"El proyecto de vida de los mayores no se acaba al ingresar en una residencia"

Miguel Leturia Arrazola ha impartido en Santander un seminario para profesionales
Miguel Leturia Arrazola ha impartido en Santander un seminario para profesionales / Andrés Fernández
  • Miguel Leturia Arrazola, psicólogo y responsable de innovación de la Fundación Matia, imparte formación a profesionales sobre el nuevo modelo de atención centrado en las personas que se quiere impulsar en Cantabria

El reto es que los mayores se sientan en las residencias "como en casa", sin renunciar a su proyecto de vida y con capacidad de decisión sobre los hábitos y preferencias que marcan su día a día. El psicólogo Miguel Leturia Arrozola, responsable de innovación de la Fundación Matia, pionera en la aplicación del modelo ACP –atención centrado en la persona–, aboga por dar una vuelta de tuerca al concepto actual de residencias y centros de dependencia. Parte de la premisa de que "tenemos una política social y unos servicios que están bien", pero invita a "reflexionar sobre cómo queremos que sean los recursos residenciales del futuro". Esta semana ha impartido el primer seminario para profesionales destinado a marcar el camino que el Gobierno de Cantabria está dispuesto a impulsar.

–¿En qué consiste la atención centrada en la persona?

–Partiendo de que la atención que se da a los mayores en situación de dependencia es correcta, este nuevo modelo busca otras miradas, otros enfoques, para ir más allá de dar respuesta a las necesidades básicas, teniendo en cuenta las preferencias y el estilo de vida previo y, con todo ello, garantizar al máximo los derechos de las personas.

–¿El modelo actual no tiene en cuenta la opinión de los mayores?

–Sí, lo que ocurre es que tenemos un modelo más tradicional de atención, se les atiende bien, se tiene en cuenta sus necesidades sanitarias, pero la vida es más que eso, se trata de, pensando en el futuro, ir transformando este modelo de atención, adaptándolo a aspectos más propios de cada persona. Si no van a poder vivir en su domicilio, las residencias van a ser el alojamiento alternativo pero de la manera más parecida a la que vivirían en su casa.

–¿Cómo se debe encauzar ese cambio, por dónde se empieza?

–Hay que ir poco a poco, mediante cambios organizativos en los centros residenciales y de competencias y cualificación profesionales. En definitiva, recrear espacios para la vida de estas personas, vulnerables y frágiles, para que sean lo más generadores de bienestar para ellos.

–¿Si se pregunta a los mayores, habrá alguno que quiera dejar su casa?

–Los estudios sobre este tipo de cuestiones indican que el 85-90% de las personas prefiere seguir viviendo en su casa, incluso cuando tienen necesidades de apoyo. Sin embargo, el incremento de la esperanza de vida y el progresivo envejecimiento, que es un logro social, lleva consigo un aumento de la prevalencia de situaciones de demencias y deterioro cognitivo. Esas son las situaciones más problemáticas para atender en el domicilio, en las que se necesitan alejamientos alternativos. Para que ese cambio de domicilio no suponga una ruptura tan fuerte con su historia de vida y con su estilo de vida previo, interesa introducir este nuevo modelo de personalización de los cuidados.

–¿La decisión de ingresar en una residencia depende más de la familia que del dependiente?

–Sí, lo que pasa es que hay situaciones en las que no es posible seguir atendiendo en la vivienda habitual, porque están cambiando muchas cosas, necesitan condiciones de accesibilidad. Los cuidados familiares, por otra parte, también tiene unos pros y unos contras, aunque es muy deseable y querido por los mayores dependientes, hay que tener en cuenta que para los cuidadores hay momentos en los que tienen que dedicar la totalidad del día a esos apoyos y supervisión. Por eso, hay que valorar salidas que sean lo más beneficiosas para todas las partes implicadas. Desde ese punto de vista las residencias son una buena opción, pero la sociedad y los intereses cambian, así que tenemos que ir en paralelo, mejorando y transformando este tipo de servicios.

–¿Cree que existe la mentalidad de que el ingreso en una residencia implica cierto abandono?

–No es correcto pensar que una familia que opta por llevar a una persona dependiente a una residencia está abandonando. Es una decisión que cuesta tomar, incluso puede dar lugar a un sentimiento de culpabilidad, pero es más por desconocimiento de lo que es este servicio, sobre todo porque cuando nos llegan noticias suelen ser negativas. La ciudadanía debe saber que hay excelentes profesionales en este sector y la atención es correcta.

–¿La ley de dependencia prueba que la gente es más partidaria de cuidar en casa que en un centro?

–La ley, aprobada en 2006, ofertaba ayudas económicas y servicios profesionales, y aunque pretendía que se diera prioridad a los segundos, la realidad nos ha dicho que la prestación mayoritaria ha sido la económica para el cuidado en el entorno familiar. Eso, desde mi punto de vista, no ha sido lo mejor, sino una desviación de lo que pretendía ser la ley de dependencia. Pero tiene más explicaciones y más variables que intervienen. Influyó también la llegada de la crisis, en 2008. Esto era un ingreso para familias que lo estaban pasando mal. La tendencia a futuro va a ser invertir esto.

–¿Vivir en casa no siempre es sinónimo de estar bien cuidado?

–Habrá de todo. Hay situaciones en las que es difícil atender bien en casa, por el grado y el tipo de dependencia. Si en la vivienda tienes los servicios externos contratados es costoso. Es cierto que el sector de la dependencia no está lo suficientemente valorado, ni como estatus social ni como retribución económica.

–¿Qué pautas se deben dar para llegar a esa atención centrada en la persona?

–Es muy importante que los profesionales aprendamos. La formación es importante para ir cambiando ese rol profesional, aspectos como la promoción de la autonomía y la independencia son elementos claves para aplicar este modelo. Homogeneizamos demasiado la atención, nos falta personalizar y dar respuestas individuales a la singularidad de cada persona.

–¿Puede poner algún ejemplo práctico de lo que hay que cambiar?

–Por ejemplo, si una persona mayor en su vida previa al ingreso a la residencia tenía unos horarios, para acostarse y levantarse, para disfrutar de sus aficiones, se trata de que en la residencia no tenga que adaptarse a unos horarios prestablecidos en el centro y perder esa rutina tuya, que es tu manera de vivir en casa.

–¿Cuál es la experiencia de este modelo en otros países?

–Este modelo se aplica en Estados Unidos, Canadá, Centroeuropa y en los países nórdicos. En España, en el ámbito de atención a la discapacidad tienen en cuenta dimensiones de este tipo, pero en el de los mayores hemos ido un poco por detrás, en el sentido de que no hemos tenido en cuenta esa individualidad de las personas, hay que entender que a esas edades siguen teniendo un proyecto de vida, aunque sea cronológicamente más corto, y no se acaba por ingresar en una residencia.

–¿Qué demandan los mayores cuándo se les pregunta cómo quieren vivir?

–La respuesta está en uno mismo, cómo queremos vivir, por el hecho de ser mayores no cambia. Lo mejor posible, con el máximo bienestar, tomando decisiones, que se nos permita tomar decisiones. En definitiva, tener control sobre nuestra propia vida.

–¿Qué ventajas reporta este nuevo planteamiento?

–El impacto es beneficioso para todos los agentes intervinientes, no solo a las personas dependientes, sino también a sus propias familias y a los profesionales que los atienden.

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