Freno en seco

Antonio Papell
ANTONIO PAPELL

El Tribunal Constitucional admitió este lunes por unanimidad a trámite el recurso de inconstitucionalidad presentado por el Gobierno contra la reforma del reglamento del Parlamento de Cataluña destinada a habilitar un procedimiento exprés para proceder a la aprobación de las leyes de 'desconexión' con el Estado y la convocatoria del referéndum del 1-O sin necesidad de debate y sin posibilidad de presentar enmiendas. La admisión a trámite supone, en virtud del artículo 161.2 de la Constitución, la suspensión automática del precepto por un tiempo máximo de cinco meses. El ponente del fallo ha sido el magistrado conservador Ricardo Enríquez. La mencionada reforma del reglamento violentaba claramente el pluralismo político al ignorar los derechos de las minorías y al establecer un automatismo legislativo que prescindía de la ineludible discusión entre argumentos distintos que ha de ser previa a cualquier decisión colegiada en una cámara parlamentaria. Por ello, ante tan evidente desfiguración del principio y del método democráticos no acaba de entenderse por qué el PSC-PSE no se adhirió al recurso de inconstitucionalidad, como sí hicieron el PP y Ciudadanos.

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El fallo va a acompañado de los procedentes requerimientos y advertencias a la Cámara, a la Mesa y a los funcionarios sobre las responsabilidades, incluso penales, en que incurrirían si desobedecieran lo prescrito. Es de temer sin embargo que los independentistas, que ya han amenazado con la ruptura política, no tengan inconveniente en romper también jurídicamente con el estado de derecho, lo que convertiría el ‘proceso’ en una pantomima, perseguible de oficio y sin la menor significación a los ojos de la comunidad internacional. Si esa temible situación se produce, es previsible que la tensión crezca si no se consigue de inmediato un poco imaginable retorno a la cordura, y en todo caso sería muy peligroso mantener la crispación hasta el primero de octubre, con un 11-S en el trayecto. Si tal coyuntura llega, las fuerzas democráticas deben empeñarse con todas sus fuerzas en la tarea de desalentar el motín. No puede ser que los dirigentes soberanistas estén tan ciegos como para no ver que es una gravísima insensatez mantener el barco en ese rumbo que enfila claramente a los acantilados.

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