Los órganos olvidados de la comarca

Enrique Campuzano, junto al párroco de Cabezón, toca el órgano de la iglesia del pueblo.
Enrique Campuzano, junto al párroco de Cabezón, toca el órgano de la iglesia del pueblo. / Javier Rosendo
  • Hay nueve de estos instrumentos en la zona occidental y cinco han sido declarados Bien de Interés Cultural gracias a una asociación

Enrique Campuzano examina el órgano de la Iglesia de San Martín de Cabezón de la Sal. Lo toca, siente cómo ha pasado el tiempo sobre él, simula tocarlo, se acerca, lo huele, se aleja… Se sienta de cara al aparato y de espaldas al párroco, que observa su labor, y de repente gira medio cuerpo con una sonrisa: "Este es fácil", dice el experto. Ese es el diagnóstico facilitado por el presidente de la Asociación para la Conservación de los Órganos de Cantabria, formada por cien personas que velan por la conservación de estos instrumentos.

Campuzano se encuentra estos días inmerso en el proyecto de reparación del órgano de la Iglesia de la Asunción de Novales, una pieza excepcional, en cuya reconstrucción participa un equipo de profesionales de forma altruista. Su labor consiste básicamente en devolverle el aliento al aparato musical, con poco dinero y mucha voluntad. Y esto mismo pretende hacer este colectivo, muy a largo plazo, con los 54 órganos de Cantabria. De momento, la Asociación ha logrado que 20 sean calificados como Bien de Interés Cultural (BIC), que ya es más de lo que se ha conseguido en otras comunidades autónomas.

Acotando, en esta zona de Cantabria existen nueve órganos, todos ellos pertenecientes a la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. Están el de la iglesia de Terán, en Cabuérniga (barroco), el de Cabezón de la Sal (romántico) y el de Las Carmelitas, en Ruiloba (barroco). En Comillas, hay cuatro. Los dos del Seminario y el de la parroquia son románticos y el del Panteón del Marqués de Comillas es barroco. El de la Abadía Cistercernse de Cóbreces es neoclásico y el de la Iglesia de Novales también es barroco. De los nueve, cinco han sido declarados BIC (Terán, Ruiloba, los dos del Seminario y el de Novales).

El órgano de Novales cobra especial importancia por el proyecto que se está llevando a cabo para su restauración. Según Campuzano, "lo construyó un alemán que vino a Burgos para hacer un órgano para la catedral en el año 1857, y que aprendió el sistema español, por lo tanto, el órgano es una mezcla de los dos estilos, motivo por el que ha sido declarado BIC". El asunto es que se trata de un órgano que tiene mucho interés, pero presenta tal aspecto de deterioro que, "cualquier organero profesional (encargado de hacer órganos) diría que su arreglo sería demasiado caro (unos 150.000 euros), por lo que lo tiraría y construiría otro, lo que perjudicaría enormemente su aspecto y calidad histórica, aunque se conservara la fachada y otros elementos".

Enrique Campuzano reparando el órgano de la iglesia de La Asunción de Novales.

Enrique Campuzano reparando el órgano de la iglesia de La Asunción de Novales. / J. Rosendo

Por eso, desde la Asociación han puesto en marcha un proyecto donde participa un equipo multidisciplinar, formado por un arquitecto, un organero, varios organistas, un compositor y un organólogo, que han ido dando las directrices sobre lo que se podría hacer para practicarle la cirugía a este instrumento.

La primera fase del proyecto se completa con esta fase de investigación y poner en funcionamiento el órgano. El resto, la labor de construir los tubos que faltan y restaurar todo el mecanismo, sería cosa del organero, pero con una buena parte del trabajo realizado, tendría un coste mucho menor.

Para todo esto, la Asociación ha solicitado hace un año unos 3.000 euros a la Consejería de Cultura, pero todavía no ha visto ni un euro. Para agosto, esperan haber dado por finalizada esta primera etapa del proyecto.

Hay que decir que el órgano debería tener unos 760 tubos, pero se inaugurará con 150. "La primera vez que fuimos a verlo, encontramos once tubos y luego hemos ido recuperando el resto, que estaba entre los trasteros de la iglesia".

El de Cabezón es más pequeño, las tripas de este instrumento están algo deterioradas, aunque Campuzano asegura que restaurarlo "no costaría más de 15.000 o 20.000 euros". Lo construyó la empresa Eleizgaray. La misma que construyó el de la Iglesia de la Asunción de Torrelavega en 1917, por lo que cumple cien años. El de la iglesia parroquial de Comillas y del del Panteón aún se tocan. El de Terán fue otro órgano olvidado. Cuando se hicieron las obras en la iglesia, "no solo no se encargaron de tapar el órgano, sino que pusieron el taller de carpintería al lado, lo dejaron abierto y se llevaron tubos de polvo".

Enrique Campuzano con el párroco en la iglesia de Cabezón.

Enrique Campuzano con el párroco en la iglesia de Cabezón. / J. Rosendo

"¿Por qué ese desinterés por los órganos?, dan totalmente igual y no los han tenido en cuenta", lamenta Campuzano, que por eso decidió crear la asociación. "Es un instrumento muy sensible, que es necesario afinar", subraya.

"Hasta 1920, se convocaban oposiciones a organista (el que toca el órgano), pero ahora ya no. Si no se toca este instrumento, pierde estabilidad sonora, las maderas sufren mucho y se estropea la mecánica", añade Campuzano. Antes, eran los organistas los que se encargaban de esas pequeñas labores de mantenimiento y les pagaban por tocar.

El órgano es el único instrumento que puede dar tantos sonidos a la vez, "tocarlo es como si estuvieses dirigiendo una orquesta. Las instituciones están dejando que se marchite este patrimonio que, en ocasiones, sus piezas se funden con el polvo. El futuro de los órganos será una cuestión de voluntad. Nosotros hemos luchado mucho para que se declaren BIC", finaliza.

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