El faro de la Punta de la Silla, el guardián de la costa occidental

Carlos García supervisa a diario el correcto funcionamiento del faro.
Carlos García supervisa a diario el correcto funcionamiento del faro. / José García
  • La estructura barquereña, enclavada en un privilegiado entorno, ha sido el guía que ha ayudado a la navegación de los marinos desde 1871

Los faros son uno de los elementos más representativos del mundo del mar, una imagen que siempre reconforta y que da seguridad, quizás por ser ese uno de sus principales cometidos que les convierten en la guardianes de la costa. San Vicente de la Barquera cuenta con el privilegio de contar con uno de los 187 faros que jalonan la costa española y de los ocho que actualmente funcionan en Cantabria. El faro de la Punta de la Silla viene cumpliendo desde el año 1871 con su función de guiar a los marinos y marcar el camino existente entre Pendueles (Asturias) y Suances que son los otros dos faros que marcan la continuación de la línea costera por el este y el oeste del Cantábrico.

A lo largo de su historia este faro, como todos, se ha ido transformando, adaptándose a los nuevos avances tecnológicos que, a pesar de la revolución que se ha vivido, no ha logrado hacerlos desaparecer, ya que su presencia y su función sigue siendo un elemento al que aún recurren muchos navegantes.

Los faros son el elemento mas importante de la señalización marítima que se completa con las balizas y las boyas. Desde hace ya más de veinte siglos vienen realizando esa labor de protección de la costa, aunque los primeros generalmente señalaban la entrada a un puerto, mediante una luz fija.

El incremento del tráfico marítimo, con el descubrimiento del Nuevo Mundo y las travesías a las Indias y África, favoreció la construcción de nuevos faros, actuación que se completó en tiempos de Isabel II cuando puso en marcha el primer Plan de Alumbrado de la Costa que es el origen de la mayor parte de los faros españoles.

Curiosamente el faro de San Vicente no formó parte de ese primer plan, algunos dicen que por un descuido, pero las reclamaciones de los hombres de la mar consiguieron que se rectificase esa decisión inicial y construir el actual faro de la Punta de la Silla pocos años después, para señalizar esta amplia zona de la costa, jalonada por abruptos acantilados y playas, además de servir para marcar el acceso al puerto de San Vicente, el mas importante que existe en Santander y Gijón.

El faro barquereño, situado sobre el acantilado que le da nombre, a 43 metros de altura sobre el nivel del mar contaba con una edificación con dos viviendas, la del farero titular y la del sustituto, con una torre cuadrangular de mampostería de 9 metros de altura, que da una luz blanca cada 3,5 segundos que tiene un alcance de 13 millas. También contaba con una sirena que, en días de niebla, cuando la luz no se veía, emitía la letra V en clave morse. Esta sirena ha dejado de funcionar hace dos años.

Este faro, como la mayoría, cuenta con una privilegiada situación en un entorno natural de extraordinaria belleza, desde el que se puede contemplar, por un lado, el acceso al puerto de San Vicente y la playa de Merón y, por otro, los acantilados. Pero el de San Vicente, a diferencia de la mayoría que suelen estar en zonas escarpadas y solitarias, era un faro que se encontraba en un lugar solitario, pero a la vez unido a la villa por muy poca distancia y una buena comunicación por carretera, lo que le convertía en un destino muy atractivo para los fareros.

Originalmente el faro tuvo una lámpara de aceite de oliva, sustituida con posterioridad por una Maris de una mecha. En los años veinte del pasado siglo, con la reforma que se realizó, se sustituyó la antigua linterna produciendo su electrificación.

Una de las grandes transformaciones que se produjeron en los faros es cuando se les dotó de maquinaria para realizar giros que los convierten en prácticamente elementos de relojería luminosa, cada uno con características diferentes lo que les confiere de una personalidad que permite a los marinos identificar cada posición. En ese sentido el de San Vicente se distingue del resto por ser el que ofrece una ocultación blanca cada 3,5 segundos.

Fareros

Pero el verdadero cambio de los faros se produce con la llegada de su automatización y la implantación de la navegación por satélite a finales del siglo XX, lo que produce la desaparición paulatina de la profesión de fareros. Estos hombres en muy poco tiempo van abandonando los faros y prácticamente se convierten en unos trabajadores que supervisan su funcionamiento.

En la actualidad, en Cantabria, tan solo existen tres fareros, cuyo estatus en realidad es el de Técnicos de Sistemas de Ayudas a la Navegación que se encargan de supervisar el funcionamiento de los faros de la región y de las diferentes señales marítimas.

El encargado del faro de San Vicente es Carlos Calvo, que se responsabiliza además del faro de Suances y de las diferentes señales marítimas del occidente de la región que en San Vicente también la integran las tres balizas que hay a la entrada del puerto.

Se da la circunstancia de que Carlos Calvo fue también el farero que tuvo el privilegio de ser el último que vivió en el faro de San Vicente. Su caso es, como el de la mayoría, un ejemplo de verdadera vocación profesional, pues después de conseguir el Doctorado en Filosofía, tenía claro que su destino era vivir junto al mar, algo a lo que le ayudó también su esposa, y se dedicó a preparar las oposiciones para farero que le permite trabajar y disfrutar del privilegio de vivir pegado al mar.

Actualmente Carlos desarrolla la mayor parte de su trabajo en la Autoridad Portuaria de Santander, de la que depende el faro barquereño, pero un día a la semana acude hasta la instalación para supervisar sobre el terreno todos los sistemas de iluminación y comunicación, así las balizas de entrada al puerto. Además, también supervisa, de una manera totalmente altruista, la instalación de la estación que la Agencia Estatal de Meteorología tiene en su entorno.

Los faros en la actualidad se han convertido en espacios abiertos al público que, al tiempo que siguen manteniendo sus funciones de ayuda a la navegación, han acogido nuevas funciones. En concreto el faro barquereño se ha reconvertido en el Centro de Interpretación del Parque Natural de Oyambre, por su privilegiada situación que permite contemplar algunos de los aspectos mas desatacados de este espacio protegido.

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