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Miércoles, 11 de enero de 2006
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Cantabria / SANTANDER
Tribuna Libre
Réquiem por una lonja o la memoria necesaria
DERRIBO. La vieja lonja de Santander. / SE QUINTANA
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Siglo XX cambalache,

problemático y febril,

el que no llora no mama

y el que no afana es un gil.



Enrique Santos Discépolo



Desde la atalaya de mis ya próximos setenta y cinco años; desde la atalaya de un compromiso cristiano dedicado preferentemente, aunque estoy seguro de que no carente de torpezas, a los vecinos de mi, por entrañable, tan querido Barrio Pesquero; y desde otra atalaya también: la de, sin el más mínimo asomo de soberbia por mi parte, ser estimado como persona ajena a cualquier tipo de interés económico, social y político bastardo. Desde tales atalayas contemplo la decisión última a que han llegado conjuntamente, según informa EL DIARIO MONTAÑÉS en su edición del día 6 de los corrientes, el Gobierno de Cantabria y la Autoridad Portuaria de Santander: el derribo de la vieja lonja.

Amargos y decepcionantes Reyes Magos hemos tenido este año quienes desde hacía tiempo veníamos defendiendo la permanencia de la vieja lonja del Barrio Pesquero. Con voz campanuda, como la impostada por los escolásticos en las viejas aulas de la Universidad de Salamanca, objeto de las más aceradas críticas de los ilustrados españoles del siglo XVIII, la señora vicepresidenta de dicho Gobierno, Dolores Gorostiaga, y el señor presidente de dicha Autoridad Portuaria, Javier del Olmo, han dictado sentencia. De aquí que, habiendo transitado desde la perplejidad hasta el abatimiento, previo paso por el sentimiento de habérseme utilizado y hecho burla, pase a hacer las siguientes consideraciones a modo de ejercicio de memoria dedicado a quienes parecen haberla perdido en un muy breve espacio de tiempo.

Afirman los mencionados señora vicepresidenta y señor presidente haberse reunido con representantes de los vecinos de Castilla-Hermida con el fin de abordar conjuntamente algunos de los problemas que los afectan, siendo uno de ellos el derribo de la vieja lonja. La decisión final de hacerlo ha sido acogida «con extraordinaria satisfacción», pues hay «una importantísima mayoría que así lo quería».

En primer lugar, qué es, en términos de cantidad, «una importantísima mayoría»; ¿100, 200, 500, 1.000, vecinos? A esto diré tan sólo lo que sé de primera mano: que el señor presidente de la Autoridad Portuaria tiene sobre la mesa, pues yo contribuí a que así fuera, más de 1.600 firmas de vecinos de Santander de la más diversa condición social, económica, profesional y cultural -entre ellos muchos del Barrio Pesquero y de la propia Castilla-Hermida- solicitando encarecidamente la permanencia de la vieja lonja; que ese mismo señor me facilitó la información de que en la concentración de vecinos de Castilla-Hermida que se produjo en julio del pasado año, los concentrados no llegaron más que a 200/250, cifra que no me parece pueda considerarse importantísima. Esta información me la proporcionó dicho señor presidente, transido de satisfacción, cuando, en un tiempo ya ido, defendía a ultranza la permanencia de la vieja lonja. Primera desmemoria.

En segundo lugar, para nada ha sido tenida en cuenta en ningún momento la voz de quienes viven en el Barrio Pesquero, que, a través de su Asociación de Vecinos, en una entrevista mantenida con el señor presidente de la Autoridad Portuaria, le solicitaron, recibiendo una buena acogida la solicitud, no se derribase la vieja lonja. Segunda desmemoria.

En tercer lugar, EL DIARIO MONTAÑÉS, durante el pasado año 2005, ha ido dando cumplida cuenta de numerosas y muy plurales voces que abogaban por conservar la vieja lonja, dando a ésta, como a otras de otras ciudades portuarias españolas y extranjeras, un uso social; voces, sin ser las únicas, como las de Carmen San Millán Díez, Francisco Pérez Gutiérrez, Pablo Coto Millán, Ramón Maruri Villanueva, Orestes Cendrero Uceda, Javier Mora Cospedal, B. Briesewitz, José Cobo, Tomás López Díaz, Bruna Calderón, Eric Delignies, Francisco Pérez, María Jesús Andrés, Demetrio Estébanez Calderón, Javier Rodríguez, María Jesús Ruiz Bedia, Alberto Martínez Genique, Rosendo Loriente Escallada o Manuel Craviotto Mirón. Agrego a esto el espléndido proyecto de Peridis para rehabilitar arquitectónicamente la vieja lonja, la favorable opinión del Colegio de Arquitectos de Cantabria a que se conservara y la excelente valoración que de tal edificio hizo en su día el reconocido y premiado arquitecto y académico de la de Bellas Artes José Luis Fernández del Amo. Tercera desmemoria.

