Elecciones EEUU
Máscaras de Trump y calcetines de Clinton.
Máscaras de Trump y calcetines de Clinton. / Reuters

Adiós al idilio económico americano

  • Los socios de EE UU, a la espera de que Trump no trastoque sus relaciones con el país

  • El candidato juega con un proteccionismo que afectaría al comercio mundial y afrontan unos intereses al alza que marcan el camino a la UE

Al futuro presidente de Estados Unidos, en este caso Donald Trump, se le presenta un margen de maniobra mucho más restrictivo que el que ha tenido Barack Obama en sus dos mandatos consecutivos para gobernar la primera potencia del mundo. Deberá enfrentarse a un entorno financiero y empresarial mejor que el que recibió su predecesor –en plena crisis de Lehman Brothers–, pero con la muy reducida posibilidad de aplicar las grandes promesas.

El país ya está saliendo de la crisis. Y eso es bueno. Pero a la vez una condición más exigente para quien tome sus riendas. Obama le deja una economía «ordenada», afirma Santiago Carbó, profesor de Cunef. «No debería romper muchos juguetes con las políticas que practiquen», advierte este experto en referencia a las promesas electorales.

Estados Unidos registra ya la menor tasa de paro de la crisis –por debajo del 5%–; un crecimiento cercano al 3% interanual;y con una inflación que se acerca al 2%.

Trump debería «dedicarse a mantener ese liderazgo, y no cambiar las medidas que han funcionado en la banca, y normalizar la política monetaria», indica Santiago Carbó. Pero no parece que vaya a ser así, al menos en todos los departamentos que tendrá bajo su mando el futuro presidente. Y ahí es donde se encuentran pendientes los socios comerciales de EE UU. Tienen mucho que decir Canadá, donde exporta un 19% de sus bienes de todo el mundo, México (16%) o China (7,7%). Pero también Europa.

Ni el mismo TTIP ni el Nafta

Ambos candidatos planteaban una vuelta al proteccionismo. «Lo hace tanto Donald Trump, quien propone más aranceles a las importaciones, como Clinton, para quien el acuerdo TTIP es ahora secundario», indica Aurelio del Barrio, profesor del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB). Todas las señales demuestran que demócratas y republicanos «se han vuelto más protectores al darse cuenta de que tienen que dar respuesta del temor que tienen muchas clases medias norteamericanas al proceso de globalización», sostiene Josep Comajuncosa, profesor de Esade.

Ese proteccionismo puede perjudicar especialmente al gigante asiático, que se ha adentrado como un caballo de Troya en la economía estadounidense en los últimos años. También a México, el país con el que EE UU comparte miles de kilómetros de frontera y unas intensas relaciones, donde se encuentran expectante ante el nuevo presidente. Trump ha prometido un impuesto del 35% para las importaciones de este país y un cambio del Nafta (Tratado de Libre Comercio de América del Norte). «Resulta llamativo cuando México es uno de los principales socios económicos y estratégicos», apunta Albert Enguix, analista de GVCGaesco Beka.

Dinero más caro

El mundo también permanece atento al viraje que va a iniciar la Reserva Federal (FED). El organismo monetario anticipó el pasado miércoles que en el encuentro de diciembre aprobará una subida de tipos de interés. Se acabó el nirvana crediticio del que ha disfrutado el país. «La ortodoxia de este organismo le obliga a hacerlo en la medida que la economía siga al ritmo actual», reconoce Comajuncosa.

Y gobernar con un precio del dinero en alza no es lo mismo que hacerlo con los estímulos, ayudas y apoyos ofrecidos por la FED desde finales de 2008. Además de hacer frente «al incremento moderado pero continuo de la inflación», sostiene Aurelio García del Barrio, «la debilidad de los beneficios empresariales pueden limitar el crecimiento». Sin contar con el impacto en las rentas de las familias, que tendrán que pagar más por sus hipotecas y créditos, aunque también consigan una retribución mejor por el dinero que consigan ahorrar.

Si la FED sube los tipos abre la puerta a que el Banco Central Europeo (BCE) y el de Japón (BoJ) sigan el mismo camino, aunque no parece que vayan a hacerlo a corto plazo. Pero, tarde o temprano, ocurrirá. Y las grandes áreas económicas, como la zona euro tendrán que enfrentarse a un contexto distinto al del actual euríbor en negativo, la facilidad para colocar deuda pública o la financiación de las corporaciones.

Atajar el déficit

La gestión de los presupuestos norteamericanos también se verá restringida después de varios años en los que la deuda ha pasado de representar el 77% del PIB hasta el 106%. Donald Trump ha prometido reducir las tarifas actuales del impuesto de la renta, para evitar que 75 millones de ciudadanos paguen este tributo; así como un recorte del impuesto de sociedades (del 35% al 15%) para animar a que las empresas mantengan sus negocios en el país.

Josep Comajuncosa reconoce que ambos programas electorales «no terminan de cuadrar». Cualquiera de ellos «deberá tomar medidas impopulares» para afrontar las medidas de una FED mucho más exigente que con el saliente Obama», dice.