El delfín de Rajoy se convierte en barón de barones

Alberto Núñez Feijóo junto a Mariano Rajoy.
Alberto Núñez Feijóo junto a Mariano Rajoy. / Salvador Sas (Efe)
  • Sus marcas electorales y la estrecha relación con el líder del PP han situado siempre a Feijóo como sucesor del presidente

Cuando el 2 de abril un conmovido hasta las lágrimas Alberto Núñez Feijóo anunció que repetiría como candidato a la Xunta gallega, la dirección del PP respiró aliviada y muchos en la formación entendieron que el barón con más poder del partido acababa de generar una nueva oportunidad para suceder a Mariano Rajoy en un futuro que nadie sabe calibrar.

Decían que las puertas de la empresa privada, en concreto de Inditex, el imperio de Amancio Ortega, se habían abierto para el dirigente popular como una tentación que Feijóo, tras semanas de reflexión y una conversación con el presidente, prefirió esquivar. «Siempre que tuve la oportunidad de elegir, elegí Galicia», se reafirmó aquella mañana de sábado en la que el PP sintió que una vez más podía retener el Gobierno autonómico y uno de sus últimos bastiones frente al avance de las ‘mareas’.

El líder gallego cuenta con una marca propia, al margen de las siglas del partido, construida año a año desde la retirada en 2006 del fundador Manuel Fraga y de la que hace gala para cosechar mayorías absolutas en las urnas. Él, nacido en Os Peares, Orense, y conocedor de los entresijos de la Administración regional y nacional, empezó su carrera política con el exministro José Manuel Romay Beccaría y llegó a responsable del Insalud, presidente de Correos, consejero regional, vicepresidente de la Xunta y, por último, jefe del Ejecutivo autonómico. Con esta trayectoria ha conseguido encarnar la tradición del partido remozada y un perfil que seduce a las filas populares donde se dividen entre él y el presidente del PP vasco, Alfonso Alonso, como candidatos a heredar las riendas de la formación.

Feijóo nunca ha admitido en público sus deseos de saltar a la política nacional. Es más, siempre que tiene ocasión reitera que su compromiso con el Gobierno gallego es hasta 2020. Pero las sospechas en torno a su potencial, siendo el eterno delfín de Rajoy, no han cesado en el partido. Menos ahora, cuando los resultados electorales le consolidan como el único presidente regional del PP capaz de seguir batiendo a sus rivales, y cuando el bloqueo en el Congreso le concede a Rajoy un tiempo extra antes de acometer algún día la renovación de la cúpula.

La relación entre Feijóo y el presidente siempre ha sido estrecha. El dirigente gallego casi se convirtió en talismán del líder, especialmente en 2009, año en el que recuperó la Xunta para el PP tras una legislatura de bipartito de izquierdas. Desde entonces los populares no dejaron de crecer hasta que en 2011, en plena caída del ‘zapaterismo’ a cuenta de crisis económica, Rajoy se hizo con la Moncloa por mayoría absoluta.

Para entonces, Feijóo estaba preparado para barrer por segunda vez en los comicios gallegos de 2012. Fue más tarde cuando empezó a torcerse la situación. Los recortes y los casos de corrupción debilitaron al Ejecutivo en la Moncloa y aparecieron las fotos del presidente de Galicia posando junto al narcotraficante Marcial Dorado en los años noventa. El PP comenzó a resentirse en las dos citas electorales de 2015 y a perder los gobiernos de ciudades emblemáticas como La Coruña, Santiago y Ferrol. El resultado de este domingo es, por ello, la remontada de Feijóo y una posible plataforma hacia su futuro en la calle Génova.