El largo camino que aguarda a Ciudadanos

Reunión del Comité Ejecutivo de Ciudadanos. / Víctor Lerena (Efe)

La victoria en Cataluña le ha dado alas, pero los de Rivera tienen por delante una carrera de obstáculos para consolidarse como alternativa de Gobierno

María Eugenia Alonso
MARÍA EUGENIA ALONSOMadrid

Sin ninguna posibilidad de formar Gobierno en Cataluña y sacar a los independentistas del Palau de la Generalitat, la agridulce victoria de Inés Arrimadas en las autonómicas de diciembre ha dado alas a Ciudadanos en toda España. Las últimas encuestan le dan una subida de escaños en todos los territorios mientras el PP sufre el desgaste de la crisis catalana, el PSOE sigue sin cuajar y los de Pablo Iglesias se desploman. Algún sondeo incluso, como el de Metroscopia dado a conocer este viernes por El País, augura ya un 'sorpasso' naranja y sitúa a Ciudadanos como la fuerza más votada en unas elecciones generales.

El partido liberal vive un momento dulce que Albert Rivera y su círculo quieren aprovechar, conscientes de los vaivenes de los marcos políticos, para seguir creciendo a costa de los socialistas, pero sobre todo de los populares con los que se disputan el centro del tablero político. A pesar de que el viento sopla a su favor, desde las filas naranjas miran con «prudencia» los estudios demoscópicos. Tienen bien presente el sambenito de ser una formación que aparece mejor en las encuestas que en las urnas, aunque apuntan que en este caso los sondeos muestran una tendencia «clarísima». «Somos un partido que tiene un proyecto, no solo para Cataluña, sino para toda España. Los ciudadanos, poco a poco, van recompensando con su confianza un trabajo bien hecho, el dar la cara, el no tener complejos», recalca Arrimadas.

Ciudadanos ha salido muy crecido de Cataluña pero los de Rivera aún tienen por delante una carrera de obstáculos para consolidarse como una alternativa de Gobierno frente a los grandes partidos. Su principal escollo es su falta de experiencia de gobierno, lo que lastra la credibilidad de su discurso y genera dudas en sus potenciales votantes. En las generales de junio de 2016, el PP recuperó catorce escaños al rescatar electores que en diciembre de 2015 habían optado por Ciudadanos.

No es el único inconveniente. Desde su salto a la arena política nacional, los liberales han tenido muchos problemas para penetrar en las poblaciones pequeñas y en las zonas rurales. Necesitan reforzar las estructuras electorales de cada provincia y comunidad para superar el estigma de que Ciudadanos es Cataluña, Madrid y poco más. Su prueba de fuego será las elecciones municipales y autonómicas de 2019. La dirección naranja trabaja ya en ello y centrará sus esfuerzos durante este año en rediseñar su estructura para potenciar su implantación territorial fuera de las grandes ciudades.

Sin sintonía en Galicia y Euskadi

Aunque a tenor de los últimos sondeos el trasvase de votantes del PP hacia Ciudadanos es una realidad y los de Rivera crecen en casi todos los lugares donde los conservadores retroceden (Madrid, Valencia, Andalucía, Castilla La Mancha o Castilla León), hay comunidades donde los naranjas siguen sin convencer. Es el caso del bastión gallego de Alberto Nuñez Feijóo, o el País Vasco y Navarra, donde su beligerancia frente al cupo los aísla, pese a que algunas encuestan apuntan ya a un posible escaño en la comunidad foral.

La formación liberal necesita además captar el voto de las personas mayores y los pensionistas, el cuerpo electoral sobre el que el PP cimenta su representación parlamentaria. El mapa del voto en España empieza refleja el nuevo y creciente peso de la papeleta de los mayores de 55 años. Los jubilados y aquellos que comienzan a preocuparse por sus pensiones constituyen ya el mayor segmento de voto, y cada vez lo serán más, por el envejecimiento de la población. Son además un electorado fiel, que va a votar, y a por el que el PSOE se ha lanzado con guiños como el de los impuestos a los bancos para sostener el futuro de las pensiones.

Ciudadanos, como Podemos e IU, y antes UPyD, se queja de que la norma electoral es injusta y poco proporcional en el reparto de escaños. El motivo es que un sistema basado en la provincia como circunscripción electoral beneficia a los dos primeros partidos y castiga al tercero y siguientes. En las generales de 2015, cada escaño de Ciudadanos costó 87.500 votos. En las de 2016, fue todavía más caro, 97.600 votos. No es, pues, extraño que entre las prioridades de Rivera y su equipo se encuentre impulsar en el Congreso una nueva ley electoral (como recoge el propio pacto de investidura con el PP) más proporcional para que todos los votos valgan lo mismo, sin diferencias entre provincias ni zonas rurales y urbanas, y no haya una sobrerrepresentación de los grandes partidos.

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