Santander se suma a la iniciativa de colgar banderas por la unidad

Santander se suma a la iniciativa de colgar banderas por la unidad
Roberto Ruiz

La cuestión catalana anima el engalanamiento rojigualda en balcones y ventanas de la ciudad

JOSÉ AHUMADASantander

Santander es una ciudad que se lleva bien con la bandera de España. Generalmente, uno no se fija, pero si la busca ve que ondea en la fachada de los edificios oficiales, en algunos hoteles, en el Banco Santander, en los barquitos... Y luego están las banderonas de Puertochico y del parque de Las Llamas, que esas no hay quien las ignore.

Cuando se acerca el Carmen es habitual que los balcones del centro se llenen de banderas, y en algunos pisos las dejan puestas hasta que empieza a hacer malo de verdad. Por eso el periodista no ha hecho ni caso, hasta que le dicen que, por lo visto, la cuestión catalana está animando el engalanamiento rojigualda, que no es resaca de la fiesta.

¿Será cierto? Un recorrido de autobús por la ciudad le permite comprobarlo: cuenta cuatro en San Fernando, tres en Vargas, alguna más en Jesús de Monasterio, en Calvo Sotelo... A lo largo del Paseo Pereda, una docena. En el edificio del banco Vitalicio, en Castelar, hay una esquina patriótica, con una en cada ventana.

Se dirige a la estatua de Pedro Velarde; al pasar ha visto una especie de mesa petitoria envuelta en la enseña. Allí se encuentra a Juan Antonio López que, con otros compañeros de VOX, reparte folletos de la visita, hoy, de su secretario general, Javier Ortega-Smith, así que no tiene nada que ver con lo de Cataluña. Le dice que, hoy también, habrá una concentración delante del Ayuntamiento, convocada por la Fundación para la Defensa de la Nación Española (Denaes), que eso sí tiene que ver con Cataluña y que ahí sí que habrá banderas.

El cronista entra por la Porticada y pasa por la Plaza del Príncipe (tres banderas). Le suena que Golf siempre tiene pulseras y llaveros con los colores en la vitrina; esta vez solo hay botas de invierno. Sigue caminando y en la puerta de un Cadena Cien de Hernán Cortés ve dos banderas, dos tamaños; como es pronto, aún está cerrada la tienda. Entonces, tiene una gran idea: los chinos de Santa Lucía. Antes de entrar ya ve una guirnalda de banderines, pero le parece demasiado festivo; dentro, hay una grande en la pared.

–¿Están vendiendo banderas de España?

– Sí, algo se está vendiendo.

– ¿Muchas?

– Hemos pedido más, pero todavía no han llegado. La gente va a comprar para poner en los balcones.

El reportero recuerda entonces cuando veía las tiendas llenas de ‘spinners’, que a él le parecían una tontería, y que un día llegó a casa y vio que su hija tenía dos. En ese momento se convenció de que los chinos son los primeros en darse cuenta de lo que está pasando.

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