El actor, autor y director catalán Josep María Flotats, que dirige y protagoniza la obra 'La cena', ambientada en la Francia posterior a Napoleón, lamentó ayer que, desde entonces, «a nivel de calidad humana, pocas cosas han cambiado en relación a los hombres que tienen el poder». El texto de Jean Claude Brisville «muestra que el percal sigue siendo el mismo y que, desgraciadamente, han cambiado poco las cosas», afirmó en rueda de prensa Flotats, que presenta el montaje en el Teatro Cervantes, dentro del vigésimo tercer Festival de Teatro de Málaga.
Por tanto, el tema central de 'La cena', que ganó el Premio Max a la mejor obra en 2005, es «la perversión del poder» en manos de los dos personajes centrales, Talleyrand (Flotats) y Fouché (Carmelo Gómez), «dos enemigos obligados a pactar para sobrevivir y seguir teniendo el poder».
Este celebrado montaje recalará en Santander el próximo mes de febrero. Los días 17 y 18 será representado en la sala Pereda, dentro de la programación teatral del Palacio de Festivales. Según Flotats, al oír determinadas frases «el público tiene la sensación de haberlo leído en la prensa el día anterior», aunque no se deben «confundir estos personajes históricos con los actuales, porque las épocas y las maneras han cambiado, pero no las motivaciones personales y los resultados». Calificó la obra como «un texto agudo, brillante, inteligente e irónico», que «provoca la risa, no porque sea una comedia», sino que se trata de una «sonrisa de indignación», al plantearse el público «"cómo es posible que la gente que manda pueda pensar y decir cosas semejantes». Por su parte, para Carmelo Gómez 'La cena' ha supuesto volver al teatro después de «mucho tiempo», un reto que asumió con «miedo», aunque de la mano de Flotats le resultó «relativamente sencillo» y le ha permitido «cambiar mucho como actor y como persona». A juicio del actor, la obra de Brisville «cumplía con lo que en una época determinada estaba pasando aquí con la realidad política», cuando «se utilizaban en los medios de comunicación y en los mensajes políticos palabras que deberían ser sagradas, como libertad, democracia, justicia, orden social u orden mundial». Además, «todo está tratado con gran ironía y desprecio al pueblo, lo que siempre hay detrás de cualquier lenguaje político», según Gómez, que añadió que «al pensar que toda la Historia de la Humanidad está escrita por estos señores se abren las carnes», y el espectador «se ríe como válvula de escape». Sobre su regreso a las tablas, justificó el miedo cada vez que sale al escenario, porque «cuando niegas una realidad, va contra ti y te hace perdedor».
«El actor que no tiene miedo es sospechoso para cualquiera», añadió Carmelo Gómez, que considera que el miedo «es sano, e incluso uno de los trampolines para la creatividad», y los nervios son «algo muy normal», por lo que «una vez que lo sabes, lo puedes asumir y luchar contra ellos más fácilmente».