El presidente del Parlamento, John Bercow, se dirige a misa en la catedral de Canterbury.
El presidente del Parlamento, John Bercow, se dirige a misa en la catedral de Canterbury. / EFE

"Este estúpido y pretencioso enano"

  • El presidente de los Comunes pone en un aprieto al Gobierno al anunciar su veto a Trump en la Cámara baja del Parlamento británico

Un presidente del Parlamento que, tras ser el asesor distinguido del monarca, se aparta de él cuando se enfrenta al poder europeo y es guillotinado. Casi cinco siglos después, diputados del actual Gobierno británico quisieran, si no guillotinar, como Enrique VIII hizo con Tomás Moro en sus disputas con la Iglesia de Roma, al menos desbancar a su sucesor, Paul Bercow, tras su veto a Donald Trump.

Ayer, Gerald Howarth se puso en pie para ‘llamar la atención’ del presidente de la Cámara baja, que le dio la palabra. Le recordó su veto a Trump expresado la víspera y añadió: «Espero que usted nos ayude para sentirnos seguros de que podemos tener plena confianza en su imparcialidad, porque es lo mejor para los procedimientos de la Cámara». En lenguaje parlamentario británico, equivale a mentarle la madre.

Minutos antes de afirmar que no invitará al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a dirigirse a los miembros del Parlamento cuando este se encuentre en Reino Unido como parte de la visita de Estado que le ha prometido Theresa May, el presidente de los Comunes anunció que los letrados de la Cámara dejarán de lucir pelucas.

Diputados conservadores protestaron porque esas pelucas dan «dignidad» al Parlamento. Bercow les recordó que era una petición de los propios letrados, aprobada por una comisión. Al presidente, o ‘speaker’, de los Comunes no le gusta la excesiva pompa. Es el primero que preside los debates con toga y traje, pero sin camisa blanca con volantes, calzón corto, medias y zapatos con hebilla.

En cortesías parlamentarias sí es dogmático. Cuando un ministro de Sanidad respondió directamente a un colega que le había preguntado algo, Bercow le llamó la atención porque la tradición exige que todas las intervenciones se dirijan a la presidencia. Cuando el ministro volvió a sentarse, se le oyó maldecir: «¡Este estúpido y pretencioso enano!». Mide 1,67.

Hay amplio consenso entre los conservadores sobre los otros dos adjetivos. Bercow defendió en su juventud la repatriación ‘voluntaria’ de inmigrantes de la Common-wealth y los regímenes racistas de Rodesia (hoy Zimbabue) y Sudáfrica. Era un diputado novel en los primeros años de Tony Blair pero costó al Gobierno en un año más de medio millón de euros y cientos de preguntas a responder por escrito.

Pero sufrió una mutación ideológica en el cambio de siglo, coincidiendo con su matrimonio con Sally, que había transitado del conservadurismo al laborismo. Con su carrera ministerial ya cegada por desavenencias con líderes sucesivos de su partido, optó al puesto de ‘speaker’ y contó con los votos de la oposición. David Cameron y los suyos intentaron desbancarlo, pero sobrevive.

Aplausos escoceses

Tiene una de las residencias oficiales más codiciadas, al pie del Big Ben, en el edificio del Parlamento. Pedante y hospitalario, hijo de taxista, conservador del ‘thatcherismo’, combina la defensa de la Cámara de los Comunes con el exceso retórico en puntualizaciones y llamadas al orden, en un Parlamento brioso, vivo y gamberro.

Anunció que no invitará a Trump a dirigirse al Parlamento –la Reina, el papa Benedicto XVI, Nelson Mandela, Aung San Suu Kyi, Barack Obama serían sus precedentes– sin ton ni son. Se lo preguntó un diputado laborista como una cuestión de orden que posiblemente no lo era y Bercow dijo que la Cámara es seria sobre el racismo, el sexismo y la división de poderes, y que por eso él no invitará a Trump.

El Gobierno no había anunciado planes para el viaje y Bercow no consultó al presidente de la Cámara de los Lores. Aún peor, su afirmación fue recibida con aplausos. Eran los independentistas escoceses, reincidentes en aplaudir en una Cámara en la que se recurre a variadas formas verbales de vítores o condenas. Bercow les ha reñido en el pasado, pero esta vez se contuvo.

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