Carta al señor Trillo: "Usted es responsable de la muerte de mi hermano"

Esta es la transcripción de la carta escrita por Sara García Díaz, la hermana de David García Díaz, quien falleció en el siniestro del Yakolev 42, en mayo de 2003, para pedir "justicia" al exministro de Defensa Federico Trillo.

"Señor Trillo. Llevo casi catorce años esperando una respuesta, esperando que usted tenga el valor de admitir sus errores, el mismo valor que tuvo para meter a 62 personas en un avión de dudosas condiciones, el mismo valor que tuvo para romper 62 familias, para arrebatar 62 vidas jugando, usted y sus secuaces a ser Dios. Creyéndose con derecho de partir mi vida por la mitad, la mía y la de los demás. Usted, señor Trillo, es responsable de la mayor tragedia del Ejército Español en tiempos de paz, y me niego a permitirle ni una sola vez más usar la palabra accidente para definir lo que usted le hizo a mi hermano y a sus compañeros. Porque eso señor Trillo, eso no es un accidente, y antes de que se crea con conocimientos para rebatirme haremos algo, le mostraré ya que creo que la desconoce la definición de accidente:

"Suceso imprevisto que altera la marcha normal o prevista de las cosas, especialmente el que causa daños a una persona o cosa."

Ahora vuelva a decirme que es un accidente que lo siguiente que puedo, entonces, citarle es el párrafo en el que el Consejo de Estado menciona que usted y sus secuaces conocían perfectamente el estado de ese avión, las quejas previas y la seguridad que brillaba por su ausencia que el milagro de todo aquello era que no hubiese pasado nada.

Podría haberlo admitido señor Trillo, podría haber pedido perdón únicamente, perdón. Está claro que no tiene conciencia. Me encantaría haberle tenido delante en algún momento de estos casi catorce años para que me dijese usted, que me explicase usted por qué. Por qué se creyó con derecho a jugar con sus militares, porque no veló por su seguridad, por qué se rieron de nosotros con las no identificaciones, cómo dormía usted por la noche sabiendo que había entregado treinta cuerpos sin identificar a sus familias rotas, cómo y por qué señor Trillo, cómo y por qué usted y sus secuaces se creían con derecho a enviar cartas amenazantes donde jugaban con la pérdida de nuestros seres queridos, donde nos instaban a callarnos la boca, donde nos mencionaban lo poco orgullosos que estarían nuestros muertos por nuestra actitud.

Me gustaría saber si les parecían interesantes las conversaciones que escuchaban en nuestros teléfonos intervenidos, me gustaría saber qué clase de ser humano envía la misma necropsia a 62 familias, me gustaría saber si les ha resultado interesante silenciar el dolor para que catorce años después tengamos la herida más abierta que nunca, para que catorce años después el Yakolev siga estrellándose todas las madrugadas en nuestras vidas, para que catorce años después mi hermano siga sin poder descansar en paz con la tranquilidad de que ya se ha hecho justicia.

Y no me hable Señor Trillo de dinero, porque nunca hemos pedido dinero, o quizás se les debe de recordar a ustedes aquel papel que quisieron hacernos firmar deprisa y corriendo, anteponiendo una cantidad de dinero que no voy a mencionar porque era el precio que ustedes ponían a la vida de mi hermano y sus compañeros, a cambio de no culpar de aquel momento en adelante ni a usted ni a sus secuaces de absolutamente nada relacionado con el “accidente”. ¿Quieren que recordemos eso? Porque recuerdo que no se aceptó, no se aceptó porque lo único que hemos pedido siempre ha sido algo muy simple, justicia.

Me da usted vergüenza, me da usted asco y solo espero que ahora disfrace o no de voluntario su abandono de la embajada en Londres y no tenga la poca vergüenza de ir al mismo Consejo de Estado que lo ha considerado a usted responsable de la muerte de mi hermano y sus 61 compañeros.

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