Ocho ministros cántabros

Ocho ministros cántabros
  • De Manuel de Eguilior y Llaguno a Alfredo Pérez Rubalcaba pasando por Carrero Blanco

  • Cuatro santanderinos, un limpiense, un santoñés y un solariego, además de De la Serna, han llevado una cartera en los últimos 126 años

El nombramiento del alcalde de Santander como titular del Ministerio de Fomento ha aumentado a ocho el número de ministros originarios de Cantabria, donde, curiosamente, solo se ha forjado como político el único nacido fuera de la comunidad autónoma: Íñigo de la Serna (Bilbao, 1971). Los otros siete, cuatro santanderinos, un solariego, un limpiense y un santoñés que llegó a ser presidente del Gobierno, nunca participaron, al menos de manera activa, en la vida política regional antes de partir rumbo a Madrid.

A saber, el primer desembarco de un cántabro en una sede ministerial se produjo hace 126 años, en 1890. Le cabe tanto honor a un abogado, Manuel de Eguilior y Llaguno, nacido en Limpias en abril de 1842 y fallecido en la capital de España a los 89 años de edad.

Miembro del Partido Liberal y diputado por Santander en 1881, De Eguilior y Llaguno fue ministro durante la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena y, luego, en el largo reinado de Alfonso XIII. Llevó dos veces la cartera de Hacienda (1890 y 1902) y una la de Instrucción Pública y Bellas Artes (1905), ministerio que ocupó solo 30 días. Antes y después de su inmersión en la vida ministerial, el limpiense, al que le fue concedido el título de conde de Albox, fue gobernador del Banco de España.

Tuvieron que pasar 17 años hasta que otro cántabro llegara a pisar el suelo de un ministerio para ocupar el más alto cargo.

Nacido en Santander en 1871 y fallecido en Madrid a los 59 años, Juan José Ruano de la Sota, igualmente abogado aunque en su caso miembro del Partido Conservador, también fue ministro de Hacienda durante el reinado de Alfonso XIII, si bien lo fue a modo testimonial porque solo ocupó el cargo tres días, del 3 al 7 de diciembre de 1922, para sustituir en el cargo a Francisco Bergamín García cuando el malagueño, otro abogado, aceptó dejar esa cartera para coger la de Estado en el epílogo del gobierno de Sánchez Guerra, que, por supuesto, también era abogado.

La dictadura

Casi treinta años más tarde –29 concretamente– y ya bajo el régimen franquista, el Gobierno de España le hacía un sitio de relevancia a otro cántabro, el tercero, que al paso de los años acabaría convirtiéndose en el presidente del país, puesto al que ni antes ni después ha llegado ningún otro ciudadano alumbrado en esta comunidad autónoma.

Nacido en Santoña en 1904 y fallecido en Madrid el 20 de diciembre de 1973 –víctima de un bestial atentado perpetrado por la banda terrorista ETA– el almirante Luis Carrero Blanco fue ministro de la Presidencia (1951), cargo que ocupó durante 16 años seguidos y hasta su designación como vicepresidente del Gobierno de España (1967).

Hombre de la máxima confianza del por entonces jefe del Estado, Francisco Franco, Carrero Blanco fue nombrado presidente del Gobierno español en junio de 1973, cargo que tan solo ocupó medio año porque en diciembre fue asesinado por la banda etarra.

La democracia

La formación del primer gobierno democrático, surgido tras la proclamación de don Juan Carlos de Borbón como Rey de España, despejó el camino ministerial a otro cántabro de nacimiento, Alfonso Osorio García, que vio la luz en Santander en diciembre de 1923 y el mes que viene cumplirá 93 años de edad.

Presidente de la compañía ferroviaria Renfe y vicepresidente de la multinacional British Petroleum (BP) en España, Osorio García fue ministro de la Presidencia (1975-1977), un cargo que simultaneó con el de vicepresidente segundo del gobierno de Adolfo Suárez (1976-1977), de quien fue consejero y confidente durante la Transición.

Número uno en las oposiciones a Jurídico Militar del Aire y en la promoción al Cuerpo de Abogados del Estado que se horneó en el año 1953, Osorio García coincidió en el tiempo con Eduardo Carriles Calarraga, el quinto ciudadano cántabro que aparece en la lista de ministros llegados de esta tierra.

Nacido en Santander en noviembre de 1923 (va a cumplir 93 años) y alumno del colegio Agustinos, Carriles Calarraga llegó a ser ministro de Hacienda durante 365 días –los que van del 5 de julio de 1976 al 4 de julio de 1977– durante el segundo gobierno de Adolfo Suárez. Antes fue consejero de Renfe y secretario general de la empresa Aeronáutica Industrial y en el momento de su nombramiento era el director general de la empresa española La Unión y el Fénix.

La nueva era

Sin inquilinos cántabros durante los tres lustros posteriores, los ministerios españoles no volvieron a ponerse en manos de un cántabro hasta el año 1992, cuando un químico, Alfredo Pérez Rubalcaba, aterrizó en el Gobierno de la Nación al abrigo del socialismo.

Nacido en Solares en julio de 1951, Pérez Rubalcaba –que salvo presidente lo ha sido todo en política– fue ministro de Educación y Ciencia (1992-1993) y ministro de la Presidencia (1993-1996) a la orden de Felipe González.

Además, el solariego, que fue diputado por Toledo, Madrid, Cantabria y Cádiz, también fue nombrado ministro del Interior (2006-2011) durante el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero, al que igualmente sirvió en calidad de ministro Portavoz (2010-2011).

Portavoz del Grupo Socialista en el Congreso (2004-2006) y secretario general del PSOE (2012-2014), Pérez Rubalcaba, que hace dos años se echó a un lado para dejar paso a Pedro Sánchez al frente del partido, no navegó siempre por las aguas más o menos calmas del gobierno. También surcó las de la oposición, donde, durante cuatro años largos, es decir, una legislatura completa, vio manejar el timón ministerial al séptimo cántabro en el listado, cántabra en este caso.

Nacida en Santander en marzo de 1949, Isabel Tocino Biscarolasaga, licenciada en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, fue ministra de Medio Ambiente (1996-2000) en el primer gobierno de José María Aznar, que premió a la cántabra su alta fidelidad al Partido Popular convirtiéndola en la primera mujer que desempeñaba ese cargo en España.

Iniciada en el mundo de la política en 1983, año en el que ingresó en Alianza Popular –entonces dirigida por Manuel Fraga Iribarne–, Tocino Biscarolasaga consiguió hacerse con un puesto de cierta relevancia en el comité ejecutivo de esta formación, que, poco después, le asignó un alto cargo en la Secretaría del Área de Condición Femenina en el partido.

Tres años más tarde de su ingreso, en las elecciones generales de 1986, la santanderina logró un escaño en el Congreso de los Diputados y tres más tarde, en el año 1989, fue elegida para ocupar una de las seis vicepresidencias creadas por su partido, donde empezaron a considerarla como una firme candidata a la presidencia que finalmente ocuparía Aznar.

Reelegida diputada en las elecciones de 1989, de 1993 y de 1996, la cántabra fue nombrada ese año la primera ministra de Medio Ambiente en España, un cargo en el que se mantuvo hasta la llegada del nuevo siglo, el año 2000, cuando el PP renovó su victoria en las urnas con mayoría absoluta y formó un nuevo gobierno en el que Isabel Tocino ya no tuvo cabida.