"Hay que matar clichés y aportar sangre nueva a nuestra visión sobre el mimo"

El actor cántabro José Piris actúa mañana en Ábrego.
El actor cántabro José Piris actúa mañana en Ábrego. / DM
  • José Piris | Actor

"Sin el amor, el ser humano no puede sentir la necesidad de crear. La base de la creación parte del amor, de la necesidad de amar, de compartir, de comunicar, y es por el amor que hemos creado el teatro". Es la frase de Marcel Marceau, quien inspiró al actor cántabro José Piris a decantarse por el mundo del mimo. Fue con seis años, en la plaza de Correos cuando vio su primer mimo, pero fue con 20 cuando descubrió a Marceau. Desde entonces ha creado la escuela Nouveau Colombier y su propia compañía. Mañana y el sábado estará en la Muestra Internacional de Teatro ‘Solo tú’ con ‘Más allá de las palabras’.

–¿Qué es el mimo para usted?

-El mimo es toda mi vida. Lo descubrí con 20 años, con mi maestro Marcel Marceau. El mimo ha sido la columna vertebral sobre la que he trabajado todos estos años. También hago teatro de texto, máscaras o circo. Pero el mimo es un arte superpoderoso que te permite, a través del cuerpo, conectarte con el resto de los lenguajes. Es curioso que muchas veces cuando pensamos en el mimo vemos a un señor con una camisa de rayas y cuando entras en este mundo ves que es un universo enorme. Es teatro sin palabras, como el que hacía Chaplin. El teatro está muy ligado a la palabra y la literatura, mientras el gesto utiliza el cuerpo y habla con las emociones.

–¿Cómo descubrió el mimo?

–Lo descubrí con seis años viendo a un mimo en la Plaza de Correos de Santander, pero con Marceau descubrí la capacidad que tiene el mimo de hacer ver allí donde no es tan fácil ver. Con Marceau descubrí como con muy poco era capaz de trasladarnos a un lugar muy lejano.

–¿Y por qué es usted mimo?

–Porque mueve dentro de mi algo muy poderoso. Me hace feliz y me colma. El mimo me hace sentir vivo.

–¿Qué es ‘Más allá de las palabras’ su apuesta para mañana en la muestra ‘Solo tú’ en la Teatrería de Ábrego?

–Es un espectáculo donde utilizo el texto, dialogo con el público y pongo en evidencia elementos universales como el amor o la libertad. Introduzco al público en la realidad escénica y en el mundo de la pantomima.

–Hay pocos actores dedicados al mimo, ¿A qué se debe?

–En nuestro país en el arte vamos por detrás de Europa y el mundo. No porque no tengamos calidad, sino que es una cuestión histórica. La tradición del mimo se desarrolló en Centroeuropa, incluso Italia. En España hubo hace años un pequeño brote con El Joglars y Les Comediants, que plantearon un teatro de creación instalado en el cuerpo. Durante años tuvo un auge pero no quedó establecido porque falta mucha pedagogia. La gente no podía acceder a formarse. Hoy ya hay gente formada en un lenguaje que es complicado de aprender.

–¿Es un trabajo bien valorado?

–Hay que verlo para valorarlo. Algunos piensan que es un señor haciendo de estatua en la calle o piensa en Marceau tirando de una cuerda en un muro. Lo que hace falta es matar clichés y aportar sangre nueva a esta visión. Queda mucho trabajo por hacer. A mi me ha tocado enseñar y dar una imagen de cómo es el mimo del siglo XXI, pero afortunadamente no estoy solo.

–Usted tiene un escuela, Nouveau Colombier, ¿hay jóvenes bien formados en mimo?

–Mi escuela es muy conocida, incluso en Europa. Recibo alumnos europeos porque han visto mi trabajo. Es gratificante.

–También tiene su propia compañía, ¿cómo se ve un director en tiempos de crisis?

–El director que no sepa estar en tiempo de crisis mal apañado va. El teatro nunca ha sido un arte con privilegios. Normalmente, ha luchado mucho. Hoy en día vemos a gente que empezaron con una compañía independiente y han pasado muchas penurias. Es difícil, pero no por eso te tienes que rendir. Marceau siempre nos decía ¿qué es lo que no es difícil? Si sigo en esto es porque creo que es una verdad y un credo. Después de muchos años confías y sabes que es tu vida.

–¿Cuál es su filosofía sobre el escenario?

–El teatro para mi es un rito, un encuentro con el público. Es muy bonito sentirles reír en sus butacas. La tele o el cine no es lo mismo. Lo que yo hago está vivo en el escenario y lo hago ante un público que está vivo. No es una huella fotográfica, como pasa con otras artes. Esto es un momento de misa, de rito y ceremonia. Cuando pisas la escena te sigues poniendo nervioso, pese a que lleves muchos años sintiendo el olor a madera, las luces del escenario... Es una aventura tan bella que es irrepetible. Nunca sabes qué va a suceder cuando subes a un escenario. Es una gran aventura.

–¿Cómo ve el mundo del teatro?

–El teatro lleva en crisis muchos años y hoy se ha transformado en una pequeña sala de Lavapiés. Creo que tenemos que preguntarnos si la sociedad da la importancia al arte que realmente tiene. Pensar que se puede vivir sin arte es una gran equivocación. Cuando preguntas a las personas qué quieren ser, muchas responden que feliz, y la felicidad está en manos de los actores, cómicos y payasos, aquellos que te hacen soñar y te alejan de las preocupaciones de cada día por unas horas.

–¿Quién es su referente?

–He tenido muchos maestros muy interesantes, pero Marcel Marceau es un ángel sin alas, es un señor que con muy poco, solo su cuerpo, te da lo esencial. Es una persona sola en el escenario capaz de hacerte viajar.

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