En cuarto lugar, dicho señor presidente de la Autoridad Portuaria me comentó que arrasar la vieja lonja sería un acto de barbarie, y que él, por tanto, para nada quería ser el que pasara a la historia como el «bárbaro» que lo hizo. Cuarta desmemoria.

En quinto lugar, el mismo señor presidente me pidió, y yo lo acepté, pues sería muy positivo a efectos de reforzar el proyecto de conservar la vieja lonja, que yo, como párroco del Barrio Pesquero, escribiera una Tribuna Libre en la prensa local; Tribuna que apareció en EL DIARIO MONTAÑÉS del día 28 de agosto de 2005. Quinta desmemoria, -por cierto que, muy poco tiempo después, persona tan representativa y autorizada dentro del Partido Socialista de Cantabria como Rosa Inés García me enviaba a casa un bien frondoso ramo de flores, al que acompañaba una nota, que aún guardo, dándome todo tipo de parabienes por el contenido de mi artículo; y otro por cierto: nadie dentro de dicho partido, ni siquiera ella, se pronunció alguna vez pública cuando y explícitamente respecto a la vieja lonja; y cuando alguien lo ha hecho, en este caso la señora vicepresidenta del Gobierno de Cantabria, ha sido para sentenciar, como si de la misma sibila de Cumas se tratara, «derríbese»-.

En sexto lugar, supe en su momento de la llamada telefónica que el señor presidente de la Autoridad Portuaria recibió de la señora vicepresidenta del Gobierno de Cantabria, comunicándole el tiempo que hacía que no desayunaba tan a gusto tras leer el artículo colectivo «Castilla-Hermida: Con lonja y con paseo», publicado en la Tribuna Libre de EL DIARIO MONTAÑÉS del día 20 de julio del pasado 2005 y en el que el señor José Vicente Mediavilla Cabo, diputado del PRC entre otros cargos políticos, recibía un buen varapalo. Sexta desmemoria.

Y, en séptimo lugar, por boca del señor presidente de la Autoridad Portuaria supe también que esta institución tenía programada una exposición, en el Palacete del Embarcadero, dedicada a la remodelación del entorno Barrio Pesquero-Castilla-Hermida en la que se contemplaba la conservación, totalmente remozada, de la vieja lonja. Exposición nunca hecha realidad y ejemplo de una nueva, la séptima, desmemoria.

Aprovecho esta oportunidad que se me brinda de expresarme una vez más a través de la Tribuna Libre de EL DIARIO MONTAÑÉS para manifestar públicamente lo que he dicho recientemente en persona al presidente Autoridad Portuaria: mucho le he agradecido, en nombre del Barrio Pesquero, el concierto patrocinado esta Navidad en nuestra iglesia por la institución que representa; ahora bien, mientras yo continúe siendo párroco del Barrio Pesquero, y en señal de repulsa por haber sido radicalmente ignorada la voluntad de quienes en él habitan, las puertas de dicha iglesia, en virtud de la autoridad que me conceden el Derecho canónico y mi obispo, estarán cerradas para esa institución; cerradas, por supuesto, a cualquier tipo de actividad ajena a lo estrictamente religioso.

Y ya, para ir concluyendo, me pregunto por qué el anuncio del derribo de la vieja lonja han tenido que hacerlo al alimón la señora vicepresidenta del Gobierno de Cantabria y el señor presidente de la Autoridad Portuaria; es más, la prensa otorga a dicha señora el mayor protagonismo -por algo será-- en el acto de hacer pública la decisión. Yo creía, aunque tal vez esto sea fruto de mi ignorancia, que la institución que realmente tenía la plena potestad sobre el puerto santanderino, y de él forma parte la vieja lonja, no se olvide, era la Autoridad Portuaria.

El Gobierno de Cantabria, la Autoridad Portuaria y el Partido Regionalista de Cantabria fomentan con la decisión la nefasta cultura del derribo indiscriminado y baten palmas por la decisión de acabar con la vieja lonja. Digo, pues, Delenda est memoria. Una parte de la del Barrio Pesquero, destruida. El señor presidente de la Autoridad Portuaria, por lo que a él toca y entre otros, practicando el no me acuerdo. Qué lamentable en un tiempo de tanta necesidad de memoria. Y esto por no entrar en las desmemorias y los silencios instituciones tan, sedicentemente, comprometidas con el patrimonio histórico, artístico y cultural de Cantabria como, por ejemplo, Cantabria Nuestra o el Centro de Estudios Montañeses.

Aquí doy por finalizadas las consideraciones que dije deseaba hacer, de tal modo que, desde este momento, renuncio a responder por vía de la prensa cualquier escrito que las replique. «El Gobierno de Cantabria, la Autoridad Portuaria y el Partido Regionalista fomentan la nefasta cultura del derribo indiscriminado y baten palmas por la decisión de acabar con la vieja lonja»



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