"Los movimientos sociales no están en su mejor momento"

Carlos Taibo, durante la conferencia que impartió en Espacio Espiral y que organizó la asociación Sol Cultural.
Carlos Taibo, durante la conferencia que impartió en Espacio Espiral y que organizó la asociación Sol Cultural. / JAVIER VILA
  • Carlos Taibo, profesor de Ciencia Política que ofreció una conferencia en Santander organizada por Sol Cultural, aboga por una transformación social que "venga desde abajo y no de las instituciones"

Profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid, reconocido experto en las exrepúblicas soviéticas, consumado activista de los movimientos sociales, figura visible de la Teoría del Decrecimiento... Carlos Taibo (Madrid, 1956), que también es autor de medio centenar de libros, acaba de visitar Espacio Espiral como ponente de la programación con la que la asociación Sol Cultural celebró su fiesta de la primavera para hablar sobre los exestados soviéticos. Horas antes de su conferencia compartió con este periódico su escepticismo sobre el papel de las instituciones para transformar la sociedad y lamentó que los movimientos sociales no estén en su mejor momento.

–La wikipedia dice de usted que es "un firme partidario del movimiento antiglobalización del decrecimiento y de la democracia directa". ¿Se siente reconocido en esa definición?

–Me reconozco en esos tres elementos, pero creo que soy más cosas. No creo que esa sea una fuente particularmente solvente, por ejemplo cuando se habla de mi defensa de la democracia directa. Yo soy un libertario, un anarquista y es verdad que la democracia directa es un elemento central de la posición libertaria en la vida, pero soy muchas otras cosas. Defiendo también la autoorganización de las sociedades, la autogestión, el despliegue de prácticas solidarias desde abajo, con lo cual todo eso es verdad, pero no retrata la realidad de manera cabal.

–Como activista de los movimientos sociales, ¿quedan muchos frentes por activar?

–Quedan por activar muchas cosas porque los movimientos sociales no están en el mejor momento. En los últimos años hemos visto como muchas gentes se dejaban llevar por la ilusión que provocaban las instituciones, las elecciones y los partidos en un escenario lastrado por una dramática desmovilización en el terreno social y en el laboral. Yo creo que esa no es precisamente una opción inteligente de tal manera que lo primero que tienen que hacer los movimientos sociales es reactivarse por decirlo así.

–¿Los jóvenes deberían liderar esa ‘reactivación’?

–No creo que nadie debiera sentirse excluido de esa operación. Creo que uno de los problemas de lo ocurrido en los últimos años en España es que hay un protagonismo, que por otro lado es legítimo y merecido, de la gente joven, pero cualquier proceso de transformación de una sociedad reclama la participación de todos y porqué no la de los ancianos. También se reclama la participación de los sindicatos, de las organizaciones no gubernamentales y de un sinfín de iniciativas en el ámbito local que deberían renacer, como por ejemplo el poder vecinal que infelizmente ha ido perdiendo fuerza con el paso de las décadas. En fin, que no me siento obligado a cerrar la puerta a ninguna de estas instancias.

–No ha citado a los políticos. ¿Sería conveniente ir de su mano o es mejor estar en el bando contrario?

–Soy muy escéptico en lo que respecta a las instituciones que están claramente situadas en la trama de un sistema profundamente injusto y explotador y por añadidura que son víctimas conscientes de un cortoplacismo aberrante que hace que los grandes problemas de fondo no formen parte de sus preocupaciones con lo cual mi perspectiva es que la única manera de aspirar razonablemente a una transformación de la sociedad es haciéndolo desde abajo, no desde las instituciones.

–Usted es una figura visible de la Teoría del Decrecimiento. ¿En qué consiste?

–La Teoría del Descrecimiento nos dice que si vivimos en un planeta con recursos limitados no parece que tenga mucho sentido que aspiremos a seguir creciendo ilimitadamente, sobre todo porque hemos violentado claramente las posibilidades medioambientales y de recursos que la tierra nos ofrece. La huella ecológica española hoy es de 3,5, que significa que para mantener las actividades económicas hoy existentes en España precisamos tres veces y media el territorio español, algo que es literalmente insostenible. En este sentido, la Teoría del Decrecimiento nos dice que en el Norte opulento tenemos que lograr los sistemas de producción y de consumo y tenemos que partir de la presunción de que podemos vivir mejor con menos si distribuimos la riqueza, si buscamos antes los bienes relacionales que los bienes estrictamente materiales, si procuramos recuperar la vida social que hemos ido perdiendo, si repartimos el trabajo, si reducimos las dimensiones de muchas de las infraestructuras que empleamos y si restauramos la vida local. En fin si apostamos por la sobriedad y la sencillez voluntaria.

–Como experto en estudios rusos y que ahora se cumplen cien años sobre la Revolución Rusa la asociación Sol Cultural le invitó a su fiesta de primera para hablar sobre los estados soviéticos. ¿Se pueden resumir cien años en una conferencia?

–En efecto es una tarea difícil, porque esos sistemas fueron cambiando con el paso de tiempo de tal manera que lo que uno puede decir que sucedió en 1929 probablemente no vale para lo que pasaba en 1969 y al margen de eso, lo que ocurrió en Rusia, no necesariamente es lo mismo que lo que ocurría en Polonia o en Hungría. Pero aún así yo creo que hay rasgos generales en lo que respecta a la vertebración del sistema político, a la economía, al tratamiento de la cuestión nacional que permiten trazar un esqueleto de lo que fueron estos sistemas.

–Cien años después muchos autores, como la investigadora Mira Milosevich que estuvo recientemente en Santander, afirman que la Revolución ha fracasado. ¿Cómo lo ve usted?

–El fracaso o no depende de la perspectiva ideológica de quien juzga los hechos. Yo creo que es innegable que vistas las circunstancias cien años después los sistemas han desaparecido con lo cual en una primera lectura se puede hablar de fracaso. Creo por añadidura que no acabaron por plantear una opción creíble y fundamentalmente distinta de la del capitalismo, con lo cual también en ese terreno fueron un fracaso, pero es verdad que si uno concentra la visión en determinados momentos históricos, por ejemplo la Segunda Guerra Mundial, también cabe preguntarse como sería el planeta si la Unión Soviética no hubiese existido entonces, por muchos conceptos trágicos que presentaba pero que permitieron que la Alemania hitleriana fuese militarmente derrotada. De tal manera que afirmar taxativamente que la Revolución Rusa fue un fracaso o que no lo fue es un ejercicio delicado que merece réplicas.

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