Comillas, alrededor de una barra

Terrazas y carteles de los establecimientos hosteleros en una imagen de Comillas de este viernes
Terrazas y carteles de los establecimientos hosteleros en una imagen de Comillas de este viernes / Javier Rosendo
  • La villa, seguida por Noja y Potes, figura en un estudio entre las localidades españolas con mayor número de bares por habitantes

El pasado verano, un conocido portal de viajes en el que los clientes pueden poner nota a los establecimientos que visitan realizó una clasificación con los peores bares de España. En lo más alto del ranking, gracias a la acumulación de comentarios negativos, se encontraba un local de Comillas. Ahora, en la villa tienen un argumento para defenderse. Este también es el municipio de Cantabria (y el segundo de España) con más proporción de bares por habitantes. Así que con tanta oferta, tiene que haber de todo. Lugares muy recomendables y otros –la inmensa minoría, afirman los hosteleros de la zona– a los que no volver.

En concreto, el informe ‘Benditos Bares’, elaborado por la empresa Coca Cola a partir de los datos del Instituto Nacional de Estadística y la Federación de Asociaciones de Hostelería, señala que hay 9,87 establecimientos por cada mil habitantes en Comillas. Entre cafeterías, cervecerías y tabernas, una cifra que no supera ningún otro ayuntamiento en la región. O lo que es lo mismo, 22 bares en cifras absolutas. "La explicación es fácil. En invierno somos 1.800 personas y en verano llegamos a 22.000. Tiene que haber bares para acoger a toda esta gente", cuenta Marcos Pérez, del restaurante La Fragua.

De hecho, Comillas es el segundo municipio a nivel nacional, sólo superado por Sallent de Gállego (15,7), en el Pirineo de Huesca. Y ambos tienen en común que son lugares eminentemente turísticos. Uno por el atractivo de la montaña y el otro, por la playa y la oferta de ocio y naturaleza. Por eso el cuarto y quinto lugar de la clasificación –el tercero es Peñíscola (Castellón)– lo ocupan otros dos enclaves cántabros: Noja y Potes, con 9,3 y 8,8 bares por cada mil habitantes, respectivamente. Y por ese motivo tienen en común que gran parte del año muchos permanecen con la verja echada o con una actividad mínima. En temporada baja todas estas localidades se vacían. Marcos abre de marzo –coincidiendo con la Semana Santa– hasta octubre o noviembre. En Noja les pasa algo parecido. Los hosteleros, o bien descansan esos meses o reducen considerablemente el número de trabajadores.

El turismo está mejor repartido y es algo menos estacional en la comarca lebaniega, pero también sufren estos picos en Potes. Hacen falta muchos bares para cuando llegan las masas, pero después sobra sitio.

Donde no suelen llegar avalanchas de turistas es en los municipios residenciales que han crecido con el boom de la construcción. Han llegado muchas familias, pero no siempre hacen vida o alternan en la zona. Eso ocurre, por ejemplo, en Meruelo, Polanco y Piélagos, que no llegan al bar por millar de habitantes. Aunque el mínimo lo tiene Campoo de Enmedio, con 0,26 locales. Aquí, la razón es otra. Hay muchos núcleos que entre todos suman un número considerable de personas, pero sólo tres o cuatro como Matamorosa o Nestares son lo suficientemente grandes como para que un negocio sea rentable.

Por su parte, Santander, con 2,66 bares por millar de personas, está en la línea de otras capitales de España, pero es superada por Torrelavega (3,07). Eso sí, en valores absolutos la diferencia es notable, 460 frente a los 162 de la cabecera de la comarca del Besaya. Entre los grandes municipios vuelve a destacar otro con gran influencia del turismo, Laredo (5,33), que supera a Santoña (3,34), Camargo (2,74), Reinosa (2,63) y Castro (2,19). El informe pone el acento en el factor cultural para explicar que la cifra de bares sea aquí más elevada que en otros países, aunque en Comillas dicen que los visitantes extranjeros "saben disfrutarlo tan bien o mejor que los locales". En España, reflexionan los autores, no son sólo un lugar en el que tomar un café o una cerveza, sino un punto de reunión y de encuentro.

Cantabria, octava

A pesar de que tres municipios cántabros están entre los cinco primeros en densidad de bares de España, la comunidad autónoma se encuentra en la zona media de la tabla, con 2,45 establecimientos por cada mil habitantes, bastante por debajo de las tres que superan la media nacional: Castilla y León (3,04), Asturias (3,02) y Baleares (3,03). Y especialmente León, la provincia donde las tapas –gratis con la consumición– son casi una religión, que gana a todas las demás. También están por delante de la región los valencianos, gallegos, vascos y riojanos. Es decir, que Cantabria es la octava del país.

"La población dispersa y en pequeños núcleos genera una estructura de bares más generosa: son muchos establecimientos pequeños como puede suceder en el caso de Castilla y León, Asturias, o seguramente también suceda en Galicia", asegura José María Rubio, presidente de la Federación Española de Hosteleros. En cambio, este argumento tampoco es matemático, porque Aragón tiene características semejantes y sólo cuenta con 0,4 locales abiertos por cada millar de vecinos.

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