El padre de la familia asesinada en Guadalajara fue torturado hasta la muerte

Efectivos de la Guardia Civil, en las inmediaciones del chalet donde se encontraban los cuerpos.
Efectivos de la Guardia Civil, en las inmediaciones del chalet donde se encontraban los cuerpos. / Pepe Zamora (Efe)
  • Los otros tres miembros de la familia, la madre y dos niños, murieron degollados pero no sufrieron tortura física

Marcos Campos Nogueira, el padre de la familia asesinada en un chalet de Pioz (Guadalajara), fue torturado hasta la muerte. Así lo refleja la autopsia realizada a su cadáver en el Instituto Anatómico Forense de Guadalajara según fuentes de la investigación. En concreto, su cuerpo presenta más de una decena de cortes poco profundos, signo claro de que fue torturado. Por el contrario, su esposa, Janaína Santos Américo, de 39 años, al igual que Marcos, y su hija de cuatro años murieron como consecuencia de tres cortes profundos. El mismo triste destino tuvo el hijo pequeño, de tan sólo un año de vida, que falleció degollado por un profundo corte.

Los cuatro cadáveres fueron descubiertos el pasado domingo en el interior de la vivienda unifamiliar que habían alquilado hace poco más de un mes en la urbanización “La Arboleda” del pequeño pueblo de Pioz. Los cuerpos sin vida de los padres habían sido descuartizados e introducidos, como los de sus hijos, en grandes bolsas de basura de color verde cerradas con cinta americana. Sus asesinos habían limpiado el escenario del crimen pero, por circunstancias que aún se desconocen, algo se les complicó y tuvieron que marcharse sin hacer desaparecer los cuatro cadáveres. Éstos ya empezaban a descomponerse cuando fueron descubiertos el pasado domingo en el comedor después de que una vecina se quejara del mal olor que desprendía el chalet.

Ajuste de cuentas

Marcos, Janaína y la hija de cuatro años eran brasileños. El pequeño de un año había nacido en España, adonde el padre había emigrado en busca de trabajo hace más de diez años. Más tarde llegaron Janaína y la niña. Según su familia de Brasil, los dos adultos no estaban relacionados con el narcotráfico y no han sido víctimas de un ajuste de cuentas. Sin embargo, los investigadores españoles creen que ésta es la hipótesis más certera aunque ni Marcos ni Janaína tuvieran antecedentes penales. Lo que sí parece claro es que habían elegido el municipio de Pioz, fronterizo con la Comunidad de Madrid, donde habían residido, huyendo de alguien y por eso habían alquilado el chalet en el mes de julio. Desde entonces, apenas habían adquirido muebles. Tenían el mobiliario básico para vivir modestamente, lo que también podría indicar que querían estar preparados para marcharse a otro lugar con rapidez y casi con lo puesto.

Desde que llegaron a Pioz, apenas habían mantenido contactos con los vecinos. Éstos veían salir al padre de vez en cuando para dirigirse al centro del pueblo y hacer la compra. Iba andando pues no tenía coche. Era el único del núcleo familiar que se dejaba ver. Incluso las barras de pan se las llevaba un panadero de la zona en su diario recorrido por la urbanización. Este panadero, al igual que los vecinos más próximos, se había percatado de la ausencia de sus moradores pues nadie recogía el pan.

Asesinos conocidos

Sus vecinos más próximos escuchaban a menudo a los niños en el interior de la casa pero este tipo de sonidos cesaron hace semanas. Se especula que fue un día de agosto cuando alguien conocido por la familia llamó a su puerta y se desencadenó la matanza. Por ello, ni la puerta ni las ventanas tienen señales de haber sido forzadas.

La casa está siendo concienzudamente examinada por los investigadores en busca de alguna prueba que permita identificar a los autores del crimen, con toda probabilidad sicarios con una misión clara. Su modo de proceder -tortura física al padre y asesinato a sangre fría de los demás miembros de la familia, incluidos dos niños de corta edad- hace pensar que los criminales son extranjeros pues este tipo de crímenes son más propios de países de Sudamérica o del este de Europa.

Demasiados interrogantes para un brutal crimen que ha conmocionado a la pequeña localidad de Pioz, de 3.700 habitantes, que esta semana ha expresado su dolor con dos días de luto oficial y una concentración vecinal, con minuto de silencio, ante el Ayuntamiento.