La pobreza infantil, en el limbo

El informe ‘La infancia en datos’ elaborado por el Ministerio de Asuntos Sociales eleva al 25% la tasa de pobreza infantil en Cantabria
El informe ‘La infancia en datos’ elaborado por el Ministerio de Asuntos Sociales eleva al 25% la tasa de pobreza infantil en Cantabria / DM .
  • El Gobierno de Cantabria ha desechado un trabajo que sitúa la tasa por encima del 20% porque se elaboró con una muestra insuficiente para poder considerarlo

La falta de información estadística precisa que ayude a medir la altura real que alcanza la pobreza infantil en Cantabria –donde las tasas son meramente estimativas– está obligando a las instituciones y colectivos benéficos a moverse prácticamente a ciegas en un campo de batalla en el que sería deseable, creen los expertos, tener una visión numérica diáfana del problema para poder combatirlo con el arsenal indicado.

En eso anda el Gobierno regional, que acaba de desechar un trabajo que había encargado para averiguar cuál es, en realidad, la tasa de pobreza infantil que atosiga a la región porque el estudio, que estima que los índices están por encima del 20%, "se elaboró con una muestra insuficiente para poder obtener medidas con una significación estadística adecuada".

Dada la imprecisión del trabajo, que se efectuó a sabiendas de la dificultad que entrañaba el objetivo, el Gobierno regional, que no quiere continuar caminando a tientas, ha decidido desecharlo y buscar por otro conducto la cifra que necesita para poder articular correctamente el mecanismo de ayudas destinadas a reducir la tasa de pobreza infantil en Cantabria, de la que tan solo existen estimaciones.

"La muestra es tan pequeña que a nosotros no nos sirve para trabajar", reconoce la directora general de Política Social, Chabela Méndez, para quien el acceso a datos fiables "es importante a la hora de tomar medidas específicas".

Méndez sospecha, en todo caso, que los datos no dicen nada bueno. "Cualquier cifra que se pueda extraer respecto a la pobreza infantil es vergonzante e inaceptable para la sociedad y los poderes públicos", afirma tajante la directora general, a quien le resulta "muy chocante" tener que plantearse el hecho de que "la nueva generación tenga que vivir de la nuestra".

Ante la falta de un soporte estadístico que calibre la gravedad del problema, Méndez cree que es necesario un sobresfuerzo de todos, "de la Administración y de las organizaciones", a las que recomienda, más allá de intereses partidistas, "una intervención coordinada que permita poner todos los recursos precisos a disposición de los menores en dificultades".

En este sentido, y aunque a ella "nunca" le va a parecer suficiente, recuerda que el Gobierno de Cantabria ha puesto en marcha esta legislatura el Plan de Emergencia Social, "el instrumento principal para combatir la pobreza infantil", asegura, dado que corrige las mayores urgencias de las familias en una situación más vulnerable.

Las ramificaciones de este plan, al que el Ejecutivo inyecta 85 millones de euros anuales, absorben la garantía alimentaria y habitacional y la cobertura sanitaria y educativa de los niños en riesgo de exclusión, "de manera que las necesidades básicas están cubiertas", tranquiliza la directora general de Política Social, que aunque piensa que la situación ha mejorado en este aspecto "al ritmo que ha mejorado la situación económica de muchas familias –bien porque han encontrado un trabajo, bien porque han tenido acceso a más recursos públicos–, también cree que aún hay otras muchas "en una coyuntura económica bastante precaria" .A ellas va dirigido un esfuerzo que el Gobierno de Cantabria coordina con las principales organizaciones benéficas de la región.

Un nuevo estudio

Entre ellas, Unicef, cuya presidenta en la delegación territorial cántabra, Esperanza Botella, ha encargado a la Universidad de Cantabria un informe relacionado con la infancia que posiblemente vea la luz dentro de seis meses.

"Ese estudio, que ya tienen el resto de las comunidades autónomas, nos dará algunos datos si no definitivos sí al menos aproximados sobre los índices de pobreza infantil que, luego, pondremos en manos del Gobierno regional para que los maneje como considere oportuno", explica Botella, para quien el informe elaborado por Francisco Parra "no contiene cifras representativas en valores absolutos pero sí significativas en tendencias".

Mientras llegan los resultados, Unicef continúa trabajando con los del informe ‘La infancia en datos’, un documento elaborado al alimón por el Ministerio de Servicios Sociales y la propia institución benéfica "que dice que el 25,6% de la población infantil que hay en Cantabria (que representa al 17% del total) se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión", lee Botella.

El dato coloca a la comunidad autónoma por debajo de la media nacional (34%), lo cual no deja de ser una anécdota a la hora de enfrentar "un problema que hay que encarar con inversión pública". A su juicio, esa es la mejor manera de atacarlo. "Invertir en infancia es la única manera de transformar las sociedades y de practicar la equidad y la justicia social, y eso solo puede hacerse a través de la política", dice Botella, que cree que los niños necesitados "están sufriendo las consecuencias de la reducción de las ayudas públicas de la famosa crisis, que parece que no termine nunca".

Organizaciones benéficas

Las organizaciones benéficas que directa o indirectamente trabajan por hacer frente a la pobreza infantil tampoco están abordando el problema desde una base estadística sólida que les permita calibrar su alcance auténtico y, en consecuencia, aplicar las soluciones más adecuadas. Lo hacen con sus propios números, que recogen en sus anuarios correspondientes y que les dan una idea más o menos certera de la situación. Son el mejor termómetro que tienen para medir la temperatura de una crisis que, por lo que cuentan, se mantiene estable dentro de su enorme gravedad.

El Banco de Alimentos de Cantabria, por ejemplo, atendió en 2016 las necesidades básicas de un total de 2.939 menores de edad. La cifra de beneficiarios de entre cero y dos años de edad (345) decreció con respecto a la de 2015 (373). Por el contrario, el número de demandantes de entre tres y 18 años (2.594) aumentó con respecto al pasado año (2.538).

Según subraya el presidente de la institución, Francisco del Pozo, "las cifras de demandantes oscilan más bien poco porque necesitados siempre tenemos". Leche, ‘cola cao’, cereales, papillas, frutas, galletas... "Los lotes de productos alimenticios contienen todo lo necesario para la alimentación básica de los menores de edad", indica Del Pozo, que resalta igualmente la alta demanda de los productos relacionados con la higiene personal. Pañales, toallitas sanitarias, geles para bebés...

La Cocina Económica, de su lado, atendió el año pasado a un total de 825 familias que reunían a 605 menores de 12 años de edada los que hizo entrega de lotes con productos alimenticios e higiénicos suficientes para subsistir. Según la directora, Sor Evelia Cantera, "estas cifras no difieren demasiado de las que venimos anotando en los últimos años", aunque, claro, "en la lucha contra la pobreza infantil no se puede bajar la guardia ni un momento".

Organizaciones intermedias entre quienes dan y quienes reciben, tanto el Banco de Alimentos como la Cocina Económica se apoyan en "la generosidad de los ciudadanos" que, bien a través de diversos colectivos, bien a título individual, surten a ambas entidades de todos los productos alimenticios e higiénicos que ellos distribuyen luego entre las familias más vulnerables, aunque, en ambos casos, mantienen un alto grado de coordinación con las instituciones públicas.

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