Un hombre admite que asesinó a su tía porque ésta había matado a su perro

  • La Fiscalía pide para J. G. O. un total de 15 años de cárcel por un presunto delito de asesinato con la eximente incompleta de anomalía o alteración psíquica

El hombre acusado de matar de 42 puñaladas a su tía el día 7 de mayo de 2015 en la barriada sevillana de San Diego, que está diagnosticado de esquizofrenia paranoide, ha admitido este lunes que acabó con la vida de su tía, de 48 años e identificada como Carmen Gómez, porque ésta había "matado" a una perra de su propiedad, y se ha mostrado arrepentido de haber cometido el crimen.

En su escrito de acusación, consultado por Europa Press, la Fiscalía pide para J. G. O. un total de 15 años de cárcel por un presunto delito de asesinato con la eximente incompleta de anomalía o alteración psíquica.

Asimismo, reclama dos años de prisión para una hermana de la víctima por un delito de omisión del deber de impedir delitos o promover su persecución, ya que, días antes de los hechos, el acusado "le manifestó de forma inequívoca su clara intención de acabar con la vida de su tía", una circunstancia que la imputada no habría denunciado.

Durante la primera jornada del juicio con jurado popular que se celebra en la Audiencia Provincial de Sevilla, el acusado ha relatado que una de sus perras tuvo un accidente y se partió la cadera, por lo que fueron al veterinario y allí les dijeron que el animal "tenía cura", no obstante lo cual, finalmente, la perra murió. "Mi tía la mató", ha asegurado el imputado.

Puñaladas y golpes con un casco de moto

En este sentido, ha relatado que el día de los hechos fue al taller de cerámica que regentaba su tía en la barriada de San Diego. "Llamé a la puerta, abrió mi tía y le di puñaladas con una navaja", ha precisado, señalando que no hubo una discusión previa entre ambos y que "directamente" le propinó las puñaladas y le golpeó con el casco de su motocicleta, que dejó en el taller.

Seguidamente, y según ha añadido, se marchó del taller y se dirigió a un centro comercial, donde se limpió las manos con agua para quitarse la sangre que llevaba tras cometer el crimen, tras lo que fue a Villanueva del Río y Minas, donde vivía solo en una vivienda, y acudió a casa de unos vecinos. "Fui a casa de unos vecinos para que se quedaran" con el otro perro que tenía, "porque sabía que me iban a detener", ha dicho, agregando que confesó a estos vecinos que había matado a su tía.

Tras todo ello, fue a su casa, donde se quitó la ropa "llena de sangre" y la metió en la lavadora, para a continuación dirigirse al río Huéznar con el objetivo de darle el perro a un mecánico de motos "que hay allí". "Me metí hasta las rodillas en el agua", ha afirmado, señalando que fue en ese momento cuando fue detenido por la Policía.

Asimismo, el encausado ha puesto de manifiesto que, varios días antes de cometer el crimen, fue a casa de la acusada "y le habló de matar a su tía con un cuchillo" por lo ocurrido con su perra. "Se lo decía en broma, yo creo que ella pensó que era broma", ha explicado.

De igual modo, el imputado se ha mostrado arrepentido con lo ocurrido y ha asegurado que, además de lo sucedido con su perra, "tenía más problemas" con la víctima. "No quería asistir a mi casa, cada vez que le pedía algo se enfadaba...", ha finalizado.

"Cóctel molotov"

De su lado, M. G. B. S., la hermana de la víctima que está acusada de un delito de omisión del deber de impedir delitos o promover su persecución, ha declarado que, dos días antes del crimen, el acusado, con el que su relación era "nula", se presentó en su casa culpando a la víctima de la muerte de su perra. "Me dijo que la iba a matar, que le había dado 900 euros y no había curado a su perra", ha manifestado.

"Le paré los pies, si me imagino lo más mínimo que un hecho tan grave se va a dar, lo retengo en mi casa; no me entra en la cabeza lo que ha hecho", ha subrayado la imputada. "No me creí que lo estuviera diciendo en serio, nunca me imaginé que fuera capaz de matar a mi hermana, la llamé tres o cuatro veces, pero no me cogía el teléfono", ha dicho, defendiendo que "no es adivina" para saber lo que iba a ocurrir.

La acusada, que "todavía no se ha recuperado" de lo ocurrido porque "adoraba" a la fallecida, ha relatado que el acusado tuvo "muchísimos incidentes" con la víctima -que iba a su casa en Villanueva del Rey y Minas dos veces a la semana- porque "se creía en la obligación de que ella hiciera todo lo que él quería", y entre estos incidentes ha contado que un día el imputado llamó a la finada porque se había perdido en un camping.

"Ella fue", y una vez allí el acusado "le persiguió con un hacha", aunque "afortunadamente" no llegó a agredirle, ha manifestado la imputada, quien ha precisado que su sobrino tenía problemas con las drogas desde los 15 años, lo que unido a su enfermedad ha sido "un cóctel molotov". "Estaba enfadado con la vida" y "es una víctima de sí mismo", ha dicho refiriéndose al acusado, que, según ha precisado, llegó a estar internado en dos ocasiones en un centro hospitalario.

Libre absolución

En su alegato previo, el abogado del acusado ha querido dejar claro que su patrocinado está diagnosticado de esquizofrenia paranoide y es una "persona loca, como se decía antiguamente, que no se encuentra en sus cabales", que "no tiene conciencia" y que, por tanto, "no tenía un plan preconcebido", sino que "actuó conforme a sus instintos". "Es un enfermo", ha apostillado.

El letrado solicita su libre absolución al entender que en este caso concurre la eximente completa de anomalía o alteración psíquica, mientras que en el caso de la imputada también reclama su absolución porque, tras decirle el imputado que iba a matar a su tía, "ella intentó llamar a su hermana", pero ésta no cogió el teléfono porque "no había buena relación entre ambas".