COLECCION MUNICIPAL DE ARTE DE MIENGO


      Bastantes colecciones, incluidas las de arte, surgen casi por ca- sualidad. Llega un momento en que el conjunto de objetos que poco a poco se han ido sumando alcanza tal número o entidad que parecen al poseedor como una unidad. Esta muestra, que alcanza las casi 80 piezas, fue formada de este modo, de forma casi involuntaria, a partir de las donaciones hechas por aquellos artistas que han expuesto durante los últimos once años en la sala municipal Robayera, en Miengo

       A finales de la década de los ochenta, gracias a la iniciativa de Faustino Cuevas y sobre todo al trabajo y al entusiasmo de Juan Manuel Puente Rivero, se rehabilitó la planta baja del consistorio, convirtiéndola en sala de exposiciones. El espacio se inauguró en 1989 con una selección de trabajos del propio Puente, quien desde entonces se ha encargado de conducir las actividades desarrolladas en la llamada sala Robayera.

       La intimidad del pequeña galería en una situación excéntrica de los círculos expositivos usuales, y enclavada en un hermoso paraje natural, ofrece de por sí un buen incentivo para los creadores. Está a medio camino entre Santander y Torrelavega, junto al mar, en una zona de la costa que se ha salvado, en parte, de la termita urbanizadora mas agresiva.

       Durante los años noventa, las buenas relaciones del director de la sala con muchas personas mundo de la cultura, y el prestigio de los proyectos y propuestas que se desarrollan en Miengo, atraen al lugar a prestigiosos artistas de la región y nacionales como Ángel Schloesser, Antoni Tàpies, Josep Guinovart, Carmen Calvo, Miguel Ángel Campano, Eduardo Chillida... Para muchos de los invitados las muestras de la sala Robayera han supuesto su primer acercamiento al público cántabro.

       Es frecuente en el resto de Europa, la existencia y apertura de espacios culturales en zonas rurales, para apoyar indirectamente al desarrollo económico del territorio y descentralizar la oferta de las grandes concentraciones urbanas. Robayera fue un ejemplo absolutamente novedoso en Cantabria. Se sumaba a proyectos de otras regiones, como el caserío-museo de Zabalaga, dedicado a Chillida, o la vieja fábrica de moler harina junto al Canal de Castilla en la población palentina de Abarca, habilitada para propuestas vanguardistas.

      Por la pequeña sala con planta en forma de U han pasado importantes creadores españoles y extranjeros presentando muchas veces proyectos expositivos arriesgados y de gran calidad. Casi siempre, en las inauguraciones ha estado la persona que exponía. En bastantes ocasiones, Robayera ha sido la carta de presentación en Cantabria de artistas como Fernández Pijuán, Ferrán García Sevilla, Ian Wallace, Angel Schloesser, Eva Lootz o Carmen Calvo. Las muestras se financian con un reducido presupuesto que ronda los 6 millones anuales y ayudas puntuales de la Consejería de Cultura y Caja Cantabria.

       La primera exposición que se organizó en 1989 en la recién inaugurada sala Robayera fue dedicada a Juan Manuel Puente. Éste donó al ayuntamiento cuatro obras que reflejan los cambios que ha atravesado su acercamiento a la abstracción. Una de las más interesantes es un gran lienzo en el que un elemento geométrico se enfrenta como un hito sobre un elaborado paisaje matérico.

       Celestino Cuevas, Rafael Leonardo Setién, Martínez Cano y Fernández Saro fueron los siguientes en exponer aquel primer año.

       En los tres siguientes años pudieron verse muestras de Rosendo Álvarez Cortés, Rafael Pañalver, Antonio Mesones, Pedro F. Palazuelos, Manuel Pérez Cagigal, Antón Patiño, Pedro Castrortega, Ramón Zubiarraín, Menchu Lamas, Darya von Berner, Antón Llamazares, Cosme Churruca, Ángel Izquierdo, Angel Bados, Hernández Pijuán, Ferrán García Sevilla, Xesús Vázquez, Joan Miró, José Luis Mazarío, éste último presente también en la primera colectiva bajo el genérico título de «10 propuestas cántabras».

       Poco a poco aparecen no sólo nombres de notables artistas de la región, sino también importantes creadores venidos de fuera. Despunta la presencia de Joan Miró, de quien se mostró una serie de grabados.

       Entre los años 1994 y 1996 estuvieron en la sala los pintores, fotógrafos y escultores: Carlos Franco, Alfonso Albacete, Josep Guinovart, Curro González, Eugenio Ampudia, Ian Wallace, Albert, Rafols Casamada, Adolfo Schloesser, Rafael Canogar, Pilar Cossío, Darío Álvarez Basso, Ignacio Tovar, Miguel Ángel Campano, Eduardo Chillida, Manolo Quejido y Antonio Mesones. Prácticamente todos ofrecieron alguna pieza a la colección.

       La selección de la obra expuestas de Eduardo Chillida fue bastante completa, e incluyó junto a varias terracotas que él llama lurrak (tierras), grabados, dos esculturas de acero y una de granito. El volumen de estas tres últimas piezas obligó a colocarlas en el cercano palacio de Peñas Blancas. El donostiarra donó posteriormente un grabado.

