Reina (2d), vistió una camiseta del jugador del Betis Miki Roqué durante la celebración./AFP. VÍDEO: ATLAS ESPAÑA
No fue la locura colectiva que se desató hace cuatros en Viena, ni mucho menos la celebración del Mundial de Sudáfrica. Por la crisis, por los precios prohibitivos de los hoteles en Ucrania o por la costumbre de ganar, los aficionados eran menos y no tan ruidosos. 'La Roja' escribe con letras de oro una página de la historia y dibuja un trébol jamás conseguido, pero el triunfo ya se ve como algo normal. Lo festeja con naturalidad y se lo dedica a Puerta, Jarque y Miki Roqué, compañero desapaecido. Empieza a ser en el fútbol lo que es Rafa Nadal sobre arcilla. Una apisonadora.
Hubo gestos demostrativos de que el grupo está unido. El banquillo, de nuevo con Reina a la cabeza, vivió el choque con gran intensidad. Aplaudieron a rabiar cualquier jugada, recriminaron al portugués Proença y festejaron como una piña todos los goles. El más radiante ere quizá Fernando Torres. Fue campeón de Europa pero no había brillado en el Chelsea. Quería desquitarse y volvió a ser protagonista en la final. Salió y marcó. No era un gol decisivo como ante Alemania pero se vino arriba. Acabado el choque, fue despedido al grito de «Torres, Torres», y lo agradeció. Luego, dio la nota de emoción con los niños. Todos los internacionales buscaron a sus seres queridos a pie de campo. Emoción especial por Mata. No había jugado un solo minuto, salió y puso la guinda a un título de ensueño. Todos con 'Juanín'.
Tras un baile grupal, excepción hecha de un Piqué que se abrazó con Valdés y de un Xabi Alonso junto a Ramos, los campeones hicieron pasillo a los italianos cuando los transalpinos subieron a recoger sus medallas. No estaban hundidos, prueba evidente de que se sentían inferiores. Perder 4-0 es un mazazo para los orgullosos italianos, que sienten muy dentro el Himno de Mameli, pero cuando uno da todo lo que puede se siente íntimamente satisfecho.
Los protagonistas recibían el título, saltaban gozosos, y Buffon les miraba con resignación. Y Pirlo lloraba, sabedor de que se encontraba ante su último gran campeonato. Casillas alzó la Copa junto a Xavi, su compañero en mil batallas, el genio de la lámpara maravillosa. Ramos y Cesc lucían camisetas en apoyo a Miki Roqué. Quedaba el baile al ritmo de 'Paco el Chocolatero'. Llegados a ese momento, 'Manolo el del Bombo' hacía las delicias del realizador. Ya con el trofeo, los campeones se lanzaron al césped junto al córner. Y brindaron con la afición, cada uno con su bandera más querida, Ramos con el capote pero todos unidos por 'La Roja'. El fútbol como lugar de encuentro. Factor vertebrador de un país hundido por la economía. Los fuegos artificiales cerraron la noche inolvidable de Kiev. Una más. Ya sin humo, en la grada mas lejana al palco todavía se podían leer pancartas de lo más curiosas. Una llegada desde el País Vasco: «En Brasil 2014, Toquero delantero». Otra de Navarra: «`Con dos cogollos de Tudela!».