"El folclore antes se cantaba hasta en la cocina y ahora sólo en los escenarios"

Chema Puente en el santanderino Bar Madrazo. Su propietario José Antonio Rebanal también será homenajeado hoy
Chema Puente en el santanderino Bar Madrazo. Su propietario José Antonio Rebanal también será homenajeado hoy / Daniel Pedriza
  • El rabelista Chema Puente, que será hoy objeto de un homenaje al que acudirán las principales figuras de la música con raíces de la región, reivindica que las tradiciones se estudien en las escuelas

Hablar del rabel en Cantabria es hacerlo de Chema Puente (Santander, 1951). Nacido en Cueto y licenciado en Físicas, este músico será objeto hoy de un homenaje en el que participarán las principales figuras del folclore regional. Será a las 14.00 horas, en el Hotel Hoyuela, y compartirá los honores con José Antonio Rebanal, el propietario del Bar Madrazo, un templo para los aficionados a la música tradicional. En este local, ubicado en la calle General Dávila, Chema Puente reconoce a este periódico que está muy ilusionado con el acto de hoy, que no se siente referencia "porque hay grandes maestros" que "merecen más" el calificativo que él y también lamenta que en las escuelas no se preste tanta importancia a las tradiciones cántabras. "Muchos niños aprenderían que antes se cantaba en las cocinas, en los trabajos y durante los juegos y ahora sólo en los escenarios".

–¿Le ilusiona que las principales figuras del folclore le preparen un homenaje?

–Muchísimo y ha sido una sorpresa porque cuando me he enterado ya estaban las calles llenas de carteles.

–¿Cómo lleva eso de ser una referencia del folclore cántabro?

–Es que no creo que sea una referencia. Si tuviera que definirme diría que soy un buenísimo aficionado a las tonadas. A lo mejor en el rabel he aportado algo de repertorio, pero lo que soy es un enamorado del cante popular porque ya hay maestros consagrados muy buenos.

–Cíteme alguno

– Aurelio Ruiz, Benito Díaz, Malvis... Yo he bebido de sus grabaciones y siempre fueron mi referencia. También Toñín Pelaez... Son gente en la que siempre me he fijado. Pero también hay otros menos conocidos, sobre todo mujeres, que no han grabado discos y que atesoran unas canciones preciosas y romances muy importantes de nuestra tradición que se han ido descubriendo poco a poco.

–¿Cómo llega al rabel, un instrumento más propio del mundo rural, un chaval de Cueto?

– A través de los discos. En los años setenta se empiezan a grabar estas cosas y hubo uno de Paco Sobaler y Pilar Ahumada que me tocó la fibra. Paco Sobaler era campurriano y empecé a interesarme por el folclore de esa zona. Cuando tuve más soltura acudí a Jesús García Preciados que tenía un programa muy exitosos en Radio Nacional y descubrí que en Polaciones también había gente que tocaba el rabel aunque allí lo llamaban bandurria. Le pedí unas direcciones y con ellas y unas fotocopias del ‘Romancero Popular de La Montaña’ me acerqué a Polaciones con la grabadora y ahí empezó un poco mi historia con el rabel.

–¿Cuántos rabeles posee?

–Unos diez que he ido comprando a lo largo del tiempo. Tengo alguno de Pedro Madrid –que fue el que puso la música a la película ‘Los santos inocentes’– y con el que toco ahora es de un luthier profesional que se llama Jesús Reolid y que participó la reproducción de los instrumentos que aperecen en el pórtico de la Colegiata de Toro.

–¿Por qué el rabel ha perdurado en el tiempo?

–La memoria musical del rabel permanece en los lugares donde existía el oficio de pastor transhumante que en verano venían aquí a la cordillera cantábrica y en invierno bajaban a las dehesas extremeñas. También se ha conservado en la zona riojana, en Riaño (León)... En Cantabria es donde más repertorio se ha conservado y donde más gente lo toca. Hasta hace cinco años hemos podido ir a las cocinas de mucha gente que nos han permitido recuperar un gran material.

–Se le identifica también con las tonadas. ¿Qué relación tienen con el rabel?

–Hay dos estilos diferentes de rabel en Cantabria. En Campoo, que se toca apoyado en el pecho, se han conservado tonadas y la jota; y en Polaciones que se interpreta sentado y con el rabel en las rodillas, perdura el romancero, además de las tonadas y la jota.

–Siempre ha defendido que el folclore se estudie en los colegios.

–Puede dar mucho juego en la enseñanza. Las canciones y los bailes permitirían que los niños conocieran mejor la historia de Cantabria y, sobre todo, que la música no sale de los discos o de la televisión, sino que es algo vivo que la gente ha conservado por tradición. Que, aunque ahora solo se actúe en escenarios, antes se cantaba desde que amanecía hasta que anochecía, en los juegos, trabajando o en las cocinas.

–¿No le parece que hay pocos grupos de danza con rabel?

–Es cierto. La verdad es que la sonoridad del rabel no es buena para los espacios abiertos, pero ahora hay megafonías que podrían usarse. El único grupo que parece que ha entrado a ello es el de Ubiarco y creo que deberían intentarlo los demás. Hay suficientes escuelas para que cada grupo tuviera sus rabelistas.

–Mucha gente reivindica que su canción ‘Santander la marinera’ sea el himno de la capital cántabra.

–Es la canción que más ha compartido la gente y les ha llegado. Yo con eso me doy por satisfecho.

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