Sánchez quiere que Rajoy se someta a una cuestión de confianza si no saca los Presupuestos

Pedro Sánchez. / Víctor Lerena (Efe) I Atlas

El líder de la oposición endurece su discurso contra el Gobierno pero admite su incapacidad para tumbarlo mediante una moción de censura

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERASMadrid

No presentará una moción de censura contra Mariano Rajoy porque tiene claro que “los números no dan”. Sin embargo, Pedro Sánchez sostiene que el jefe del Ejecutivo está obligado a someterse a una cuestión de confianza en el Congreso en caso de que no logre sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado de 2018. “Ser presidente del Gobierno no consiste en vivir en la Moncloa -ha argumentado esta mañana-; si no puede gobernar tiene que asumir su responsabilidad”.

El secretario general del PSOE es perfectamente consciente de que si Rajoy no quiere adelantar elecciones, él no podrá obligarle a hacerlo, pero después de los meses en los que se puso al lado del Ejecutivo para evitar la quiebra de la soberanía nacional, ha decidido endurecer su discurso y dar respuesta a aquellos que, dentro y fuera de la formación, empezaban a preguntarse dónde estaban los socialistas. “Pues aquí estamos”, dicen en la ejecutiva.

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El Gobierno optó el pasado septiembre por no presentar el proyecto de Presupuestos para 2018 (e incumplir con ello el precepto constitucional que obliga a llevar las cuentas a las Cortes tres meses antes de que concluya el año) porque sabía que no conseguiría apoyo para aprobarlos. El principal escollo era, y sigue siendo, que el PNV, que ya fue clave en en 2017, rechazaba hacerse una foto con Rajoy en plena ofensiva contra el independentismo, primero, y con la autonomía de Cataluña intervenida, después.

En las primeras semanas del año, el Ejecutivo dio a entender que si la situación seguía igual no presentarían las cuentas tampoco en marzo -el tope temporal para poder aprobarlas-, las mantendría prorrogadas y haría actualizaciones concretas mediante decretos ley. Sin embargo, hace diez días el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro anunció que llevaría el proyecto al Parlamento sí o sí antes de Semana Santa.

Los socialistas saben, en todo caso, que al propio PP le preocupa el bloqueo. Y lo saben porque hace semanas desde el Gobierno trataron de quitar hierro a su situación asegurando que no solo se podían prorrogar las cuentas de 2017 una vez sino que, si no hubiera apoyo para sacar adelante tampoco las de 2019, podrían prorrogarse de nuevo, pero que no habría adelanto electoral. En la dirección de los populares admiten que, aunque técnicamente la doble prórroga sea factible, políticamente sería insostenible y que la falta de apoyos continuada abocaría a convocar generales antes de tiempo.

El PSOE presiona, pues, aunque solo sea retóricamente, a un PP que empieza a sentirse acorralado por la oposición y que en buena medida depende de Ciudadanos para sostener su legado legislativo. Al margen de la exigencia de una cuestión de confianza, lo hace en otros frentes.

La semana pasada, aprovechando las marchas de pensionistas, registró su iniciativa para que las pensiones suban este año un 1,6%, el equivalente a la subida del IPC, en lugar del 0,25% previsto. También anunciaron que llevarían una proposición de ley para forzar al Gobierno a invertir ya los 200 millones acordados en el Pacto contra la Violencia de Género alcanzado en la Cámara baja. Y esta mañana Sánchez ha anunciado, tras la reunión de su ejecutiva, que si mañana no lleva a la subcomisión para el pacto educativo una propuesta que eleve el gasto al 5% del PIB, el PSOE abandonará las negociaciones.

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