Identidad catalana, genes cántabros

Un joven, con una mochila con la estelada, pasea con su pareja por El Born. : / Reuters

Dos catalanas con fuertes vínculos con Cantabria analizan el impacto de la crisis independentista en España

Álvaro G. Polavieja
ÁLVARO G. POLAVIEJABarcelona

Tienen, por lo menos, tres cosas en común: son mujeres, catalanas y llevan en su corazón y en sus genes a Cantabria, la tierra en la que nacieron sus padres y a la que regresan cada año. Candela Martínez Calvo (Barcelona, 1998) es hija de un matrimonio formado por un catalán y una cántabra. Nació y vive en la Ciudad Condal, donde actualmente desarrolla sus estudios universitarios. Sara Blanco Oliván (Barcelona, 1972) es también una catalana de orígenes cántabros cuyo vínculo con Cantabria pasa por la zona occidental, concretamente en Comillas y San Vicente de la Barquera, villas a las que acude en el periodo estival para reencontrarse con sus raíces montañesas.

Las suyas son, en ambos casos, voces que conocen de primera mano el devenir de la situación en Cataluña y la amplia variedad de sensibilidades que existen en esta tierra respecto al tema de la independencia. También en ambos casos conocen y respetan los planteamientos independentistas, pero se sienten españolas y no comparten la forma en que el secesionista catalán ha llevado adelante sus reivindicaciones. Candela Martínez describe la situación como «desagradable, de impotencia y muy triste. Estoy viviendo en primera persona como el pueblo catalán se está fracturando, y que es un problema que no se va a resolver hasta dentro de varios años». Sara Blanco, por su parte, señala que aunque el clima se había ido complicando en los últimos tiempos, «desde el día del referéndum el ambiente social se ha caldeado mucho». Aunque destaca que respeta profundamente las convicciones independentistas, a su juicio «no se puede reivindicar e imponer planteamientos al resto de ciudadanos de España», aunque a la hora de analizar las causas resalta que «ambas partes han fallado porque se han enrocado en sus posturas y han dejado a los catalanes que no queremos separarnos en medio». Cuestionada por cómo se ha plasmado ese enfrentamiento, Blanco señala que «tanto desde las propias instituciones como en los medios y en las redes sociales ha habido mucha manipulación».

Ambas jóvenes no comprenden ni comparten las actitudes excluyentes por ninguna de las partes

Ambas lucen con orgullo sus distintos matices identitarios, y no comprenden ni comparten las actitudes excluyentes por ninguna de las partes. En ese sentido, Candela Martínez afirma que «yo me siento especialmente orgullosa de ser española y de ser catalana y si se produjera la ruptura me sentiría indirectamente obligada a renunciar a alguna de mis identidades, y no quiero que eso pase porque sería algo muy difícil para mí». Para Sara Blanco la situación es similar, y ahonda en la situación en que devendría de darse la separación de Cataluña y España: «Si eso ocurre, algo que nunca debería ocurrir en el contexto actual porque no se han hecho bien las cosas, ¿qué pasará con nosotros? ¿ante quién responderíamos fiscalmente? ¿quién garantiza todo el tema de la Seguridad Social, las pensiones, la sanidad…?» Cuestiones prácticas que representan la esencia de las preocupaciones de aquellos ciudadanos catalanes que no comulgan con el proceso secesionista.

Un problema que viene de lejos

Tanto Sara Blanco como Candela Martínez coinciden en que la actual situación no es producto de los últimos meses, sino que se ha ido fraguando desde hace bastante más años. Sara Blanco apunta a la falta de interés y diálogo como causante de una situación que se ha ido cerrando hasta convertirse en un auténtico embudo: «Lo han convertido en un pulso cuando deberían haber empezado a hablar mucho antes de que se llegase a este punto y con una actitud abierta por ambas partes: igual la Constitución del 78 está agotada, igual hay que revisar el tema económico, o plantear unas elecciones autonómicas y otras generales, no lo sé, pero algo hay que hacer y con estos planteamientos es imposible». Para Candela Martínez, el ámbito educativo es un buen ejemplo del actual marco social en Cataluña, y destaca que también existen muchos tópicos por ambas partes: «Es cierto que toda mi educación en Cataluña ha sido en catalán, pero también he de decir que he entregado trabajos y exámenes en castellano sin ningún problema; convivo con compañeros y profesores independentistas de una forma cordial, y la única vez que tuve un problema fue por llevar una pulsera con la bandera de España, que me tuve que quitar».

Futuro incierto

Respecto al momento actual, tras la declaración de independencia y su inmediata suspensión por parte de Puigdemont, tanto Blanco como Martínez destacan la gran incertidumbre que existe. Para Candela Martínez, «a corto plazo lo más grave es la fractura del pueblo catalán, que ya se ha producido; mirando un poco más allá, creo que Cataluña va a salir muy perjudicada en todos los aspectos, social, económico, cultural…» Sara Blanco, por su parte, pide sentido común a ambas partes: «Se ha jugado con aquello de ‘no news, good news’ y se ha dejado que la situación se enquiste; también la mayoría silenciosa, que ha tardado en responder, tiene parte de responsabilidad, pero la solución tiene que venir de los políticos y es imprescindible que planteen alternativas viables, desde unas elecciones hasta la reforma constitucional. Veremos qué pasa, ahora solo nos queda esperar...».

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