Sánchez logra un aval de solo el 70,5% de los delegados del PSOE a su ejecutiva sin integración

Pedro Sánchez se hace un autorretrato con una simpatizante. / Efe

  • En 2014 la dirección que forjó fue ratificada por el 86% y dos años antes la de Rubalcaba el 80%

El PSOE de Pedro Sánchez se declara incompatible con el de Susana Díaz por la vía de los hechos. En el núcleo duro del secretario general aseguraban que, pasadas las primarias, trabajarían por lograr la unidad del partido. Prometieron integración, si no en la composición de la ejecutiva, al menos sí en el Comité Federal, el máximo órgano de decisión. Pero finalmente ésta ha brillado por su ausencia.

Más allá de la inclusión de Patxi López en la dirección y de la designación del extremeño Guillermo Fernández Vara como presidente del Consejo de Política Federal -un órgano consultivo del que forman parte todos los barones, pero que en los últimos años se ha reunido poco- apenas ha habido gestos hacia los perdedores de las primarias del pasado 21 de mayo. La consecuencia es que solo el 70,5% de los delegados en el 39º Congreso Federal celebrado este fin de semana en Madrid han dado su aval al equipo de fieles 'sanchistas' que a partir de ahora, llevará las riendas de la formación.

Es un porcentaje 20 puntos superior al de los militantes que apostaron por el hoy secretario general en las urnas frente al integrado exlehendakari y la derrotada Susana Díaz. Pero nunca ha habido en los últimos años una ejecutiva que concitara tan poco apoyo. Por comparar: en el año 2000, después de haber ganado a José Bono por solo 9 votos de diferencia en el 36º congreso, la dirección conformada por José Luis Rodríguez Zapatero consiguió un respado del 90,2%; en 2012, después de una reñida batalla contra Carme Chacón, la de Alfredo Pérez Rubalcaba llegó al 80% y, por ir al antecedente más inmediato, la del propio Sánchez en el congreso extraordinario de 2014 superó el 86%.

Los 'sanchistas' restan importancia al dato y alegan que con un secretario general tan legitimado por las bases como el restituido líder la estabilidad está garantizada. Es cierto que los propios barones afines a Díaz se sienten totalmente desarmados y que en este congreso han hecho poco por defender sus posiciones. La delegación andaluza, mayoritariamente afín a la presidenta de la Junta, ni siquiera se quedó a la votación final del nuevo proyecto del PSOE a última hora de la noche del sábado. Y, en sus conversaciones con Pedro Sánchez, que fue recibiendo uno a uno a los líderes territoriales desde primera hora de la tarde hasta la madrugada, ninguno exigió cuotas en el Comité Federal. Pero ahora se sienten como si Sánchez hubiera buscado humillarlos.

Al valenciano Ximo Puig, que no era delegado y llegó a Madrid a última hora del sábado, ni siquiera lo recibió. Díaz apenas pasó con él cinco minutos, en torno a las diez de la noche, y salió desencajada. En su entorno admiten que está "rota". El centenar de puestos que debían elegirse para el Comité Federal quedaron en manos de los 'sanchistas' de cada territorio. Los que estuvieron dispuestos a negociar, lo hicieron. Pero otros, sin ir más lejos la nueva vicesecretaria general del partido, la asturiana Adriana Lastra, no mostraron la más mínima piedad. Y no solo eso. Esta es la primera vez que en ese órgano -que entre sus funciones, ahora disminuidas, tiene el de controlar a la ejecutiva- no entran ni los exvicesecretarios generales ni exsecretarios de Organización. Eso deja fuera a referentes que se significaron a favor de Díaz o de Patxi López en las primarias, como José Blanco, Elena Valenciano, Cipriá Ciscar, Óscar López o César Luena.

En público todos los líderes territoriales insistieron hoy en que Sánchez estaba en su derecho de formar la ejecutiva que quisiera bucando criterios de eficacia y evitaron la más mínima crítica. Pero algunos admiten que en algunos nombramientos parece haberse buscado el escarnio. La ejecutiva es, en contra de lo que se había dicho en un primer momento, aún más grande de lo que fue la de 2014. Tiene 49 personas de las que (también en contra de lo prometido) un 60% hombres. Y, si bien en puestos de segundo nivel y no al frente de áreas relevantes, entre los fichajes hay nombres que para muchos socialistas son una provocación como el polémico alcalde de Jun (Granada), José Antonio Rodríguez, o el alcalde de Calasparra (Murcia), José Vélez, que durante la campaña acusó a la gestora de "prácticas mafiosas". Está también la coordinadora de la campaña de la rival de Guillermo Fernández Vara en Extremadura. O la alcaldesa de Toledo, Milagros Tolón; una incorporación en la que algunos ven una 'puñalada' al presidente castellano-manchego, Emiliano García Page.

En su discurso de proclamación, ante más de 5.000 militantes, Sánchez ha hablado poco del PSOE y se ha hecho un discurso más propio de un aspirante a la presidencia del Gobierno. No en vano, ha asegurado que a partir de ahora pone "rumbo a la Moncloa". Pero aún así dado las gracias tanto a Susana Díaz como a Patxi López. La dirigente andaluza no estaba en el recinto del Ifema en el que se ha celebrado el acto, como tampoco estaban los expresidentes del Gobierno socialitas y exsecretarios generales. Felipe González está en Colombia pero Zapatero y Rubalcaba simplemente prefirieron no venir. En sus círculos próximos explican que las heridas tardarán en cerrarse pero también apuntan a que temían ser abucheados dado lo visceral que ha llegado a ser el enfrentamiento interno en todo el proceso de primarias.

Sánchez ha apelado a los desencatados del 15M, ha señalado al PP (y no a Podemos) como su único rival y ha prometido que trabajará sin descanso en esta legislatura para conseguir una "mayoría parlamentaria alternativa" que acabe con esta "etapa negra" del PP, en una apelación directa al partido de Pablo Iglesias y Ciudadanos, las dos fuerzas con las que, en vano, ya intentó ser investido presidente del Gobierno en 2016.

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