Íñigo Méndez de Vigo tras el debate de investidura
Íñigo Méndez de Vigo tras el debate de investidura / Javier Lizón (Efe)

De bombero de Wert a rostro del Ejecutivo

  • Rajoy refuerza con la Portavocía del Gobierno a Íñigo Méndez de Vigo, el ministro que debe buscar un imposible en democracia: el pacto educativo

Íñigo Méndez de Vigo (Tetuán, 1956) llegó el 25 de junio de 2015 a un Ministerio de Educación incendiado por su antecesor, José Ignacio Wert, con la legislatura casi agotada y con el objetivo fundamental de calmar en lo posible la sublevación de la comunidad educativa contra una Lomce impuesta solo dos años antes a todos por el PP, ya en puertas de unas elecciones generales.

Sin embargo, en sus 16 meses de ministro, 11 de ellos en funciones, se ha ganado la confianza de Mariano Rajoy que no solo lo ha renovado en el cargo sino que ha decidido que se convierta en la cara visible del Gobierno, en el miembro del Ejecutivo que venda cada viernes los acuerdos del Consejo de Ministros y toree desde la mesa de la sala de prensa de Moncloa las embestidas de la actualidad política.

Se trata de un evidente refuerzo político del presidente para un ministro al que ha encomendado uno de los retos más complejos de la legislatura, casi un imposible, trenzar una tela de complicidades con los partidos de la oposición y con los profesores, padres, alumnos y sindicatos de la enseñanza como para cerrar en esta legislatura un pacto nacional por la educación, con una ley y un plan educativo para más de una década, algo que ninguno de sus homólogos ha logrado conseguir en los 39 años de democracia.

Méndez de Vigo, abogado, letrado de las Cortes, profesor universitario, políglota -inglés, alemán y francés-, y IX barón de Claret, ha desarrollado prácticamente toda su carrera política en las instituciones europeas, donde recaló con 28 años, en 1984, de la mano de Marcelino Oreja, entonces secretario general del Consejo de Europa, que lo nombró consejero especial. Fue 19 años eurodiputado del PP, partido en el que ingresó en 1989, en el momento de su refundación, y tuvo un papel de relevancia en buena parte de los hitos que construyeron la actual Unión Europea, como ponente en varios de los tratados fundamentales y en la Constitución comunitaria.

Experiencia negociadora

La confianza de Rajoy ya comenzó a ganársela desde el 23 de diciembre de 2011 cuando, apoyado por su buen amigo José Manuel García-Margallo, fue nombrado secretario de Estado para la Unión Europa y le tocó ser uno de los principales colaboradores del presidente, gracias a su amplia agenda de contactos y su conocimiento del medio, en las múltiples reuniones y cumbres en las que, en lo más profundo de la crisis, España se jugó su intervención.

Quiza está experiencia negociadora, acreditada durante años con mandatarios de distintos países y sensibilidades políticas enfrentadas, y su talante afable y dialogante -las características contrarias a las de su antecesor-, son las que han animado a Rajoy a ver en él al hombre indicado para intentar la muy difícil entente en el Parlamento y el mundo educativo.

Terminó su mandato en funciones con una huelga educativa, ya sabe que lo inaugurará con otra, convocada para el 24 de noviembre por el Sindicato de Estudiantes, y que le espera una tercera, en febrero, en este caso de la Ceapa, si antes no ha derogado las reválidas, comenzado a derogar la Lomce y revertido los recortes educativos.

Mientras lidia con padres y alumnos se tendrá que pelear con Hacienda para rebajar del 21% al 10% el IVA_cultural, la gran reclamación sin la que no podrá recuperar los puentes volados por Wert con el mundo de la cultura.