"Ahora se acaba la caza y yo estoy perdido". Manuel Izaguirre ‘Timonel’. Cazador

    "Ahora se acaba la caza y yo estoy perdido". Manuel Izaguirre ‘Timonel’. Cazador
    / José García
    • Aunque responde al apodo de Timonel y para los más cercanos es ‘Timo’ desde que de joven andaba en bicicleta, en referencia a un famoso ciclista, en su carnet pone Manuel Izaguirre

    Pertenece a una familia de 19 hermanos, nacido en La Acebosa, pero con residencia en La Revilla desde que se casó. Ahora tiene 68 años y no sólo el ciclismo ha caracterizado la vida de este hombre polifacético, hipercercarno, que tiene pasión por todo lo que hace. Pero por encima de todo, por la caza.

    –He oído que le preocupa el estado de las marismas de Abaño.

    –Es una vergüenza, porque han secado árboles centenarios, robles, castaños a los que iba la gente de Abaño y de todos estos pueblos a coger castañas;y avellanos. Árboles autóctonos, muchísimos. Luego, claro, la caza que había: jabalíes, corzos, zorros, había jinetas... toda clase de animales. También había muchas hierbas medicinales, como el antojil. No han contando con nadie, ni con los vecinos de Abaño ni de La Acebosa ni de San Vicente. Con nadie. Eso es un atropello. Y da pena porque hasta peces. Yo fui un día allí y había hasta anguilas muertas, que para morirse las anguilas...

    –¿También pesca usted?

    –Tuve que ir a pescar almejas para comer cuando era un crío y a trabajar a la marisma, claro. Siempre hubo muchas almejas y eso porque estaba la ría limpia. No es ahora, que está llena de musgo y todo envenenado y se muere toda la pesca.

    –En una familia tan grande como la suya, no sobraría el dinero...

    –Claro, hemos tenido todos que salir muy temprano. De aquella, estudiar, lo justo. Tuvimos un hermano que estudió para cura porque tuvo suerte, pero los otros lo justito.

    –¿Qué es para usted la caza?

    –Lo viví toda la vida y yo pienso que los ecologistas somos nosotros, no esta gente que dice que son ecologistas y animalistas. Todo es una mentira. Esos son gente antisistema, van en contra de todo;esos no tienen ni idea de lo que es ser ecologista ni nada. Los ecologistas somos nosotros, que hemos vivido toda la vida en el campo y respetamos la ecología mil veces más que ellos.

    –¿Cómo ve la caza actualmente?

    –El otro día leí en el periódico un párrafo de la Administración, que no tienen ni idea. Ahí tenía que estar gente cazadora, no gente con un puesto a dedo que no tiene ni idea de lo que es la caza. Ahora dicen que matar jabalíes todo lo que salga prácticamente, porque quieren poner en Cabuérniga cinco jabalíes;en Potes quince;en Rionansa, siete, ocho o nueve... Quieren que desaparezcan los jabalíes del mapa. Lo que tienen que hacer es dar más cacerías y respetar la caza.

    -¿Ha oído críticas por su afición?

    –Nos ponen a veces como berzas por la caza, y la caza existió toda la vida. La caza es un arte. Cazar bien es un arte, diga esta gente lo que diga.

    –Se nota que le gusta mucho.

    –Yo disfruto mucho en el monte. Soy feliz en el monte. En el monte soy la persona más feliz. Ahora se acaba la caza y yo estoy perdido. Yo empecé a cazar con mi padre. Íbamos hasta Bielva andando desde La Acebosa.

    –¿Se imagina viviendo en Madrid o en una gran ciudad?

    –Estaría perdido. No me he comprado una casa en Polaciones, que me encanta, porque no tenía dinero. Si no, mi sueño sería tener una casa en Polaciones, irme a vivir allí. A Polaciones o a Potes, cerca del monte.

    –La gente lo suele hacer al revés y se muda del campo a la ciudad...

    –Esos no saben lo que hacen porque estar entre monte, salir a pasear y ver, por ejemplo, unos corzos, unos jabalíes o algo eso es maravilloso. La gente no sabe lo que se pierde. A la ciudad no, yo he trabajado mucho por allí porque me ha tocado pero no me gusta. Yo soy feliz en La Revilla y si fuera más al monte, más todavía.

    –Tiene usted una bolera muy bonita junto a su casa. ¿Juega?

    –Ya tiene ciento y pico años la bolera, los años que tiene la casa. No se usa porque yo dejé de jugar y jugaba un hijo que ahora está en Cartagena, pero ya no se usa.

    –¿Le gustaría que se usara?

    –Hombre, claro. Si alguien quisiera jugar aquí me encantaría que viniera. Pero una bolera tiene que estar al lado de un bar, y si el bar está cerrado, pues la bolera no funciona.

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