de que las tareas que realizan ambos colectivos son equiparables en cuanto a cualificación y carga de trabajo, las limpiadoras de las habitaciones cobraban un complemento de 139 euros, mientras que el de los empleados de hostelería (mayoritariamente hombres) era de 640. Apenas existen sentencias como esta. «La discriminación es muy difícil de demostrar –justifica Cristina Antoñanzas, vicesecretaria general de UGT–. A menudo hay un salario base y muchos complementos que se pagan de forma discrecional»

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