El homicida de Chella confiesa que mató a la menor tras tomar cocaína y alcohol

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Rubén Mañó, custodiado por los agentes. / Atlas

  • El joven detenido por el crimen declara que trasladó el cadáver en el coche y lo arrojó a la sima sin que le ayudara nadie

El reloj marca las 23.36 horas del miércoles. La mayoría de los vecinos de Chella se encuentran en sus casas. Nada hacía presagiar entonces que el tranquilo pueblo iba a ser noticia por un terrible crimen. Las calles están desiertas a esa hora de la noche. El cadáver de Vanessa Ferrer se encuentra dentro de una casa en el número 48 de la calle Sant Antón. Rubén Mañó Simón acaba de matar a la menor, según confesó ante la Guardia Civil, tras consumir entre dos o tres gramos de cocaína, marihuana y alcohol. El joven de 21 años está muy nervioso y sudado. Quiere deshacerse del cuerpo lo antes posible. Necesita un vehículo para trasladar el cuerpo. La vivienda de sus padres tiene garaje. Si actúa con rapidez puede que nadie descubra la muerte violenta.

En menos de una hora, concretamente entre las 22.43 y las 23.29 horas, Rubén envía hasta 72 mensajes de WhatsApp a su amigo Luis Llop, de 19 años, para pedirle que le deje el coche. En ninguno de ellos le dice el motivo pero insiste en que es urgente y «no es para nada malo». Tras contestarle varias veces que no puede ir, Luis cede y acude con su Suzuki a la puerta del garaje de la vivienda.

«Rubén estaba muy nervioso y sudado. Le pregunté para qué quería el coche y me dijo que lo necesitaba para follar con su exnovia», afirma el joven, que no entró en el garaje. Mientras el homicida introducía el cadáver de Vanessa en el maletero del vehículo, Luis esperaba en la calle sin saber lo que estaba haciendo su amigo.

«No sabía que había matado a Vanessa»

«Luego salió y me dijo que lo esperara en casa porque iba a tardar muy poco», explica el joven. «Yo no vi nada raro. No sabía que había matado a Vanessa. Rubén era mi amigo. ¿Cómo iba a pensar eso?», añade. El homicida tardó unos 20 minutos en regresar, el tiempo que empleó para trasladar y arrojar el cadáver a la sima. Después, Rubén se quedó en su casa y Luis se marchó con su vehículo. El joven comenzó a sospechar de su amigo cuando hallaron el cadáver de la menor. Además, algunos quinceañeros del pueblo empezaron a difundir mensajes de WhatsApp sobre la implicación de Rubén y otros jóvenes.

«Cuando vi que la cosa se estaba liando llamé a la Guardia Civil para contarles lo del coche. Fui a la casa de Vanessa y le enseñé a su madre los mensajes. No tengo nada que ocultar porque no tengo nada que ver con el crimen», sostiene Luis. El Grupo de Homicidios de la Guardia Civil de Valencia tomó declaración al joven en dos ocasiones, el viernes por la tarde y ayer al mediodía, y da credibilidad a su testimonio. Luis no puso ningún impedimento cuando un guardia civil le pidió una muestra de ADN para probar su inocencia.

Horas después, el único detenido por el crimen de la menor, Rubén Mañó, volvió a declarar ante la Guardia Civil tras ser asistido por un abogado de oficio. El homicida confesó que Vanessa murió en sus manos pero dio vagas explicaciones sobre cómo la mató. Rubén masculló frases ambiguas como «ella se enfadó por algo y la sujeté muy fuerte», y también aseguró que mantuvo relaciones sexuales consentidas, aunque los investigadores sospechan que la agredió sexualmente.

La declaración del joven duró cerca de dos horas. El homicida se mostró arrepentido y lloró varias veces mientras trataba de explicar lo inexplicable. Las lagunas mentales que presentaba, según Rubén, se debían a la gran cantidad de cocaína que consumió el miércoles. El joven manifestó que tomó entre dos o tres gramos de esta droga, aunque no lo recordaba bien, además de marihuana y alcohol.

Sobre el traslado del cadáver, el detenido exculpó a su amigo Luis tras señalar que envolvió el cuerpo con una manta y lo metió en el maletero, sin que lo viera el dueño del coche, para luego arrojarlo a la sima. Nadie sabía lo que hizo Rubén aquella noche. Tampoco le ayudó ninguna persona a trasladar el cadáver, según se desprende de las declaraciones del homicida y de los dos jóvenes interrogados por la Guardia Civil.

Hora de la muerte

Según las investigaciones del Grupo de Homicidios de la Guardia Civil, la chica de 15 años murió sobre las diez y media de la noche del miércoles. A las 22.43 horas, el joven envió el primer mensaje para pedirle a su amigo que le dejara el coche. La menor habría fallecido ya por asfixia, y Rubén quería el vehículo para deshacerse del cadáver.

Tras arrojar el cuerpo semidesnudo por la cavidad rocosa, el homicida pensó que no lo encontrarían, ya que la sima tiene una profundidad de unos 40 metros. Pero se equivocó. Un agente del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil divisó el cadáver el jueves al mediodía.

El Grupo de Rescate Especial de Intervención en Montaña (GREIM) de la Guardia Civil, con base en Ontinyent, rescató el cuerpo. Los especialistas hallaron también la manta que utilizó el homicida para envolver el cadáver. La prenda estaba en la casa de la calle Sant Antón y fue reconocida por uno de los amigos de Rubén.

Antecedentes policiales

El sitio donde tuvo lugar el macabro hallazgo es conocido por los vecinos como la 'sima del burro', un paraje donde antiguamente se arrojaban los animales de labranza muertos. El cuerpo quedó enganchado en un saliente con vegetación sin llegar hasta el fondo de la sima. La víctima llevaba puesta su ropa interior y una camisa, según informaron fuentes jurídicas. El cadáver fue trasladado al Instituto de Medicina Legal de Valencia para practicarle la autopsia.

Antes de que se encontrara el cuerpo de la víctima, los investigadores de la Guardia Civil ya tenían una lista de posibles sospechosos. Rubén fue detenido a las 15.28 horas en las inmediaciones de la casa de sus abuelos. Desde el coche patrulla, el joven envió un mensaje de WhatsApp a su amigo para avisarle de su arresto. Además de Luis Llop, los agentes del Grupo de Homicidios también interrogaron a un primo de la víctima, aunque este también quedó en libertad tras demostrarse que nada tenía que ver con el crimen. El presunto homicida tiene antecedentes policiales por violencia de género y posesión de droga, según informaron fuentes policiales. Rubén consumía habitualmente cocaína y marihuana.