       Ian Wallace regaló al Ayuntamiento un trabajo fotográfico que hizo íntegramente en la zona. Guinovart donó un dibujo hecho sobre el papel que él mismo fabrica. En la muestra de Schloesser pudieron verse además de dibujos, varios ejemplos de su audaz investigación de los materiales convertidos en creaciones escultóricas. Donó a Miengo un par de dibujos y una pequeña pieza hecha con barro y raíces.

      Tampoco ha descendido la actividad estos últimos tres años con la presencia de Daniel Gutiérrez, Antoni Tàpies, Eva Lootz, Carmen Calvo, Fernando Sinaga, Xabier Grau, Vincenç Viaplana, Susana Solano, Juan Muñoz, Juan Uslé, Cristina Iglesias, Salvatore Ravo, Jordi Teixidor, Zush, Frederic Amat, Juan Genovés, Jaume Plensa y Faustino Cuevas. Tampoco estos artistas se marcharon sin contribuir a la colección con algún trabajo.

       El pintor cántabro Juan Uslé donó cuatro fotografías como muestra de su inquieto acercamiento a este soporte. Tàpies, convertido ya en una leyenda viva del regreso de la vanguardia a España, donó la espléndida «Cadira». El creador del emblema pictórico de la transición «El abrazo», Juan Genovés, donó un dibujo de gran formato por el que pequeños personajes parecen huir caóticamente. La inquieta Eva Lootz, cedió a Miengo un par de «weddingshoes» (zapatos de boda) de su «Ajuar». Juan Muñoz a quien es difícil ver por España, dejó un par de grabados de gran formato. La escultora vasca Cristina Iglesias presentó una selección de grabados y donó un pequeño dibujo.

      Además de individuales, Robayera ha sido testigo de varias montajes colectivos. En 1990, bajo el título «10 Propuestas Cántabras», participaron Miguel Ángel Castanedo, Puerto Collado, Celestino Cuevas, Miguel Ángel García Seco, José Luis Mazarío Bengoetxea, Fernado Perales, Juan Manuel Puente Rivero, Rafael Leonardo Setién, Jesús Velasco Aedo y Eloy Velázquez.

       En 1994 se reunieron algunos trabajos de los internacionales Miquel Barceló, Juan Manuel Broto, George Condó y Julian Schnabel.

       «Al norte», en 1996, fue la segunda ocasión en que se reunió una selección de trabajos sobre la abstracción de artistas cántabros como José Aja, Carmen Anzano, Begoña Calzada, Joaquín Capa, Martín Carral, Ricardo Cavada, Jacobo Goiría, Ángel Izquierdo, Marien Martínez Ureta, Fernando Mastretta, Antonio Mesones, Juan Manuel Puente,Roberto Ruíz Ortega y Raúl Reyes.

       Otras colectivas han sido las pertenecientes a las colecciones de arte contemporáneo de la Ciudad de Pamplona y las dos celebradas en 1995 y 1998 en las que se presentaron los fondos municipales propios. La última, que se ubicó en la nave de la iglesia de Miengo, tuvo un notable eco fuera de nuestra comunidad, valorándose el esfuerzo hecho desde una pequeña Galería municipal.

      Algunas de las muestras han sido acompañadas de montajes específicos, cuando no han consistido en instalaciones. Juan Manuel Puente todavía recuerda a Carmen Calvo rociando las paredes del recinto directamente con pigmentos de fuertes colores mezclados con agua. Asimismo, una fotografía recuerda la instalación que Darya von Berner ideó para la sala. Cubrió las paredes con grandes imágenes de osos como animales emblemáticos de la región, del mismo modo que anteriormente había utilizado tigres y otras especies. Carmen Calvo donó al municipio una creación hecha expresamente para Miengo que consiste en un gran cajón que esconde un paisaje en su interior.

      El pequeño díptico que acompañó a las primeras exposiciones ha sido sustituido por cuidados catálogos que a veces aporta el mismo artista. La sala envía las publicaciones a varias instituciones con las que mantiene contacto y a algunas de las cuales les ha cedido piezas para exposiciones concretas.

       Recientemente se ha hecho público el proyecto de rehabilitar el antiguo palacio del Somo, del siglo XVIII. Allí se pretende ubicar la sala de exposiciones temporales y la colección, cuyos fondos se reparten por distintas dependencias del consistorio.

       La arquitecta municipal, Laura Huerta, ha elaborado el proyecto de rehabilitación de la casona, un edificio de dos alturas a la que se añadirá un anexo de nueva planta. La ejecución de este proyecto, que pudiera ser financiado conjuntamente por instituciones estatales y autonómicas, es sin embargo incierta.

       Con la puesta en marcha de este Centro de arte contemporáneo se pretende dar mayor proyección a las exposiciones temporales de la Sala Robayera y consolidaría esta experiencia que, modesta en sus orígenes, ha conseguido reunir una muestra significativa del arte actual.

      Horarios: Todos los días de 19.00 a 21.00 h.

      Domingos: de 12.00 a 14.00 h.

      Cerrado: Los lunes.

      Precio: Entrada gratuita.

      Dirección: Sala Robayera. Miengo.



Texto:Pablo Cabezón. Fotos: Roberto Ruiz


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