Del cielo al infierno con María Ke Fisherman

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Una modelo luce una de las propuestas para la primavera/verano de 2017 de María Ke Fisherman. / Efe

  • Teresa Helbig baila entre plumas con una exquisita colección de vestidos más de alfombra roja que nunca

  • Amaya Arzuaga desempolva piezas de sus anteriores propuestas para seguir con su estudio de los volúmenes

  • Maya Hansen vuelve a sus orígenes sobre ruedas, mientras María Escoté empapa de cultura china su colección menos macarra

La tercera jornada de la Mercedes Benz Fashion Week Madrid ha comenzado sobre ruedas gracias a Maya Hansen. La diseñadora se ha puesto las botas de patinaje para recordar los tiempos en los que apenas se las quitaba, cuando era patinadora artística. Una espinita que necesitaba sacarse y lo ha hecho con una colección deportiva con cierto aire biónico en la que sus famosos corsés han vuelto a ser protagonistas junto a prendas estructuradas, que ha aderezado con rodilleras y polainas en un guiño al hockey. Bozales, máscaras y protecciones de hombro y cadera han sido diseñados por la arquitecta María G. Orille e impresos en 3D.

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Una inyección de energía reforzada por María Escoté. La original diseñadora ha estado trabajando todo el verano en China, donde ya tiene una treintena de puntos de venta, y se ha empapado de su cultura para plasmarla en su propuesta menos macarra, trabajando por primera vez trabaja el ‘oversize’ sin florituras.

Escoté ha tomado el Taekwondo como referencia para bolsos y cinturones, que acaban dando paso a delicados vestidos modelados sobre maniquí. Una colección que no parecería de Escoté si no fuese por los estampados asiáticos ‘freaks’ y sus clásicos vestidos mini súper ceñidos.

La sofisticación ha llegado con la exquisita Teresa Helbig. La modista se ha inspirado en un vestido de plumas que llevó a una fiesta hace veinte años y por el que muchas mujeres se interesaron. Todo empezó con esas plumas, que dieron alas a la marca y hoy marcan su colección para la próxima primavera – verano. Maravillosos vestidos largos con tul en lugar de forro para que tenga otro movimiento y el volumen sea más favorecedor se mezclan con ‘looks’ discotequeros de lentejuelas que recuerdan al brillo de los años 20. Una Helbig más de alfombra roja que nunca.

Esa magia se ha esfumado con el estudio de los volúmenes que tanto obsesiona a Amaya Arzuaga. La burgalesa ha revisitado su trayectoria junto a su equipo y cada uno de sus miembros ha seleccionado su pieza favorita, actualizando alguna de ellas y dejando otras sin tocar. Lo más interesante han sido sus abrigos de crepé liso hinchados con aire.

Del blanco y negro de Arzuaga se ha pasado a los estampados de Ailanto. Los hermanos vascos Iñaki y Aitor Muñoz dibujan nenúfares, flores con libélulas y avispas en vaporosos vestidos –es la colección en la que más sacan- de corte lencero con pronunciados escotes en la espalda.

Una tarde demasiado anodina para los chicos de María Ke Fisherman. La firma se ha volcado en las prendas de croché tejidas por sus monjas de clausura para narrar una rocambolesca historia sobre una religiosa que abandona la diócesis para ayudar a los más necesitados subida a un enorme camión… Sí, como lo leen. Sus modelos, que se asemejan más a ángeles del infierno, portaban mensajes divinos que a buen seguro darán que hablar, pero más allá de la estética, destaca su trabajo artesanal que, por desgracia, no se aprecia sobre la pasarela.

El último desfile del domingo ha sido el de Juana Martín. Con ella, al igual que con Arzuaga y Ailanto, hemos visto más de lo mismo. La diseñadora no pierde de vista la dualidad del blanco y el negro, que, en esta ocasión, comparte espacio con un jardín de buganvillas, restando aburrimiento a la colección.

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